Lamento del alma abandonada

Jorge Botella


I

Elegí acomodo entre tu cuerpo,
transparente, sutil, inadvertida
como sombra de sol sublimatorio
que enaltece el azar de tu destino.

Te escogí de entre caros pretendientes
--que ofrecieron su apuesta fortaleza,
en el trino el encanto, la beldad
del pelaje o el calor de su resguardo--
por la hermosa herramienta de tus manos,
por erecto exponer sin timidez
de tu ser la real constitución,
por la vida que vi en tu mirada.

Dominando el difícil equilibrio
de posar el pesado esqueleto
sobre dos de tus cuatro extremidades
competencia entregaste en ser veloz
--para huir y salvarte del peligro,
para dar a la presa por ganada,
para presto en manada concentrarte--
por tener por corona el receptor
del sentido y dejar los puños libres
de presión estirar desde sus palmas
juguetones apéndices capaces
de forjar instrumentos de los útiles
al alcance elegidos de los muchos
beneficios creados en el cosmo
para quien antojara disfrutarlos
ajustados al propio proceder.
 

II

Te observé dubitante valorar
los ocultos rincones de tu cuerpo,
las funciones innatas de tus órganos
y el nocturno misterio de los sueños.

Vacilabas con cada novedosa
percepción que el sentido aprehendía
de lo inmenso del orbe que te arropa
a la luz que ilumina las diversas
apariencias que asume la materia
al forjar las complejas estructuras
que soportan los seres sorpresivos
que te incitan arrojos o temor.

Del global exterior que compartía
tu abstracción relucían tus iguales
como espejos del yo que poseías,
como caras en quien considerarse,
como cuerpos excelsos que tocar
y sentir el candor de la caricia
mutuamente entregada como prenda
de hermandad de la masa compartida,
de amistad en la mutua compañía,
de trenzar un parejo itinerario
despertados del sol que para todos
acalora el frescor de madrugada
en que al árbol fructuoso se aproximan
para hallar amparadas del follaje
las futuras semillas que deparan
alimento al tropel de los mamíferos.
 

III

Me infiltré como aliento de tu ser
para unir mi avanzado discernir
al dominio mental de tu atrevido
recordar, abstraer y comprender.

Tu sensible atracción por figurar
los comunes detalles que arrojaba
cada objeto al obrar sus movimientos
y el color peculiar que relucía
reflejado en la piel de cada cosa
señalando el candor que transmitía
a gravar te inclinaron en tu cueva
los vestigios agudos del talento.

Atendí del ingenio gutural
de tu voz demandar necesidades,
alertar del peligro, ahuyentar
la amenaza, captar el interés
a tu escucha, del ánimo su estado
transmitir, saludar, compadecer,
distinguiendo sonidos específicos
para el fin de la gama articular
de los órganos dados a tu especie.
Con la mueca tu faz me trasladó
la alegría, la ira, el cansancio
o el libido que excita tu recóndito
interior; tan así como las lágrimas
comunican dolor y desconsuelo
de imposible encubrir sino en la noche
o el retiro a la endeble soledad.
 

IV

Tan perfecto te hallé en el recreo
de tu mente que quise implementarla
añadiendo al poder de comprender
creativos dominios de entender.

Componiendo el perfil y los colores
que dimana la imagen observada,
la fragancia que envuelve su presencia,
la impresión que transmite su contacto
y el sonido que alerta su intención
te ilustré con modelos ideales
del favor escondido en cada ser
o del daño capaz de conferir.

Te asistí infundiendo en tu razón
perturbables anhelos de crear
fantasiosos remedios a los límites
de alcanzar el oficio de las aves
al volar y los peces al nadar;
del mortal artificio del ofidio
el veneno imitar, domesticar
animales y usar su poderío
para tiro que alivie tu esforzada
existencia o peones de apoyo
al cazar; del feroz depredador
mitigar el temor a su irrupción
con del fuego el fulgor que le acobarde;
de la selva plagiar su resistencia
a dejarte pasar trenzando ramas
que cercaran recintos protectores.
 

V

Aporté a tu interés la relación
del efecto a la causa que motiva
todo cambio y supuesta potestad
de encauzar la inventiva racional.

La flexión inicial de conocer
la entidad distintiva de los cuerpos
por sus formas y modos manifiestos
nada ofrece de hondura al entender
del oculto sistema que genera
lo diverso y común que contiene
la materia indistinta que soporta
la estructura profunda de la vida.

Me fundí como espectro en tu intelecto
alumbrando la senda de intuición
que persigue en lo abstracto componer
el posible acomodo entre el ingenio
visionado en difusa expectativa
y el bagaje atrapado en la memoria
de apresadas imágenes espejo
testimonio del puzle relativo
ubicado en tu entorno natural,
para que de ilaciones arquetípicas
de imprecisos procesos emergieran
novedosos efectos de las causas
habituales que traben entre sí
las potencias recónditas del haz
de metáforas que anidan la inventiva
augurada al gestar la reflexión.
 

VI

Amplié el poder de tu abstracción
ponderando no sólo las substancias
como son a la vista, sino más
por el juego del fin que significan.

Descubrir en el ser la relación
de las partes al todo constituido
fundamenta el análisis capaz
de detrás de la piel o la corteza
advertir la razón de la avenencia
de los móviles que unen la materia
desde lo ínfimo a lo arduo de observar
y saber componer lo desperfecto.

En el cruce de ideas intrigantes
del por qué y del cómo se articulan
las mudanzas que empujan a crecer
a los cuerpos con vida, sestear
lo inactivo o el fluir de lo inconexo
se revela el empuje de la fuerza
y el ardid del dominio al observar
el tranquilo concurso de las cosas
deduciendo la rueda del rodar,
deduciendo el canal del discurrir
las aguas del arrollo por su cauce,
deduciendo la choza del abrigo
que la abeja se busca en la colmena,
deduciendo la siembra de implicarse
en la múltiple réplica de sí
que efectúa por ciclos la semilla.
 

VII

Te inspiré elevar al infinito
un sistema apropiado de lenguaje
con la exigua valija de fonemas
que del aire modula tu garganta.

La segunda flexión intelectual
que concilia en la mente la intangible
creativa intuición con el conjunto
de conceptos e ideas recibidos
por las puertas abiertas del sentir
ideó el recurso de ordenar
la cadena arbitraria de sonidos
nominando en función significante.

Concebido un lenguaje estructurado
como fuente continua de vocablos
distintivos de formas y maneras
aparentes de ser para la igual
concepción colectiva del sentir,
te enfrenté a nombrar la imprescindible
referencia del propio conocerte,
del pensar, de la idea, del espíritu
indiscreto que bulle sin descanso
agitando la estima del saber,
de la extraña razón del sentimiento
engendrado en la entraña de uno mismo,
de las causas que inducen al amor
y a soñar con lo ausente como si otra
existencia ficticia dominara
los rincones ocultos de lo íntimo.
 

VIII

Te aprestaste a fijar lo transitorio
del lenguaje que muere con el viento
replicando en imágenes grabadas
de los signos orales sus secuencias.

La escritura selló la identidad
del preciado discurso personal,
del concierto acordado en el mercado,
de lo dicho a través de los tiempos,
de la crítica en vano al poder,
del dictado del juez controvertido,
del fervor de la fábula encantada,
del recuerdo en la lápida luctuosa.

La escritura y la lengua constituyen
el oculto recurso del espíritu
--comodín en la manga creativo--
para henchir el orgullo de una especie
orientada a unir y colegiar
el precario saber individual
en legado común para indagar
los recursos factibles de progreso
conducentes a alzar la potestad
de los seres humanos más allá
del debido vigor de sus atributos
corporales, fundiendo la experiencia
agregada y el soplo de la audacia
personal que le idean la emboscada
con que el débil ansía al poderoso
derrotar y regir en su dominio.
 

IX

La primera memoria externa fue
para el hombre el código aplicado
de su lengua al plasmar de modo impreso
pensamientos, sentencias y proverbios.

Tanto amó la expresión de su intelecto
que gravó en tablillas, en papiros,
en papel, en soportes digitales
lo exquisito a volver a recordar
transcurridos los días y los años,
y archivó selecciones de ordenados
documentos en libros que durmieran
custodiado su saber en bibliotecas.

El valor que confiere el hombre a su obra
racional le forjó meticuloso
centinela en sellar la creación
del progreso por él manifestado
descifrando secretos naturales,
aclarando las pautas de los cambios,
exhibiendo primicias geográficas,
figurándose el juego de los números...
Inventiva agregada por goteo
incesante al estanque cultural
del que bebe y no agota sino añade
quien estudia del otro su entender
prosiguiendo la línea del sabio
que dejó publicado al universo
la minucia de ciencia que aportó
en la breve existencia consumida.
 

X

Como voz de conciencia vigilé
lo adecuado del acto para el fin
positivo que al hombre retribuye
concediéndole paz existencial.

Escucharse requiere la serena
reflexión que el silencio favorece
y el murmullo del gusto dificulta
cuando el hábito ordena el objetivo
y la senda a seguir sin contemplar
con sosiego el efecto que conlleva
generar aflicción de ida y vuelta,
pues rebota el dolor y la amargura.

La conciencia espolea al bien obrar
que quisiérase tanto para sí
como a manos completas esparcir
en delicias de buena complacencia;
pero sabe del necio proceder
que se sigue atraída la atención
por la falsa mordida de la envidia,
el orgullo, los celos, la codicia...
El sinfín de los gozos de estrujar
la materia sin límite y reír
los chirridos del orden quebrantado
por el propio brazo, como alucinógeno
embelesa el sentir y se desprende
de atender la misiva del espíritu
que reprueba el errante anochecer
que no emboca la faz de un nuevo día.
 

XI

Convivir con consciencia colegiada
te exigió el igual entendimiento
observado en el otro, como tú,
exaltando una misma libertad.

El afán inventivo de la sabia
complexión facilita fabularse
en común para hacer itinerarios
creativos que allanen los obstáculos
que relegan al grupo de acceder
al dominio total formalizando
relaciones que imponen competir
y auxiliarse en la misma proporción.

En el reto en nobleza disputé
con el cuerpo en ganar tu voluntad;
exhibía invariable los aspectos
y atributos tangibles a la vista,
al oído y al tacto que le hacían
expresar lo atrayente y ostentoso
para entrar con tu análogo en disputa
del primor material de cada cual;
yo en silencio, etérea, sutil,
impalpable, me siento dispensada
de la ajena sentencia y responsable
exclusiva del juicio que te vierto
con el fin de que reine en tu conciencia
el legado de la ética que instruye
la cadencia a los hábitos que rigen
el gobierno del recto consentir.
 

XII

Afiné el palpar del sentimiento
sobre el denso contacto de las duras
experiencias sufridas en la masa
personal a la queja paralela.

De las hebras recientes del dolor,
de las lágrimas idas de los ojos,
del ausente consuelo recibido...
al mirar a tu lado percibiste
semejante quejido al padecido,
desencanto que rompe el corazón,
lastimeros estados de tragedia...
los que ayer se esfumaban a tu vista.

Se ensanchó el raudal de tu terneza
hermanando penurias y miserias
de la cruel existencia provenidas
disolviendo el candor de las estancias,
de la enhiesta acechanza del tirano
compañero que tiende la celada,
de la propia avaricia que atesora
la falacia del averno hacia sí...
Te ablandaste del ímpetu tutor
de la marca inherente de lo propio
al dejar acceder el hombro ajeno
al proyecto común en el que el par
la defensa y el beneficio dobla
afianzando en el crédito cobrado
extender la confianza a tantos más
que en conjunto velaran la ventura.
 

XIII

El soporte social con que te obsequia
coligarte con otros individuos
la pasión de servicio recomienda,
la pasión de dominio fortalece.

La ambición y el amor personifican
los opuestos que flotan en el ánimo
persuadiendo a volcar las decisiones
en favor de la masa de unos cuerpos
enredados en fiarse mutuamente
entre sí, o del lado de unas almas
agitando ideales inquietantes
del deber de justicia y equidad.

Si tu espíritu cede dirigir
los anhelos de franca comprensión
al que está en la vera de tu paso,
aceptando tomar como sujeto
el pasivo pesar originado
por las propias acciones consumadas,
comprometes dejar a la razón
al arbitrio del íntimo interés
que pondera y calibra evaluando
bienestares, gozos y beneficios
a poder disfrutar en un presente
confortable construido tras las tapias
que te aíslan de ajenos aspavientos
denostando tu frágil ideal
proclamado anteayer y al alba de hoy
suspendido en soporte de alfileres.
 

XIV

La labor atenaza a la mujer
y al varón de por esta y otras vidas
que tuvieran conforme a los patrones
que regentan su ser en la materia.

El afán por vestir y alimentar
la encomienda del sino transmisor
con la carga en los hombros de una prole
añadida al propicio menester
justifica un asiduo afanarse
y emplear el vigor en el decurso
de los años por bien propiciar
a los suyos el tránsito en la vida.

Confundida la mente por el placer
de los bienes logrados y el sudor
en poder conseguirlos perpetró
relegar el obrar determinado
por el alma y seguir la incitación
del dominio a gozar del rendimiento
generado en la brega por aquel
con menores posibles y mayor
endeblez incapaz de defenderse
con el solo recurso de sus manos
contra quien sin escrúpulo trajina
el engaño, la trampa y el abuso
del poder heredado especulando
el jornal, el descanso y el esfuerzo
del obrero enredado en la maraña
reducido a servir o fenecer.
 

XV

Infectada la mente del consumo
material que emborracha la banal
concepción de la vida, distorsiónase
la visión de lo grave y lo trivial.

Los consejos que poso en la conciencia
estimulan el ánimo a confiar
en que el peso del bien por realizar
determine el empleo de tu vida,
la que tuerce su gesto a la exigencia
ocupada en girar un fantasioso
laberinto de roles insaciados
que seducen en pérfido sinfín.

Los apegos que crean los caprichos
por los ojos inundan de intención
posesiva los vasos de atracción
para un cuerpo ansioso de disfrutar
experiencias externas que evidencien
lo posible a soñar de extraordinario;
aunque poco perdura la pasión
por lo nuevo que el uso deteriora,
cuando menos, su faz ilusionante
al segundo contacto en que el sabor
novedoso mitiga su sorpresa
y desciende su impronta en la memoria
ocupando un lugar en que agotar
su importancia a razón de que los días
delirantes afloren sugerencias
que perfilen el orden del amor.
 

XVI

Con el alba que alegra la mañana
el espíritu afronta la esperanza
de ganar para el bien el quehacer
inspirando sentires de virtud.

Por la acción de la cosa que el efecto
proporciona reclama el justo juicio
discernir los propósitos del día
en serena consciencia de la mente,
cuando aún despertado el apetito
de avaricia no ha por el reflujo
subconsciente de un sueño paradigma
que alecciona inquietando a la ambición.

Pues incluso la veta más prosaica
de la piedra tallada como clave
incrustada se sabe por el orden
de un destino reglado y fraternal
que refleja la causa de su ser
en el útil servicio que trasciende
su eventual ornamento de valor
a los ojos que miran ignorando
más allá del importe pecuniario
que pudiera alcanzar en el mercado
lo que fue concebido en el cosmos
con el rito apropiado a la armonía
y equilibrio con que obran para el fin
colectivo los átomos intangibles
que soportan ocultos el real
devenir de lo vario y lo unitario.
 

XVII

Desalienta a la ínclita razón
que el intuitivo ahínco intelectual
liderando el progreso material
en tan poco le sea adjudicado.

Aparentan algunos argumentos
admitir engendrar a la robótica
natural o compuesta de artificio
lo que sólo procede del talento
invertido en la ciencia creativa
para dar al valor imaginario
por la mente gestado coyuntura
de alcanzar rendimiento en su servicio.

Aplicarse a lograr realizar
los proyectos e ideas pergeñados
por el hombre saliendo de su ambiguo
conformismo le exige esforzarse
en el duro trabajo y en la fe
censurada de ser perseverante
en fraguar el objeto perseguido
al que dar la oportuna disyuntiva
de crecer al compás reiterativo
de los hábitos útiles que el ánimo
acostumbra del cuerpo conseguir
por la acción procesal de la virtud,
o ahogar la esperanza del progreso
al azar del devenir ignorado
que pudiera de cara acontecer
o de cruz en olvido reposar.
 

XVIII

Recordarte me obliga la dignidad
que comparto en tu ser racional
el decoro capaz de rehacer
las arrugas del frívolo sentir.

Lo mejor disfrutado en tu existencia
no redunda del uso continuado
del consumo que anima los sentidos
implicados en fugas de expansión
del confín de los tedios envolventes
que reiteran monótonos placeres,
que el mayor bienestar retribuyendo
atrevidos afanes envejece.

Deleitarte procuro desde lo hondo
de tu ser con el mimo que tus actos
generosos cosechan de alegría
cuando escuchan el grito de dolor,
cuando atienden apuros de indigencia,
cuando enseñan saber a los demás,
cuando animan turbados sentimientos,
cuando impulsan efluvios de concordia,
cuando inspiran el son inusitado
de la paz relegada en el desván.
La fortuna del buen entendimiento
con las gentes no merma independencia,
ni extenúa su ingrávida constancia,
que el partir de lo propio a los demás
reconforta el placer de poseer
potenciales recursos de favor.
 

XIX

Te aconsejo el enlace permanente
que alimenta la entraña del saber
más allá del vacío subterfugio
que trajina el enredo de la mente.

La verdad contenida en el recado
que te sirve el impulso cerebral
del tamiz contrastado de la lógica
racional necesita por el juicio
reflexivo que ahonda a la profunda
estructura en que entran desvestidos
de interés los principios naturales
que regir la conciencia deberían.

No es por tanto superfluo reclamar
para el alma el auxilio filosófico
con que debe construir el ordenado
proceder cuestionando condiciones,
contenidos y pautas de verdad
del conjunto de asertos y propuestas
integrados en cultos rutinarios
del pensar que desbordan los confines
admisibles de la ética que al bien
general se precisa profesar.
Esfumar la enseñanza de valores
trascendentes al hábito sensible
que organizan el genio de la psique
configura el humano proceder
con ideas manidas de la masa
que empobrecen la libre creación.
 

FIN