Escuela

JORGE BOTELLA

Capítulo 1

-- Linh, comparto contigo que el sistema educativo no sea perfecto, pero en líneas generales a mí me parece que el programa, tanto en infantil, como en primaria y secundaria, se adapta a las necesidades de conocimiento para que los estudiantes puedan seguir sus estudios o aprender un oficio. Al menos en general, pues ya sabes que a nivel particular entre unos y otros habrá diferencias en función del interés con que cada cual haya aprovechado los estudios.

-- No me refería tanto al nivel de conocimiento como al bagaje para interpretar la vida, a lo concerniente a unos fundamentos que les sirvan para afrontar el futuro en las relaciones sociales. Criterios claros con los que decidir lo que les van a demandar esas relaciones. Teóricamente una vez que terminan secundaria están formados para valerse de por sí.

-- Pero aún seguimos estando ahí los padres aconsejándolos con nuestra experiencia para lo que necesiten. Hasta los veinte años, trabajen o sigan estudiando, nos corresponde por ley la tutela; no es que por terminar los ciclos de enseñanza obligatoria ello quiera significar que están maduros, porque, si te refieres a eso, estamos de acuerdo en que todavía les queda mucho por aprender.

-- Precisamente por ello, Alba, es por lo que echo de menos que no se les dote de más recursos humanísticos en esta fase de la educación general, porque luego, salvo que por vocación sigan una carrera de humanidades, poco van a recibir de esa formación. Por mi propia experiencia, para mis hijas desearía que adquirieran fundamentos firmes sobre la responsabilidad en la vida, sobre la honestidad en las relaciones humanas, que aprendan a conjugar el nosotras más que el yo... Criterios para desarrollar una filosofía de vida que facilite sostener actitudes sociales solidarias, las que parece que cada vez escasean más.

-- Siendo realista, la escuela enseña, pero la educación se la proporcionamos en casa. Ya te darás cuenta que conforme tus hijas sigan creciendo será más necesario que no las pierdas el ojo de encima. Al final los hijos salen a lo que han recibido, visto y oído en casa.

-- Pero como no en todas los hogares se tiene muy claro los límites entre lo que corresponde a la escuela y a la familia, es por lo que más vale redundar en los valores para que, unos por otros, no sean las niñas quienes adolezcan de la formación pertinente. Quizá tú y yo lo tenemos claro --afirma Linh-- porque compartimos la experiencia de lo que hacemos en la escuela y lo que nos corresponde por ser madres de familia, pero también hay hogares más desestructurados donde o no saben cómo educar, o lo confían plenamente a la instrucción pública, o a que la vida misma de relación y televisión vaya descubriendo a los hijos lo que les queda por aprender.

-- Es que nos guste o no --responde Alba-- ya lo estás viendo: desde la etapa de infantil los niños captan como esponjas todo tipo de percepciones y comienzan a establecer sus propios convencimientos, muchas veces quedándoselos dentro, como si los reservaran en el subconsciente, porque no se atreven a contrastarlos ni con los padres, ni con los profesores, como un secreto que sólo pudiera compartirse en intimidad de amigos.

-- Ya lo empiezo a experimentar con mis niñas. No han empezado primaria y su padre y yo nos miramos a veces asombrados preguntándonos: ¿dónde habrán aprendido eso?, porque ni en casa ni en la escuela se ha hablado de ello.

-- Hasta por los dibujos animados les llegan mensajes de comportamientos y relaciones que, por muchos ojos y oídos que tengas, les confieren ideas que a los mayores se nos pasan desapercibidas.

-- Por eso --aprovecha a colocar Linh-- es por lo que abogo que en la enseñanza debería reforzarse impartir filosofía, infundir valores esenciales en la estructura profunda del pensamiento infantil y juvenil. Entendiendo como filosofía no teorías abstractas, sino contenidos de verdad universales, lo que ha valido y valdrá siempre como soporte para la personalidad por encima de ideologías, nacionalismos, partidismos o modas.

-- Yo creo que de alguna manera los profesores colaboramos a ello con el buen ejemplo, el consejo y, cuando es necesario, el castigo. Lo mismo en la familia. Esa filosofía práctica, a la que haces mención, se contempla en la voluntad de educar a los pequeños en los valores que hemos recibido de nuestros mayores.

-- ¿Y tú crees que eso es así? Porque a mí me ha sorprendido que aquí, en Ocean, un país más rico que el mío, existe una merma de respeto hacia los padres y profesores en relación a la conducta que practicábamos en Vietnam cuando yo estudiaba allí, y de eso apenas han pasado nueve o diez años, por lo que no es un problema generacional, sino de idiosincracia.

-- También de adolescentes --añade Alba-- éramos nosotras más obedientes que nuestras actuales alumnas; pero en mi caso sí que ha transcurrido una generación.

-- Quizá sería muy positivo que en vez de cursar la asignatura de Formación Cívica en secundaria, con el aprendizaje de las leyes del Estado, hubiera un proceso más paulatino desde primaria en que se inculque los porqués del respeto, de la solidaridad y de la tolerancia mutua. Tengo grabada en la memoria la lección que me enseñaron cuando de adolescente nos inculcaban la tradición de nuestra espiritualidad: Que más importante que transmitir qué es lo que hay que hacer, lo que se debe inculcar es cómo se ha de ser. Ahora, en la universidad, he entendido a fondo esa sentencia, porque "si el obrar sigue al ser", lo importante es enseñar a ser gente íntegra.

-- No creas que aquí no lo intentamos así. A mí siempre me ha preocupado mucho infundir hábitos buenos a mis hijos, porque he sido plenamente consciente de la imposibilidad de vigilar sus actos. Mi marido y yo les hemos transmitido nuestra forma de ser, a partir de ahí, sobre todo desde que comienzan la adolescencia, no hay más remedio que confiar en su responsabilidad. Es posible que nuestra cultura prime excesivamente la libertad, de ello que aparezca un cierto deterioro de la disciplina. Cada vez observo, como docente, que la estima tienes que ganártela día a día con el trato que les ofreces a tus alumnos. Eso sí, tengo que reconocerte que antiguamente había más respeto.

-- Yo entiendo --aduce Linh-- que favorece esa libertad aprender los principios que justifican las formas de comportamiento, no sólo inculcar que esto hay que hacerlo así sino el porqué de hacerlo así. Es cierto que si se inculca un hábito se favorece la acción espontánea correcta, pero es más respetuoso con la libertad mostrar lo que hace positivo a ese hábito por naturaleza.

Alba es la coordinadora de estudios de la sección infantil de la Escuela Nacional Soyaron. Linh enseña francés en esa escuela a alumnos de cinco y seis años que sus padres desean que se inicien en el estudio de esa lengua. En Ocean se habla la lengua propia del país de Soyaron, el mayor de los dos reinos que compartían la superficie de la isla antes de la reunificación del país tras la etapa de la colonización del Reino Unido, la que también dejó como impronta que el inglés sea considerado por el Estado como lengua cooficial.  No obstante que todos los niños aprenden desde la infancia ambas lenguas oficiales, existen padres que optan a que sus hijos aprendan además francés, y es por lo que Linh, que aprendió esa lengua en su país de origen, tras años en Ocean ahora está trabajando con un contrato temporal para atender la demanda de ese aprendizaje.

Alba y Linh algunos días se citan para almorzar juntas en el comedor del centro docente, tras los turnos de comida de los alumnos, y así charlar de temas que las ocupan e interesan. Alba lleva bastantes años como coordinadora y Linh, tras completar los estudios de profesorado que había iniciado en su país de origen, sólo lleva un par de años dando clases en esta escuela, por lo que aprecia poder intercambiar experiencias con Alba, pues, igual que tratan de muchos otros asuntos mientras comen, hay días, como hoy, que intercambian criterios respecto a la enseñanza, casi siempre contrastando el afán renovador de Linh con la consistente práctica de los muchos años de experiencia de Alba.
 

Capítulo 2

Tao Thi Linh arribó como refugiada a la isla-estado de Ocean en 1968. Linh había nacido en noviembre de 1950 en la ciudad imperial de Hué, situada hacia el centro del estirado territorio de la nación vietnamita. Su casa estaba situada a las afueras de la ciudad, hacia el norte, en medio de unos terrenos donde sus padres cultivaban maní y algunas hortalizas; también tenían un pequeño establo con cuatro vacas, a las que su hermano mayor desde muy joven sacaba a pastar antes de ir a la escuela y las ordeñaba al caer la tarde. Él siempre le decía a su hermana que las vacas eran suyas, a lo que ella respondía que "tanto como de ella", pues les habían enseñado sus padres: "lo que es de la familia es de todos". "Entonces ¿por qué tu no te ocupas de ellas?", la respondía el hermano. Tao Van Dung era cuatro años mayor que Linh, habiendo asumido desde bien pequeño la responsabilidad de velar por ella, defendiéndola y ayudándola en todas sus necesidades, lo que no se oponía en que la hiciera rabiar, diciéndola cosas así como que a ella la habían encontrado sus padres en una cestita a la puerta de la casa.

Los padres de Dung y Linh eran buenos trabajadores, de cuyo ejemplo quedó huella en la personalidad de sus hijos. Querían que sus hijos estudiaran, algo que a ellos en su juventud se les había vedado, ya que se consideraba un lujo reservado para pocas familias. No obstante ambos habían aprendido a leer y escribir en vietnamita, a los cálculos básicos para desenvolverse en la vida e incluso, con el paso de los años, el padre había alcanzado a defenderse para conversar en francés, que desde la colonización funcionaba en diversos ámbitos como lengua usual. Dung, que desde pequeño se había mostrado muy mañoso, había escogido estudiar mecánica de automóviles, con dos años de aprendizaje profesional tras graduarse en estudios básicos a los 14 años de edad. Linh, conforme cursaba los sucesivos cursos de estudios básicos, fue caracterizándose por la pasión por saber, algo que no era muy común entre las niñas de su entorno; era de las más avanzadas de su escuela y las profesoras insistían a los padres que la chica valía para hacer carrera; no obstante, por los recursos económicos de la familia, cursados dos años de bachillerato Linh tuvo que conformarse con acceder al centro de formación de profesorado de enseñanza básica, que concedía el titulo habilitante con tres años de estudios teóricos y uno más de prácticas junto a una profesora titulada, en una escuela nacional.

En el año 1966 comenzó Linh sus estudios de profesora, coincidiendo con los años de intensificación del conflicto armado por la reunificación del país. Aunque desde la independencia, tras la derrota del ejército francés en 1954, el país había quedado dividido en dos Estados: el denominado Vietnam del Norte, de tendencia comunista, y Vietnam del Sur, de cultura capitalista, gran parte de la población seguía considerando que constituían una unidad nacional cuya población debía entenderse al margen de los intereses foráneos de las potencias vencedoras en la conocida como II Guerra Mundial. No obstante esa intención en la mente de una gran parte de la población, lo cierto es que los radicales por el poder, ayudados en el norte por la U.R.S.S y China, y en el sur por los E.E.U.U, según los intereses estratégicos de esas potencias, estaban a favor de una confrontación armada cuyas consecuencias afectaron a Linh de forma trágica en el año 1967.

El primer golpe moral que afectó a la familia Tao fue la desaparición misteriosa del hermano mayor, Dung, cuando una día marchó al taller donde trabajaba desde hacía cerca de tres años, y a la tarde, cuando seguía teniendo la rutina de ordeñar a las vacas, por el mugido de estas los padres supieron que se había retrasado. Ordeñadas por la madre, esperaron hasta las nueve de la noche para cenar, tras lo cual Linh se retiró a su habitación donde le costó conciliar el sueño, mientras que los padres, sin levantarse de la mesa de la cocina  aguardaron hasta las dos de la madrugada, pasando de la extrañeza a la angustia, porque Dung, que se mostraba siempre muy responsable, nunca había trasnochado hasta esa hora. Transcurrieron para los padres las horas hasta el alba en ese duermevela en que la ansiedad perturba el descanso, hasta que escucharon a Linh que se levantó para estudiar, como hacía a diario antes de dirigirse a clase. Reunidos los tres aducían sobre las causas posibles del retraso de Dung, aunque cada uno de ellos, sin mentarlo, en su interior se temía que se hubiera adherido al Viet Kong.

A los dos meses de la ausencia de Dung, se recrudecieron los ataque a la ciudad de Hué. Unas veces eran las guerrillas del Viet Kong y otras las del ejército regular del sur, aunque las más temidas de los habitantes eran las incursiones con armamento pesado del ejército norteamericano. La población civil era rehén de los intereses logísticos de los contendientes en una guerra de desgaste en la que el dominio de Hué, antigua capital, aportaba un significado simbólico añadido a la estratégica posición militar. Parte de su población había huido hacia lugares considerados menos peligrosos, unos hacia el sur, y otros hacia el interior, pero la realidad era que cualquier punto donde el ejército americano estimara que pudieran actuar guerrillas enemigas se había convertido en objetivo de su potente aviación. En uno de esos ataques a la ciudad, con las primeras luces del día de un viernes, tres helicópteros de caballería buscaban objetivos móviles en el entorno de la ciudad, en la que se había decretado un riguroso toque de queda durante la noche, de modo que advirtiendo la presencia de una persona con ganado decidieron castigar al señor Tao cuando llevaba a las vacas a abrevar en un venero cercano al establo. Las vacas se espantaron y él intentó alcanzar refugio tras los restos de una edificación derruida, pero la munición de la ametralladora de a bordo cumplió a la perfección las órdenes de su operador acribillándole sin piedad. Linh y su madre escucharon desde la casa es estruendo de los aparatos, la descarga y el silenció que siguió cuando se alejaron los atacantes; al rato, ante el retraso del padre, se acercaron al establo, a cuyo entorno habían regresado los animales, paro al no ver al padre se confirmaron sus presagios y en una margen del camino del venero hallaron el cadáver.

Al caer la tarde de un día de finales de otoño de ese mismo año, Linh, que habitualmente volvía de clase con un vecino de nombre Dat, ese día tuvo que hacerlo sola porque su compañero no había acudido al centro de estudios. En ese periodo de días solares cortos, parte del recorrido tenía que hacerlo a oscuras, de modo que en su bolso siempre llevaba una linterna de petaca para iluminarse en un trecho del camino desde la zona propiamente urbana hasta el conjunto de casas rurales donde vivía con sus padres. Linh consideraba en su interior si esa falta de su compañero a clase, sin que la hubiera advertido el día anterior, no sería una más de las desapariciones de jóvenes que, como la de su hermano, se repetían de continuo entre la población. Ella sabía  que Lê Dat estaba enojado con la deriva destructiva que las potencias extrajeras estaban imponiendo en el país: muertes incomprensibles de personas civiles, como la del padre de Linh; el uso cruel de las bombas incendiarias, que devastaban el limitado patrimonio de los agricultores; el reclutamiento para el ejército por el gobierno de Saigón de reemplazos cada vez más jóvenes; el incremento de tasas para sufragar los gastos de la guerra; esas y otras consideraciones semejantes movían a muchos estudiantes a enrolarse en el Viet Kong antes que tener que formar parte del ejército regular del sur. Ensimismada en esas consideraciones notó que alguien se aproximaba tras ella por el camino, faltando casi un kilómetro para alcanzar su casa; dudó si echarse a correr, y en esos momentos de duda sintió como la tiraban de la correa de la bandolera en que llevaba los libros, pensó que no portaba nada de valor que pudieran robar, pero al instante en que sintió la presión de un brazo en el cuello y la amenaza de la punta de un machete bajo su pecho pudo darse cuenta que estaba absolutamente perdida en los brazos de un gigantón soldado americano, que no pretendía su bolsa sino gozar de su cuerpo. El hombre alzó la mano del cuello a la boca para impedirla gritar, al tiempo que, tras enfundar el machete, con esa mano la agarró por la entrepierna y medio a empujones y en volandas la condujo por la maleza hasta un rodal de hierba bajo un árbol frondoso. Cuando Linh detectó un cierto alivio en la presión sobre sus labios, gritó, como mal menor para evitar la lacra cultural de perder la virginidad al ser forzada vaginalmente:

-- ¡Une tétée! ¡Une tétée! --como si todos los occidentales entendieran francés.

-- ¡Fuck! ¡Fuck! ¡Fuck! --respondió el americano, al tiempo que la tiraba por tierra, desgarrando los pantalones y tirando hacia abajo de los pantis.

La desproporción de tamaño y fuerza hacían que él manejara el enjuto cuerpo de ella como si se tratara de una muñeca, de modo que sin compasión alguna se satisfizo prolongadamente a pesar de los continuos gemidos de dolor con que ella respondía a la costosa penetración en una vulva y vagina poco dilatadas. Cuando el soldado se dio por satisfecho, se levantó, se subió los pantalones, dejándola entre sollozos acurrucada en el suelo; y sacando del bolsillo unos billetes, echó sobre ella uno de 10 $, como si ello compensara el abuso cometido.

Cuando él se hubo ido, Linh se incorporó, buscó en la bandolera un pañuelo, se limpió cuanto pudo, quedando en las manchas de sangre testimonio de la agresión padecida. Recogió los libros y otros enseres que se habían esparcido por el derredor, se sujetó como pudo el pantalón y siguió camino hasta casa.
 

Capítulo 3

No se puede saber si fue Linh o su madre quien más padeció por el acto de la violación, cuando esta última, inquieta por el retraso, al verla entrar en la casa leyó en su cara y en el deplorable estado de  sus pantalones lo que podía había ocurrido. Poco tuvo que aclarar Linh sobre la condición del agresor para que la madre se reafirmara en su temida intuición.

-- ¿Y Lê Dat?

-- No ha ido al centro de estudios.

-- ¿Sabías que no iba a ir?

-- Ayer no me dijo nada.

-- Si llego a saberlo te bajo a buscar.

Hablaban mientras la madre la ayudaba a secarse después de haberse bañado.

-- Mañana averiguaré sobre el chico --añadió la madre a su hija.

-- Quizá sea mejor que no pregunte. ¡Acuérdate de Dung!

-- ¡Tú crees que es eso!

-- Podría. Me parece mejor, por nuestra parte, tener la máxima discreción. Si la preguntan, diga que no sabe nada.

-- Lo mismo te digo. De lo tuyo nada a nadie. ¿Quieres que esta noche duerma contigo?

-- No es necesario --respondió Linh.

Sobre los desgarros que apreció la madre aplicó un ungüento, luego la peinó, aunque pronto se iría a dormir. Linh no quiso cenar, decía que tenía mal cuerpo, le bastó un poco del queso que fabricaba su madre y un poco de pan. Luego se retiró a su cubículo con la intención de estudiar, pero no pudo sostener la atención a los libros. Apenas pudo conciliar el sueño y, cuando rendida lo hizo, despertó asustada a causa de una fuerte pesadilla.

Desde aquel día de otoño, el carácter de Linh cambió. La madre decidió ir a buscarla cada tarde a la conclusión de las clases, lo que, en las conversaciones que a diario mantenían mientras hacían el camino de regreso a casa, la prestó ocasión de comprender que el entorno de violencia que rodeaba la ciudad  no era el lugar ideal para el futuro de su hija. A veces intentaba sonsacar a Linh sobre sus proyectos de futuro, obteniendo de ello que le importaba cumplir su deber: cuidar de su madre, terminar los estudios y enseñar.

Durante los meses que restaron para terminar el curso Linh se aplicó a estudiar denodadamente, aunque la intensificación de los bombardeos sobre la ciudad de Hué perturbaban al máximo las condiciones de enseñanza en el centro de estudios, donde la asistencia de alumnos había disminuido tanto que los profesores prefirieron impartir las clases en el sótano como el lugar más seguro para hacerlo.

En ese tiempo la madre, tras las desgracias acaecidas a la familia, reflexionaba de continuo cómo asegurar la vida y el bienestar futuro de su hija. Asumía que recaía sobre ella esa responsabilidad y, a falta del apoyo del marido e hijo, cada vez ganaba puntos en su razón conseguir que Linh saliera del país; algo para lo cual se le hacía evidente que debía superar muchos escollos: el principal, doblegar la resolución de su hija de ligar su futuro a ella, ya que para los recursos económicos que posibilitasen la ruta de emigración tenía idea de cómo lograrlos: había tanteado con un vecino del arrabal venderle el establo y las vacas, aunque ello supusiera tener que recomprarle la leche para seguir haciendo el queso que aseguraba parte de su subsistencia junto a la venta del maní de los árboles que rodeaban la casa. Ese hombre traficaba surtiendo menudeo de droga a los soldados, por lo que podría pagarla con dólares, la moneda ideal para convenir la salida ilegal del país, hecho que facilitó que, tras varias conversaciones porfiando sobre la valoración de la venta en razón de las condiciones de guerra que relativizaban todo futuro, alcanzaran un acuerdo que, aunque para la madre de Linh resultó desfavorable, le permitiría disponer de inmediato del dinero necesario para su propósito.

Con insistencia, semana a semana, fue forjando sus planes.

-- Te repito --le decía a su hija--, a mí muerta no me haces ningún servicio y la posibilidad de protegerte yo sola cada día se hace más difícil. Lo mejor es que, mientras dure la guerra, emigres a un lugar seguro del extranjero, porque no sabemos cómo terminarán los cosas aquí. Cuando volvamos a vivir en paz, nos reuniremos.

-- Usted no me puedes proteger, pero yo a usted sí. Además, mi padre no me perdonarían que no lo hiciera.

-- Lo que tu padre te reprendería es que no me obedecieras.

-- Pues... migremos juntas.

-- Yo tengo mi hogar en esta ciudad y el recuerdo y los restos de mis antepasados. ¡Déjame honrarlos! Tú en cambio, eres joven, has estudiado, sabes hablar francés para entenderte más allá de las fronteras. Tu padre estará orgulloso de que lleves el buen nombre de nuestra familia por ahí, algo que estoy segura que harás.

-- Le insisto: ¡O viene conmigo, o no me voy! --afirmó Linh con determinación.

-- Lo tengo ya todo hilvanado: estoy  en tratos para vender el establo y las vacas, y con ese dinero podrás salir del país. Sé que no te dará para mucho, y que tendrás que trabajar allá donde vayas, pero ello no nos deshonra, todo lo contrario.

-- Si vende las vacas ¿con qué va a fabricar el queso?

-- Comprándole la leche a quien se las vendo, o a alguno de los ganaderos del entorno. Eso no es un problema.

-- Pero entonces ganará mucho menos.

-- Tengo echadas las cuentas y con lo que saque más la renta del maní me da para sobrevivir. No necesito más.

-- No sé por qué estoy discutiendo esto con usted, si no me voy a ir.

-- Es cuanto te pido que hagas por mí. Ya no puedo soportar estar todo el día pendiente de lo que te pueda ocurrir. Me haces más favor si te vas que si te quedas, aunque te pueda parecer lo contrario. Puedes pensar que tu ausencia sería para mí una fuente de inquietud, pero es al revés, porque si te vas confío en que todo tu porvenir dependerá de ti; si te quedas, de lo que decidan día a día los contendientes de esta guerra que odio.

Mientras Linh preparaba los exámenes de fin de curso, la reiteración de su madre sobre el deber filial de obedecerla empezó a hacerla dudar sobre qué actitud era la correcta para su conciencia; al fin y al cabo podría aceptar esa separación considerando que la guerra no iba a ser eterna y que si se divulgara que su hermano se había pasado al Viet Kong la convertía en sospechosa, y por menos algunas jóvenes habían sido encarceladas y torturadas.
 

Capítulo 4

Convencida Linh, de inmediato comenzó a ejecutar el plan de su madre, cuyo primer paso era desplazarse hacia el sur, a la ciudad de Hoi An, donde la madre de Linh había recurrido a un hermano de su difunto esposo llamado Tao Van Chí, que con su familia se dedicaban al oficio de la pesca; este se comprometió a alojar y obtener de sus contactos en el puerto forma para embarcar a su sobrina en un barco de confianza hasta puerto seguro en el extranjero.

La huida como refugiados hacia otras naciones se había incrementado durante los últimos meses de recrudecimiento de los combates. La marina del ejército del sur, con la ayuda de algunos guardacostas norteamericanos, habían establecido una barrera de contención en las navegación proveniente de los puertos del norte para evitar el paso de posibles guerrilleros hacia el sur, de modo que sólo excepcionalmente se aceptaban refugiados que solicitasen asilo en el sur tras un exhaustivo control ideológico por las autoridades de Saigón. En los barcos que se dirigían hacia  Camboya, Malasia, Singapur, Indonesia o Australia, las autoridades ejercían también controles dirigidos especialmente a verificar que no se evadían varones jóvenes en edad militar.

Linh, a quien su madre había enseñado los rudimentos de la cocina, sugirió a su tío que podía enrolarse como pinche de cocina en un barco mercante, pues su madre le había acreditado papeles oficiales autorizando a la joven a emplearse en ese trabajo; Chí le dijo que así se lo había sugerido él a su cuñada por carta, por lo que contaba con que hubiera traído esos documentos que podían facilitar mucho las cosas. Tío y sobrina intercambiaron opiniones sobre el destino ideal, en el que ambos coincidieron que estuviera suficientemente alejado de la zona de influencia de China y Camboya, y que no fuera Filipinas, porque esa ruta estaba saturada de refugiados vietnamitas. Resolvieron que tanto Australia como Indonesia eran países que prestaban refugio a los vietnamitas, pero el destino hizo que la mejor opción que se presentó fuera un barco de pesca de altura que volvía del pacífico norte rumbo al puerto de la ciudad de Abierta, en la nación de Ocean. Chí, que había trabajado en ese barco antes de tener su pequeña embarcación, tuvo que consultar la posición en el mapa que ocupaba ese país, pues aunque había oído hablar de ese Estado no sabía exactamente su ubicación, encontrándole en el mapa situado entre los océanos Pacífico e Índico. Un funcionario del puerto próximo a Hoi An, conocido de Chí, era quien le estaba solventando el embarque de su sobrina, por un precio justificado como el necesario para haber convencido al patrón del barco que la recogería. Linh tuvo que entregarle a su tío casi todo el dinero que le había dado su madre, a cambio le indicó Chí que le facilitarían comida y cama durante los días de la travesía hasta el puerto de Abierta, aunque ella tendría que ayudar en la cocina, más que nada --aclaró su tío-- para explicar su presencia a bordo.

Linh no se sentía segura con el plan preparado por su tío; sobre todo la asustaban los días de navegación rodeada de hombres desconocidos, tras la desagradable experiencia que había sufrido con la brutal violación de aquel soldado. ¿Quién podría acudir en su auxilio si uno o varios marineros la asediaban? Quedaban dos días para el embarque y dudaba si dar por perdido el dinero y regresar con su madre, o incluso buscarse otra forma de permanecer en el país sin tanto riesgo de que pudieran abusar de ella. Su tío la notaba retraída y temerosa, cuando, según él pensaba, debería estar alegre de que se aproximara el día de partida hacia un futuro próximo con mejor perspectiva que el que la guerra ofrecía.

-- ¿Qué te preocupa? --preguntó Chí a su sobrina.

-- Es que no sé cómo me va a ir el viaje y cómo me las voy a arreglar cuando llegue a ese país.

-- Tu padre y nuestros antepasados velarán por ti.

-- También me preocupa la soledad en que queda mi madre.

-- Le he mandado un mensaje de que, ante cualquier contrariedad que la aceche en Hué, tiene a su disposición nuestra casa aquí, en Hoi An. Ella está más segura que tú, aunque en este infierno nadie está a salvo de nada. Sólo unos días y te encontrarás en una tierra de paz, donde puedas trabajar, terminar tus estudios de profesora y esperar a que acabe el conflicto para regresar.

-- Pero para eso todavía queda la travesía, el barco...

-- Para quienes no estáis acostumbradas al mar es posible que se os ponga mal cuerpo, pero si no hay temporal, y no lo pronostica la calma que reina en el mar estos días, no es gran cosa: mareo y poco más.

-- ¿Y el ambiente del barco? entre hombres rudos.

-- Eso no tienes que preocuparte. Hemos tenido la suerte de que esa embarcación toca puerto aquí. Es un barco grande, no como el mío, vuelven de estar cuatro meses faenando cerca de las costas de Alaska.

-- Peor me lo pone, vendrán ansiosos de satisfacciones --repuso Linh.

-- He elegido ese barco entre las posibilidades que me ofrecían, porque a bordo van un grupo de mujeres que trabajan en labores de despiece y congelación. Hay dormitorio y aseos separados. Ya te dije que hace años trabajé en él; entonces estaba recién flotado y nos parecía una maravilla por los modernos aparejos que tiene; todo está mecanizado, no es como cuando tenemos que tirar de las redes para subir la pesca a la nave.

-- ¿De verdad que hay  mujeres a bordo? No me lo puedo creer --dijo Linh con la cara iluminada por una sonrisa.

-- ¿Crees que te iba a dejar marchar sola en medio de un grupo de machos?

-- Pensaba que en los barcos pequeños trabajaban en familia, pero que para una travesía de días por el océano sólo la hacían marineros, salvo que fuera un barco de pasaje.

-- El problema que te puedes encontrar es que no te entiendas con algunas de esas mujeres, la mayoría suelen ser de Filipinas, y hablan tagalo y algo de inglés. Del patrón me han asegurado que habla francés, siempre habrá alguien con quien puedas entenderte.

-- Eso no me preocupa. Me ha dejado mucho más tranquila. Me venían inquietudes a la cabeza.

-- Todo va a ser para bien --afirmó Chí.

* * *

Linh accedió al barco en alta mar desde el pesquero de su tío, para salvar los controles que pudiera efectuar la policía vietnamita en el buque de bandera oceana. Esa condición la impuso el patrón para permitir la subida a bordo de Linh, evitando la posible responsabilidad de partir del puerto con una polizón. Durante el viaje les acompañó buena mar y Linh se incorporó en la  ayuda de trabajos en la cocina que gobernaba un matrimonio de un filipino, que chapurreaba algo de francés, y una indonesia, que dominaba algún rudimento de lengua vietnamita, lo que les permitió entenderse para explicarle a ella su cometido, como pelar y cortar verduras, atender la carga y descarga del friegaplatos y mantener limpios los reducidos espacios destinados al sustento de la tripulación.

Al llegar al puerto de Abierta el patrón acompañó a Linh hasta el control de la guardia de aduanas, a fin de legalizar su situación de refugiada. Ya había tramitado otros casos como el de ella, facilitando las diligencias sus contactos entre los funcionarios, que en esos días si quienes solicitaban el asilo eran mujeres jóvenes no solían tener problemas para conseguir un visado provisional que permitía residir y trabajar durante seis meses, renovable posteriormente cada año. Fue más tarde, a partir del año 1973, al aumentar el flujo de refugiados de los países del sureste continental, cuando las autoridades de Ocean restringieron la entrada de todo tipo de emigrantes.

El primer empleo lo encontró allá mismo en el puerto pesquero, descargando cajas de pescado a la llegada de los barcos de pesca de bajura. Fueron meses difíciles para Linh, pues apenas le remuneraba su trabajo para malcomer y pagarse una habitación donde dormir. No obstante esa penuria, el contacto con la gente en el trabajo le facilitó ir aprendiendo la lengua y las costumbres del país.
 

Capítulo 5.

El dinero que Linh ganaba descargando y transportando pescado en carretilla no le permitía darse ningún capricho, pero de momento eso no impedía que estuviera satisfecha de haber llegado a ese país. Para ella suponía un alivio no estar presionada por la intranquila vida que ofrece un país en guerra; entre sus objetivos estaba continuar con sus estudios de profesora, aunque comprendía que tenía que esperar a dominar mejor el idioma y reunir algo de dinero con que afrontar los costes de los estudios para una mujer extranjera. Para aumentar sus ingresos aceptaba cualquier requerimiento de colaboración de los vendedores del mercado próximo al puerto, desde ayudarles a despachar, a limpiar el pescado o a repartir a domicilio entregas. Esas pocas monedas que así conseguía las guardaba para tener un pequeño soporte de ahorro, por lo que pudiera pasar, ya que lo poco que le quedó de lo que le dio su madre, tras abonar a su tío el coste del viaje, lo había gastado en pagar la habitación y comer hasta que le llegó la paga de la primera semana de trabajo.

Quienes la trataban valoraban su inteligencia y disposición de servicio, esforzándose hasta el límite en hacer bien cualquier encargo por pequeño que fuera; aunque era un poco tímida, la alegría de su mirada y la sonrisa espontánea a sus labios le facilitaban ser bien acogida por el entorno en el que se movía. Caminando un día por una avenida de Abierta próxima al acceso del puerto pesquero leyó en la cristalera de un bar restaurante: "Se necesita camarero para refuerzo de mediodía". Entró, habló con el encargado que, no de muy buena gana, la dirigió al dueño del negocio que estaba en un pequeño despacho tras la zona de cocina; como la necesidad a cubrir era un horario de cuatro horas al mediodía, que a Linh le encajaba muy bien, se empeñó en conseguir el empleo, para lo que le propuso a su interlocutor trabajar a prueba una semana no cobrando nada si en ese tiempo no había demostrado aptitud para el puesto; era cuanto podía ofrecer a falta de poder acreditar experiencia.

Su ocupación, junto a dos compañeros más, era montar el comedor, servir tres o cuatro turnos de comida, recoger y limpiar el local. El encargado, desde la barra del bar, recibía y cobrara a la clientela al tiempo que vigilaba la marcha de la cocina y la atención en el comedor. Aunque en los primeros días Linh mostró algunas deficiencias propias de su impericia, exhibió su capacidad de aprendizaje y su buena educación en el trato, a pesar de que a veces le costaba expresarse con soltura por la barrera idiomática; consecuencia de ello es que quedó contratada, lo que supuso un alivio en su precaria economía.

Entre los clientes del restaurante estaba un ejecutivo de una compañía naviera que tenía su sede frente al puerto; este hombre de edad madura, llamado Orga Saná, desde los primeros días en que lo atendió Linh en el servicio de mesa se sintió atraído por la luminosidad de su mirada y el interés que ponía en que todos los clientes se sintieran satisfechos, como si fuera la dueña responsable del negocio o, mejor, como si se tratara de una madraza cuando apenas era una joven de raza oriental. Él procuraba ocupar una mesa de la zona en la que estuviera sirviendo Linh y sin apenas darse cuenta fue retrasando su horario de almuerzo para ajustarlo al último turno de comidas, lo que le facilitaba estirar la sobremesa tomando café y conversar algo con Linh mientras ella recogía las mesas. Así supo que era vietnamita, que había emigrado por la presión de la guerra, en la que había perdido a su padre y el contacto con su hermano; que había llegado a Ocean hacía pocos meses; que es su tierra estaba estudiando para profesora; y otras cosas de menor importancia que a Orga le servían para valorar más y más a la muchacha. A cambio en esas conversaciones Linh no se esforzaba en conocer más del cliente, pues sólo de él sabía que trabajaba en una oficina que tenía relación con la actividad en el mar y su gusto culinario en función de la preferencia con que elegía unos alimentos sobre otros de la alternativa del menú. En lo que ambos coincidían es que Orga aguardaba con cierta impaciencia la hora de bajar a comer y que Linh se alegraba que él apareciera por el restaurante, unas veces solo y otras acompañado de más gente.

Pasados unos meses, a finales de la primavera de ese 1968, Orga y Linh coincidieron un día en el bus que unía la zona del puerto con el centro de la ciudad; ella acababa su jornada en el restaurante y él había salido algo antes de su oficina, casi al poco de regresar de comer, para ir a hacer unas compras a un centro comercial. Orga aguardaba junto a la bandera de parada cuando llegó Linh, quien distinguiéndolo a distancia lo saludó con una mueca, siendo él quien se desplazó hasta donde estaba situada ella y comenzó la conversación:

-- ¿Ahora terminas de trabajar?

-- Sí, a las cuatro hemos recogido y podemos irnos.

-- ¿A casa a descansar?

-- No, que va. Voy al centro a comprarme algo de ropa para el verano. Vivo cerca de aquí, dos calles más abajo. ¿Usted ha terminado su jornada de trabajo?

-- Hoy me voy un poco más temprano. También voy a comprar, a los almacenes Asia.

-- Entonces vamos al mismo sitio --afirmó Linh.

Orga estaba contento de por fin disponer de un rato para poder conversar con ella sin las premuras con que hablaban en el restaurante.

-- Me dijiste un día que eras de Vietnam. ¿Tienes noticias de la evolución de la guerra?

-- Mi madre me escribe cada par de semanas. Las cosas están muy mal. Ataques y contraataques, gente que muere a diario, mucho miedo y lo peor, que no se vislumbra una salida negociada de paz. Mi padre murió ametrallado cerca de casa, a primera hora de la mañana, llevando a abrevar a las vacas.

Mientras hablaban llegó el bus, se acomodaron atrás, en dos asientos contiguos y Linh continuó:

-- Como le iba contando, mi madre se empeñó en que saliera del país y con la mediación de un hermano de mi padre, que es pescador, consiguió enrolarme en un barco para aquí.

-- ¿Allá trabajabas en la hostelería?

-- Estudiaba y ayudaba en casa.

-- ¿Que estudiabas?

-- Cursé dos años de profesorado, me faltaba uno y otro de prácticas para la titulación. Estoy intentando ahorrar para pagarme los estudios y conseguir graduarme aquí. Lo he hablado en la oficina de migración, como he traído certificados de las asignaturas aprobadas estoy intentando saber si me las pueden convalidar.

-- Creo que sí --la indicó Orga.

-- En cualquier caso tendría que compaginarlo con los trabajos, porque además del restaurante por las mañanas hago servicios en el puerto. ¿Si me dejaran al menos matricularme de medio curso, e ir acabando lo que me queda más despacio, no me importaría. No sé como se van a desarrollar las cosas en mi país, ni cuánto tiempo estaré aquí, pero quiero aprovechar el tiempo todo lo que pueda para poder empezar a dar clases lo más pronto posible, aquí o allá, donde decida el destino.

-- Me alegran tus buenos propósitos. Estoy seguro que alcanzarás realizarlos. ¿Si en algo te puedo ayudar, no tengas reparo en decirme? Nos vemos casi a diario.

-- Muchas gracias. Su nombre es Orga ¿verdad?

-- Orga Saná --completó él--. Trabajo en una compañía de transportes marítimos. Importación, exportación; como estamos en una isla, prácticamente todas las mercancías entran y salen por mar. Creo que sólo el correo viaja en avión.

Siguieron comentando detalles de la vida de ella hasta que llegaron a la parada donde debían apearse. En la puerta de los almacenes Asia, Orga propuso a Linh:

-- Vamos cada uno a nuestra planta, y si te parece quedamos dentro de media hora en esta misma puerta. Yo también voy a regresar a donde hemos tomado el bus, para recoger mi coche, porque vivo a las afueras, en la otra parte de la ciudad. --Se dio cuenta Orga que no la había preguntado si ella también volvía, y añadió-- Salvo que tengas más cosas que hacer por aquí.

-- Perfecto, compro una blusa y un pantalón, y vuelvo para casa --aclaró Linh.

-- En eso quedamos.

Se encontraron en la salida, tomaron un helado, cogieron el bus, bajaron en la  misma parada que habían montado y se despidieron hasta el día siguiente, en que, como casi todos los días,
Orga bajaría a comer.

Con el paso de las semanas alguna vez más se repitió que coincidieran en la parada para ir al centro de la ciudad. La realidad es que como Orga sabía a la hora que solía salir Linh de trabajar, desde la ventana de su oficina vigilaba si ella se paraba allí y, si sus ocupaciones se lo permitían, bajaba rápido para forzar una coincidencia que le era muy deseada. A veces eso le suponía tener que recuperar tiempo quedándose en su despacho hasta casi la noche para concluir la tarea. Linh, por su parte, aprovechaba si él se quedaba solo tomando café tras comer para preguntarle sobre la manera acertada de resolver alguna citación de migración, o dónde se encontraba la calle a la que tenía que acudir para una gestión.

Al final del verano, un día de fiesta en que ninguno de los dos trabajaba, Orga la recogió en su pequeño utilitario para llevarla a visitar un antiguo monasterio budista. Les sirvió la ocasión para conocerse más, sorprendiéndose Linh de que Orga le dijera que estaba soltero, pues ella por la edad que aparentaba, de unos cincuenta años, le tenía por divorciado, aunque recapacitando se  dio cuenta de que el hecho de nunca haber nombrado a un hijo habría sido extraño si los tuviera; no obstante, desde ese día empezó a contemplarle de otra manera, porque para la cultura de ella un hombre tan mayor soltero suponía una extraordinaria rareza.

A los pocos días ella le pidió consejo respecto a los rumores que se oían de que no iban a renovar muchos de los permisos de residencia concedidos a refugiados.

-- Es cierto --afirmó Orga-- como se acercan elecciones algunos partidos políticos están presionando a las autoridades con esa reducción para asegurar el pleno empleo a los ciudadanos del propio país.

-- Pero si no trabajamos es cuando realmente somos una pesada carga para el país que nos ha acogido. ¿Usted cree que tendré problemas?

-- Esos rumores ya se han escuchado más veces; luego, no ha pasado nada. Pero siempre es una posibilidad, pues esa política de renovaciones cada año es lo que tiene, que además de recaudar unas tasas a los trabajadores extranjeros, se los tiene muy controlados, porque ningún país desea que otro le exporte delincuencia. Pero existe una solución definitiva.

-- ¿Cuál? --preguntó atónita Linh.

-- Que te cases conmigo.

Linh no pudo reprimir una carcajada. Recuperó la compostura según Orga siguió con su razonamiento:

-- No me extraña que te suene a broma, pero es algo que, a pesar de la diferencia de edad, sólo depende de que imaginemos cómo cada cual puede hacer feliz al otro.

-- Es que eso de casarse es algo muy serio, para toda la vida.

-- En mi caso, menos de la mitad de una vida --puntualizó Orga--. Yo te contemplo terminando tus estudios, dando clases de profesora, y, si quieres, hasta criando uno o dos niños.

-- Yo le tengo a usted mucho aprecio, pero... es que no sé qué decir... así, de pronto. Si apenas nos conocemos.

-- Eso lo arregla un trato más asiduo. Piénsatelo. Si te lo propongo es porque mi corazón y mi conciencia me lo piden, no porque con ello se arregle tu problema de residencia; eso sólo ha propiciado la ocasión de transmitirte mis sentimientos.
 

Capítulo 6

Linh no salió de su asombro por la forma en que Orga le había solicitado matrimonio hasta que lo pensó más reposadamente. Al principio consideró que la diferencia de edad lo hacía absurdo, pero luego recordó como su madre le había contado casos de matrimonios entre jóvenes y hombres maduros, a veces inducidos por la propia familia de la chica, si bien se referían a situaciones de años atrás, cuando los matrimonios se concertaban más por la utilidad que por la voluntariedad de los contrayentes. Era evidente que no guardaba relación con su caso, porque ella tenía claro que sólo se casaría con quien eligiera personalmente, aunque lo cierto es que nunca se había planteado la posibilidad de que fuera con alguien que la doblara en edad. Que ella encontrara en Orga una persona culta, decente, bien situada, de trato agradable no lo convertía en candidato para unir sus vidas, aunque sí lo valoraba positivamente como esa suerte de amigo con el que antes de arribar a Ocean hubiera soñado encontrar. Así que, como él se había abierto en cuanto a sus sentimientos, dudaba ella si lo que correspondía era cortar en seco la relación, continuarla sin ofrecerle esperanzas o esperar a conocerlo más, como habría hecho con un chico interesante poco mayor que ella.

Lo cierto que apreció Linh en su vida es que la aparición de Orga había relegado de su mente a un segundo y muy distante lugar prácticamente todas las demás dificultades que antes la embargaban. Ser pretendida había despertado una nueva perspectiva en su sentimiento como mujer, muy alejada de la amarga sensación de objeto de satisfacción que le quedó tras ser forzada por el hombre que la violó. No obstante un resquemor le quedaba al comparar las personalidades tan opuesta de esos dos hombres que estaban marcando el tiempo reciente de su vida, y era si Orga podía pretenderla en razón de una virginidad que ella ya había perdido. En tiempos de bachiller en su tierra, entre las jóvenes se comentaba la obsesión enfermiza de muchos hombres por poseer muchachas vírgenes, por lo que decidió que tendría que prevenir a Orga cuanto antes de su condición para que no se hiciera ilusiones.

Uno de los domingos en que habían salido a pasear por el margen del río, cuando Linh había cogido más confianza, se decidió a revelarle lo que para ella suponía que podía constituir un obstáculo para su relación.

-- Una causa que alentó a mi madre a que me alejara del país por seguridad la provocó una agresión grave que sufrí de un soldado americano.

-- Es un daño colateral que indica la salvaje realidad de toda guerra.

-- Sí, porque los militares creen que la presión que sufren en el frente justifica la recompensa que deseen. En mi caso un soldado me siguió un día al salir del centro de estudios, cuando regresaba de noche a mi casa, ese día iba sola porque un vecino alumno del mismo centro, que me solía acompañar, no había acudido a clase; se acercó a mí por detrás y cuando me percaté de su presencia ya me había agarrado del cuello obligándome a adentrarnos en la maleza hasta que me arrojó al suelo, me desnudó y me penetró violentamente. Con esa agresión me robó mi virginidad.

-- No lo creo. Para mí, una violación no perturba en absoluto el sentimiento de doncella que pueda conservar una mujer. Eso, también en el hombre, es algo que voluntariamente se compromete, y en una agresión violenta nada se comparte, todo te lo roban.

-- ¡Para una mujer, es mucho lo que pierde!

-- A veces queda grabado en la mente el dolor y la impotencia de la indefensión; la rabia y la desesperación pueden tardar en desaparecer; incluso pueden quedar cicatrices físicas y sicológicas; pero nada de ello debería perturbar la integridad de la conciencia.

-- Para ustedes es distinto, la víctima somos siempre las mujeres.

-- También los hombres tenemos causas de arrepentimiento que nos gustaría que no hubieran ocurrido. El pasado inevitablemente pesa, pero es inamovible.

A esas palabras a Linh le apeteció preguntarle sobre su pasado sentimental, pero no se atrevió. Aún la embargaba un gran respeto hacia Orga, pero este intuyó que pudiera ser así, y continuó.

-- También yo he tenido aventuras en mi juventud de las que guardo mal recuerdo. Tanto por mi culpa como por la de otras  personas; unas por inexperiencia y otras por no haber hablado lo suficiente. Por eso ahora valoro tanto la claridad, la sinceridad, que no quiere decir que la pasión no empuje como a los veinte años, pero uno ha aprendido a dominarla.

-- ¿Le tiran especialmente las mujeres jóvenes? --se atrevió a decir Linh, que insistía en darle en la conversación trato de respeto, aduciendo que era la costumbre de su tierra con quien te superaba notablemente en edad.

-- Me atrae quien me pueda querer, como yo la pueda querer.

-- La complicación eterna del amor.

Linh comenzó a valorar cada vez más la compañía de Orga, al mismo tiempo se planteaba que, de cara a su futuro inmediato, esa relación favorecería el que pudiera terminar sus estudios y trabajar como profesora, su gran ilusión de siempre, a la que no estaba dispuesta a renunciar. El problema más grande lo encontraba Linh en un futuro más lejano, cuando ella tuviera cuarenta años y él setenta. Escribió a su madre, pidiendo consejo, cuando empezó a considerar como una posible realidad aceptar la proposición de Orga, pero antes de aclararle su posición a él, quien pacientemente de vez en cuando hacía mención a ello para decirle a Linh que se podía tomar todo el tiempo que quisiera en contestar, aunque para los dos era perceptible que, por la edad de él, era obligado no dilatar la decisión, fuera un sí o un no.

La madre de Linh se alegró cuando recibió la carta, tanto como cada vez que llegaba un misiva desde Ocean. Leyó despacio de seguido una vez, y volvió sobre el párrafo en el que su hija mencionaba a Orga, explicando sus pretensiones, su edad, su posición social y lo que estaba empezando a significar para ella. Instintivamente echó cuentas sobre la edad que tendría él cuando los posibles hijos que vinieran tuvieran quince años, redondeó que entre los sesenta y cinco y setenta; le pareció que eran muchos años para asumir esa aventura, pero compensó calculando que su hija en ese momento no contaría más que de treinta y cinco a cuarenta, o sea, sobrada de fuerzas para llevar si fuera necesario ella sola el hogar. Como madre pensó aconsejarla que hiciera lo que le dictara su corazón, que no tuviera miedo, ni obrara como si no le fuera a surgir otra próxima ocasión. Considerando la pérdida del padre y qué habría sido del hermano, así como que sobre ella podría sobrevenir cualquier desgracia en situación de guerra, el que tuviera Linh alguien que la protegiera no era cosa vana y, por lo que contaba, parecía que esa persona podía hacerla mucho bien. La respuesta lacónica que le hizo se condensaba en: "Haz lo que te dicte el corazón, pensando que tu padre y nuestros antepasados se regocijarán con tu alegría y siempre velarán por lo mejor para ti".

* * *

A comienzo de la primavera de 1969 Orga y Linh se casaron según el rito anglicano. Fue un celebración sencilla, a la que acudieron algunos familiares de Orga desplazados desde la capital, quienes estaban sorprendidos por la decisión del novio de casarse después de tantos años de soltería con una mujer tan joven y extranjera.

Linh había tardado unos meses en decidirse. Convencida de que Orga era un hombre bueno, de la seguridad que le ofrecía contar con él a su lado, por la escasa perspectiva de una pronta paz en su tierra y el beneplácito de su madre se sintió inclinada a priorizar la estabilidad en los años próximos respecto a lo que pudiera suceder en un futuro más lejano. Además, Orga se había empeñado en que ella tenía que dejar sus trabajos y centrarse en continuar sus estudios y graduarse como profesora; de modo que esa insistencia, al tiempo que le habría la posibilidad de recuperar sus ilusiones profesionales, la presionaba a formalizar con el matrimonio una relación, pues no le parecía a Linh honesto vivir a costa de la generosidad de un amigo sin entregar ella nada a cambio. Ambos aceptaron que el trabajo de ella sería en los próximos meses estudiar, para una vez graduada poder ejercer y tener su propio estatus profesional, como empezaba a cundir entre las jóvenes de Ocean.
 

Capítulo 7

Transcurridos los preceptivos cinco años para que los extranjeros consortes de ciudadanos de Ocean pudieran adquirir el derecho a gozar de la nacionalidad del país, Orga se apresuró a tramitar esa solicitud, gestión que solía demorarse unos seis meses en ser concedida. Hasta poder obtener Linh la nacionalidad se acredita mediante su pasaporte vietnamita, caducado desde hacía dos años, y un visado de extrajera residente en Ocean, que no había tenido dificultad para renovar cada año, sobre todo desde que se casó con Orga en 1969. Linh había intentado renovar su pasaporte en el consulado de Vietnam en la ciudad de Alerta, pero tras las gestiones del cónsul en la embajada de Pistos, capital del Estado, no se le concedió la renovación debido a que no se otorgaba a quienes no constaba en el pasaporte, ni en otro documento legítimo, una autorización explícita para haber abandonado el país durante el periodo de guerra.

Durante todas esos años transcurridos Linh había tenido que reprimir las ganas de visitar a su madre y presentarle a su marido, a causa de la guerra. La situación política pareció tener visos de cambiar con la la retirada de las tropas estadounidenses y la firma del armisticio de París en 1973, pero ambos, Orga y Linh, decidieron esperar a que ella tuviera concedida la nacionalidad oceana para viajar con mayores garantías. En esa espera ocurrió que el ejército del Vietnam del Norte atacó el sur hasta conseguir la victoria en 1976, reunificando el país bajo el nombre de República Socialista de Vietnam.

Con la documentación pertinente de ciudadana de Ocean Linh se sintió más segura no sólo para moverse por el país, sino también para viajar al extranjero.

Han acaecido en los ultimos años muchos cambios en la vida de Linh: Tras su boda dejó de trabajar y consiguió en tres años terminar los estudios de profesorado, de modo que se graduó en 1972. Enseguida quiso ponerse a trabajar, pero no la fue fácil encontrar empleo, ya que ese año despuntaba cierta conducta xenófoba hacia los refugiados y, aunque gozaba ya de los derechos de ciudadanía, sus rasgos físicos la identificaban como extranjera. No obstante, gracias a su insistencia, logró dar clases de francés a alumnos de cuatro a seis años en una escuela infantil, a media jornada. De esa forma aportaba a la casa su retribución, como desde que se casó estaba esperando.

Como apreciaba que estaba sobrada de tiempo, empezó a leer libros de filosofía, especialmente tratados relativos a las relaciones sociales, pues el profesor en el área de humanidades de la escuela de profesorado les había insistido en la importancia de que toda la enseñanza rezumara humanismo, porque lo más importante era formar a los niños y jóvenes como hombres y mujeres con el hábito de considerar el bien común. Cuando Orga se dio cuenta de ese interés de Linh por conocer más, y teniendo en cuenta las buenas calificaciones que habían recibido, la animó a continuar estudios en la universidad, de modo que en 1973 se matriculó en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Abierta, compaginándolo con las clases que impartía.

* * *

En el verano de 1976, recién finalizada la guerra, Orga y Linh viajaron a la ciudad Hué, muy destruida por los bombardeos, para cumplir el esperado reencuentro de madre e hija. Linh que había seguido manteniendo periódica correspondencia con su madre, a pesar de las dificultades del correo, sabía que había salido indemne y que la casa familiar, que había servido de refugio a algunos soldados en determinados momentos de las hostilidades, estaba en pie, aunque algo destartalada, lo que, como la madre les anunció, no era obstáculo para que se alojasen allí.

Se habían reanudado vuelos comerciales y, con un transbordo en Yacarta, Orga y Linh en el mismo día de agosto que salieron de Abierta aterrizaron en el aeropuerto de la ciudad Ho Chi Ming, rebautizado nombre para Saigón. El ambiente que se encontraron al llegar fue de desorden, autoritarismo y reconstrucción. Allá tomaron un bus hasta la ciudad de Hoi An, donde se alojaron en un hotel, pues Linh quiso saludar y agradecer a su tío Chí la ayuda que le había prestado, de modo que por él mismo conociera cómo ello había influido positivamente en su vida. Al día siguiente continuaron hacia el norte, de nuevo en bus, hasta alcanzar la ciudad de Hué, donde se reencontró Linh con su madre.

--  Hija ¡Qué inmensa alegría de verte!

-- Madre, me alegro de encontrarla en tan buen estado, después de tanto como debe haber sufrido.

Fundidas en un gran abrazo durante varios minutos, es posible que pasara por la cabeza de cada una de ellas las inmensas inquietudes sufridas por las vicisitudes que pudieran haber afectado a la otra. Orga, en ese momento observaba distanciado unos pasos la escena, respetando la intimidad de madre e hija.

Traduciendo Linh pudieron entenderse perfectamente los tres.

-- Madre, le presento a mi esposo, Orga Saná --y añadió dirigiéndose a su marido--: Mí madre: Trân Thi Mai.

Orga se acercó e hizo una reverencia de cortesía con la cabeza, momento en que Mai aprovechó, poniéndose de puntillas, para, apoyándose sobre sus hombros, darle un beso en la mejilla, tras lo que dijo:

-- ¡Qué haga usted muy feliz a mi hija, como ella le haga feliz a usted!

-- En eso estamos --respondió Orga.

-- Pasad, pasad, que os dé un vaso de agua fresca.

Igual que Linh encontró a la ciudad prácticamente irreconocible por los efectos de la guerra, el interior de la casa que había habitado de niña presentaba una degradación substancial. En la sala apenas había una mesa con cuatro sillas y el antiguo aparador ahora desnudo de vajilla y recuerdos. Sobre la pared observó que se habían mantenido las fotos de la boda de sus padres y la que ella posaba con su hermano. De lo que anteriormente había de valor, todo había desaparecido; aunque las paredes estaban limpias porque su madre se había afanado en pintarlas para cuando ella llegara.

-- Ya siento que no le pueda ofrecer más comodidad --dijo Mai diriguiéndose a Orga.

-- Nos hacemos cargo de las circunstancias --respondió este--. Lo realmente importante es que usted esté bien.

-- He pasado mucho miedo, no me da vergüenza confesarlo; pero es como si la protección del Cielo se hubiera extendido sobre esta pobre mujer. Ni una enfermedad, ni un rasguño... sólo que los años han pasado y las calamidades han dejado alguna huella, pero esas candelas no se han apagado en este tiempo y nuestros antepasados las han visto y conseguido mi protección.

-- ¿Ha tenido alguna noticia de mi hermano? --preguntó dubitativa Linh.

-- Buena, no --hizo un corto silencio--. Si ni ha pasado por casa, ni ha dado señales de vida, el presagio no puede ser peor.

-- Una pena para nuestra patria. Una generación barrida --añadió Linh.

-- Contadme, contadme de vuestra vida --reclamó Mai.

-- Ya nos ve, felizmente casados. Yo he terminado la graduación de profesorado y ahora, por el empeño de Orga, estoy estudiando en la universidad.

-- No le haga caso; por mi empeño no, por sus méritos --repuso Orga.

-- Le creo, señor. Ya desde pequeña me decían sus profesores que valía para estudiar. Su padre no pudo mandarla a la universidad, pero sí nos esforzamos para que acabara el bachiller e ingresara en el centro de formación del profesorado. Qué feliz me sentí cuando me anunciaste por carta tu graduación. La pena es que tu padre no haya vivido para verlo. Me lo mataron los americanos.

-- Ya me contó su hija --intervino Orga.

-- Hace nueve años.

Como le pareció que su madre se estaba poniendo algo melancólica, intentó Linh reconducir la conversación.

-- ¡Veo que sigue usted fabricando queso!

-- Lo probaréis para cenar. Ahora también lo tengo de leche de oveja. Queso artesano cien por cien. De algo hay que vivir. Pero pasad, que os muestre vuestro dormitorio.

Mai les había reservado la habitación que ella ocupaba con su marido. La cama y el colchón eran nuevos, al armario de madera era el mismo de siempre, pero muy dañado, de hecho en su interior los cajones, que a Linh de pequeña tanto le gustaba fisgar, ahora eran simples estantes. En un rincón había una banqueta, útil también como mesilla.

* * *

El día tercero de la estancia de Orga y Linh en su casa ocurrió una circunstancia inesperada que iba a influir de modo trascendente sobre su vida familiar. Mai les dijo que, como todos los jueves, tenía invitadas a comer a dos niñas del pueblo, parientes lejanas por la rama de su marido, que habiéndose quedado sin familia estaban recogidas en una casa-escuela, a las que los pocos parientes que les quedaban auxiliaban intentando complementar la alimentación, el vestido y los juguetes que el parco presupuesto de la casa-escuela atendía muy deficientemente. A la mesa tuvieron que añadir la banqueta de una de las habitaciones y los cinco mantuvieron una comida muy agradable, con verduras frescas de la huerta de la casa y dos pollos que Mai había asado. Como cada jueves Mai dio a las niñas una bolsa de manís para que repartieran con las compañeras de la casa-escuela. Tras la sobremesa, en que los cinco jugaron con unos dados, las niñas tuvieron que despedirse para reintegrarse al horario de la casa-escuela. Se quedaron los tres hablando, y Mai les contó:

-- Intenté que me las dejaran a mi cargo en casa, pero las autoridades no aceptaron porque me consideraron que como viuda no constituía el hogar ideal para ello. Están en la casa-escuela, y ahí puede que crezcan o que las den en adopción a una familia de acogida, pero ellas no quieren separarse y están algo crecidas para la mayoría de las personas que quieren adoptar.

-- Me parece muy positivo que no quieran separarse, eso es signo de que se quieren --dijo Linh.

-- Si lo intentáramos nosotros ¿lo conseguiríamos? --dejó caer Orga, con una de esas resoluciones rápidas que sorprendían tanto a su mujer.

-- Las nuevas autoridades no creo que vean con buenos ojos la injerencia de extranjeros --respondió Mai.

Linh no salía de su asombro. Es cierto que ellos llevaban ya siete años casados y Linh no había conseguido quedar encinta. Alguna vez habían considerado que si no tenían descendencia ello no debía desestabilizar su matrimonio, pero sólo muy de ligera pasada habían comentado la posibilidad siempre abierta a adoptar, aunque la diferencia de edad entre ellos no les hacía una pareja ajustada a los criterios tipo en los servicios sociales de Ocean.

-- ¿Qué dices? --Orga se dirigió a Linh.

-- Así, de repente, no sé que opinar. Tendríamos que pensarlo.

-- Te lo propongo como posibilidad.

-- ¿Las niñas querrían? --planteó Linh

-- Primero tendrías que decidirlo tú, luego no va a ser fácil; lo importante es saber si lo intentamos.

Estaba claro que Orga había tenido una corazonada que estaba dispuesto a sacarla adelante si complacía a Linh. Como aún no habían desechado que ella pudieran concebir, pues era muy joven, es muy posible que por la cabeza de Orga pasara que una cosa no era incompatible con la otra. Podían adoptar y además recibir con alegría la descendencia que pudiera venirles. Realmente la idea de adoptar había surgido como forma de garantizar una vida digna a las niñas, que al fin y al cabo eran parientes y paisanas de Linh.

Siguieron conversando y acordaron que en los próximos días podían volver a ver a las niñas, mientras decidían. Pasados dos días hablaron con la directora de la casa-escuela, que se mostró muy receptiva a la idea, claro que no correspondía a ella la concesión administrativa de la adopción. Las mayor de las niñas, que hablaba por las dos, se mostró favorable siempre que no las separaran, como habían manifestado desde que sus padres fallecieron.

Así las cosas, Orga y Linh decidieron prolongar su estancia unos días para iniciar la tramitación de la petición de la adopción, fundamentada en ejercer ese derecho como los parientes más próximos de la pareja de niñas y su deseo firme de cumplir la voluntad de las mismas de recibirlas una misma familia, contando con medios económicos para ofrecerles un acomodado bienestar y que al ser vietnamita la futura madre podrían ser educadas en las tradiciones nacionales. En Hué contrataron a un letrado para que dirigiera toda la tramitación burocrática, quien les gestionó de inmediato una entrevista con el juez de menores, para que este personalmente se conformara una idea positiva sobre la idoneidad de la personalidad de los adoptantes.

A Orga y Linh, tras visitar varias veces a las niñas, llevarlas a merendar, jugar con ellas en el parque, contarles cuentos, darles esperanza... les llegó el día del regreso a Abierta, haciendo el rumbo inverso al viaje de venida. Volvieron contentos, comentando cómo organizarían su futuro siendo cuatro, pues evidentemente, si todo llegaba a buen fin, sus hijas les absorberían la disponibilidad del tiempo que ahora disfrutaban. Orga persuadió a Linh de la necesidad de contratar, cuando las chicas llegaran, una empleada de hogar, para que Linh no viera afectada sus clases y sus estudios en la universidad.

* * *

Superadas algunas reticencias oficiales con el buen hacer del letrado, utilizando las dádivas acostumbradas para facilitar los trámites, consiguieron la concesión de adopción en pocos meses,  por lo que a finales de ese mismo otoño de 1976 viajaron de nuevo a Vietnam para recoger a las niñas: Loam, de seis años, y Cam, de cuatro.
 

Capítulo 8

Acostadas las niñas después de cenar, Orga y Linh han salido a tomar el fresco al porche y a compartir, como casi todos los días, las novedades de la jornada para cada uno de ellos. Mientras contemplan cómo se cierra la noche, comentan en primer lugar sobre lo que Loam y Cam --que han recibido el apellido Saná del padre al inscribirlas en el registro civil-- han contado de su actividad ese día en el colegio. Realmente las niñas se entienden con Linh, pues aunque les han puesto en el colegio horas de refuerzo para el aprendizaje de la lengua de Ocean, en los pocos meses que llevan en Abierta todavía no son capaces de expresarse bien con su padre, por lo que casi siempre se dirigen a Linh en vietnamita y esta lo traduce para Orga. En segundo lugar comentan Orga y Linh sus respectivas novedades profesionales, siendo él parco en detalles y ella muy dada a hablar, tanto de cualquier detalle de la escuela donde enseña francés como de sus vicisitudes en la universidad. Es recurrente en ella trasladar a Orga su sensibilidad sobre asuntos de educación escolar, quizá intentando contrastar la opinión de él con la de otras personas.

-- Piensa en la educación de nuestras hijas. A mí me complacería que desde ya, en la sección infantil, a través de los juegos y los conceptos de comportamiento que les van infundiendo adquieran el hábito de compartir, de la solidaridad, de no querer siempre ser la ganadora; qué te diría yo: desde ya asumir que su mayor bien es que viven en sociedad. Ellas, y espero que con el tiempo se les corrija, de lo que han sido testigo es la pérdida de sus padres por la guerra, el enfrentamiento entre bandos... lo malo de la sociedad, no me extrañaría que pudieran desarrollar una prevención social fruto de esa experiencia.

-- Precisamente ahora con nosotros percibirán lo contrario. Que existe otra forma de vida tranquila y en paz. Son lo suficientemente mayores como para que los recuerdos permanezcan, pero a partir de ahora van a recibir tantas impresiones positivas que creo que se les sobrepondrán. A mí lo que me preocupa es que puedan sentirse en algún momento marginadas por los compañeros.

-- A eso iba --repuso Linh--. Que unos de los objetivos de la enseñanza sea integrar. Aceptar el diferente, sea por la causa que sea, en especial si se le contempla más necesitado.

-- Pero eso más que en programas educativos, radica en la actitud de los profesores --opinó Orga.

-- ¿Por qué no en la definición de objetivos? Lo mismo que me exigen unos objetivos de lengua a conseguir que los dominen mis alumnos, pues que en una asignatura de lo social, se llame como se llame, se estipulen metas de asimilación en la conducta de los alumnos.

-- Los chicos y chicas son tan diferentes unos de otros que, mientras para todos dos más dos son cuatro, para enraizar la tolerancia dependerá mucho de cada carácter.

-- Por algo el pensamiento social trata de esclarecer los valores y contravalores sociales para que nadie se llegue a engaño. Lo que está ocurriendo es que la filosofía se posterga como una materia arcaica, cuando debería vertebrar la formación del pensamiento de los estudiantes. Enseñarles a pensar es la mejor forma de garantizar el aprendizaje de todas las demás materias. Lo mismo que se están poniendo de moda las técnicas de estudio para mejorar el rendimiento, prosperar en conciencia social exige conocer los valores que sostienen unas relaciones sociales justas y los contravalores que generan el dominio y la violencia.

-- Si fuera tan sencillo ¿por qué no lo recogen los programas educativos? --alegó Orga.

-- Posiblemente porque se antepone el valor de las ciencias empíricas al pensamiento analítico. Antiguamente sí que se priorizaba la enseñanza de la filosofía.

-- Y la retórica --añadió irónicamente Orga.

-- La retórica era enseñar a hablar y escribir con propiedad --repuso Linh--. El lenguaje es parte fundamental para el pensamiento. Cuando me refiero a defender la filosofía, entiéndemelo de una manera amplia, como la virtud de humanidad. De la misma manera que se enseñan las funciones de los órganos del cuerpo humano y el sistema de reproducción vegetal y animal, no es menos importante que los alumnos aprendan la trascendencia de los comportamientos en las relaciones humanas. Más que saber diferenciar las plantas angiospernas y gimnospermas, es preferible distinguir la solidaridad del egocentrismo.

-- En eso llevas razón.

-- Noto gran diferencia entre la enseñanza de Ocean y la del Vietnam de cuando estudiaba de pequeña. Allí el respeto al profesor, a los mayores, entre compañeros era lo más fundamental. Te podían pasar que no supieras multiplicar, pero nunca aceptaban los profesores que respondieras de mala manera a un mayor, porque no saber multiplicar se enmienda con más dedicación, pero la mala educación, si no se corrige como hábito, cada vez arraiga más en la personalidad.

-- Es que aquí somos algo más liberales --justificó Orga.

-- Precisamente la filosofía lo que ayuda es a usar correctamente esa libertad. No se trata, a mi parecer, de imponer hábitos, como lo hemos sufrido en tiempo de guerra, sino de inculcar que el respeto al otro es el fundamento de que te respeten a ti.

-- Plenamente de acuerdo.

-- Pues trasladémoslo como contenido esencial de la educación.

Gran parte de las ideas de Linh eran la síntesis de lo que había estudiado para profesora y de lo que ahora, en la universidad, formaba parte del debate entre los alumnos. Algo que detectó Linh en la facultad es que el nivel de concienciación social estaba muy arraigado, favoreciendo la crítica de todo el sistema. En el Vietnam que había dejado, el conservadurismo en la educación era institucional, como si modernizar supusiera romper los esquemas de funcionamiento de la sociedad, despojar a la persona de su patrimonio histórico, renunciar a la tradición. De alguna manera Linh se esforzaba en compatibilizar el racionalismo filosófico, que tan en boga estaba entre sus compañeros de facultad, con las creencias afectivas que desde niña habían configurado su carácter. A veces se encontraba dividida entre lo que la sorprendía positivamente del ejercicio de la libertad comparado con la rectitud de intención que parecía demandarla el respeto a sus tradiciones. En Vietnam la idealización del progreso se consideraba más como un futurible que como una realidad; ahora en Ocean estaba comprobando cómo la libertad configuraba su quehacer de cada día, tanto en la vida familiar como en el ámbito profesional. Sin darse demasiada cuenta en Orga había encontrado un confidente del que casi siempre obtenía la sugerencia que la hacía reconsiderar un pensamiento con una más completa perspectiva; de él pocas veces recibía una sentencia, sino un: "¿no se te ha ocurrido que...?"

Linh se levantó de la mecedora para preparar un zumo de piña. Orga aprovecha para fumar un cigarrillo, pues no le gusta hacerlo delante de su mujer, que nunca había fumado; tenía la obsesión de que el olor del tabaco podría arrastrarla a probar el fumar, lo que él consideraba perjudicial, aunque nunca había conseguido vencer su hábito.

Mientras sirve el refrigerio, Linh intenta recuperar la conversación en el punto en que la había interrumpido:

-- A veces pienso si nuestras hijas comprenderán bien que tú y yo seamos tan opuestos en cosas tan esenciales como algunas costumbres, las creencias religiosas, nuestra diferencia de edad...

-- Creo que tenemos a favor --añade Orga-- que son cosas que interpretan en el conjunto del cambio total de vida que las ha acaecido. Les habría sido más difícil comprender que su padre o su madre cambiaran de religión o de costumbres; creo yo que nuestra realidad es algo que las ha sobrevenido como un elemento más de su nueva vida, al que intentan adaptarse sin apenas cuestionar, ¡aunque los niños cuestionan mucho más de lo que creemos!

-- A mí  me gustaría que no perdieran su identidad vietnamita aunque crezcan aquí --opina Linh.

--  Como este país es oficialmente aconfesional en el respeto a que cada cual siga la sensibilidad religiosa que más le tire, en la enseñanza, dentro del ámbito de sociales, se estudia la historia de las religiones, que intenta explicar qué religiones han sido las más extendidas en la historia, su fundación, sus creencias, su doctrina, su liturgia, etc. Se expone como una parte más de la historia que los alumnos deben conocer, pero sin imponer preponderancia de unas sobre otras. Además como van a tratar amiguitas de distintas creencias, pronto se van a dar cuenta que la diversidad de religiones es como la diversidad de lenguas, que permiten entenderse unas personas con otras en razón del interés mutuo por encontrarse.

-- No lo dudo. También en Vietnam hay un influjo del cristianismo que predicaron los colonizadores, existiendo tolerancia mutua, pero no en todos los sectores, ya que quienes son muy sensibles al imperio de nuestras traiciones no admiten en sus familias deserciones, lo que no impide que cada joven ponga en cuestión tanto los ritos de su religión como los de las demás.

-- Lógico --corrobora Orga.

-- Por eso te insisto en ir de vez en cuando a los templos confucianistas para que nuestras niñas no pierdan las referencias que mantienen de la enseñanzas de sus padres y abuelos. Que tú les trasmitas las costumbres cristianas, mejor que mejor, luego ellas, conforme crezcan y razonen, van a hacer su propia composición de valores, pero no sólo de lo que han aprendido en casa, sino de todas las influencias que han recibido de los profesores, amigos y vecinos. Por eso recalco que entre las materias de estudio se dé importancia a la filosofía, al pensamiento de cómo debe comportarse la sociedad, pues cómo lo hace es lo van a recibir cada día en los informativos de la televisión.
 

Capítulo 9

Cada día Orga a las o siete y media de la mañana se encarga en despertar y ayudar a sus hijas a asearse, vestirse, desayunar y preparar su cartera con los cuadernos que ha de llevar cada una a clase; todo ejecutado, las acerca en el coche a la escuela y se va a trabajar a su oficina. Mientras, Linh organiza la limpieza de la casa, pone una lavadora, plancha, sale a comprar, etc., hasta las once de la mañana, en que se va a la escuela infantil a impartir sus clases de francés, las que concluye después de comer, a primera hora de la tarde, para dirigirse a la facultad. Las niñas almuerzan en el comedor escolar y continúan con clases y actividades hasta las seis de la tarde, pues tras el horario normal reciben clases de apoyo para el dominio de la lengua de Ocean. Orga se encarga de recogerlas y regresan juntos a casa, en cuyo trayecto le cuenta cada una --según cada vez se manejan mejor en la lengua oceana-- lo que ha aprendido en su día lectivo.

En realidad Linh se siente bastante agobiada por las ocupaciones que tiene, pero no quiere renunciar a ninguna, ya que considera que tanto el dar clases como ir a la universidad forman parte de las ilusiones que desde pequeña tenía por realizar. El ambiente de la universidad le agrada, porque encuentra que gran parte de sus compañeros y compañeras tienen sobre el tema social inquietudes similares a las suyas. Aunque ella esté casada, tenga a su cargo dos hijas y unos pocos años más que la mayoría de los demás estudiantes de su curso, lo cierto es que comparten muchos ideales. Ella reconoce que si puede cumplir sus obligaciones es por la enorme disponibilidad de Orga para asumir gran parte de la carga de la familia; además él es de carácter tranquilo, ordenado y eficaz. Cuando le propuso adoptar a las niñas, Linh temió que iba a perder parte de su libertad, como había visto que en Vietnam ocurría en muchas familias, en las que el peso de la casa recaía sobre la mujer, pero ahora se daba cuenta que su marido se había comprometido personalmente para ejercer de cabeza de familia con todas sus consecuencias, siendo él el que vigilaba que el futuro profesional de su mujer no pudiera verse afectado negativamente por su voluntad.

El grupo de estudiantes con los que Linh más se trata en la facultad, para pasarse apuntes, prestarse libros, estudiar en grupo... comparten la percepción de que la filosofía cada vez está siendo más relegada de la vida social. Piensan que ello supone una gran pérdida para la garantía de la libertad, pero también que, si continúa la desvalorización de esa disciplina en la enseñanza reglada, su porvenir profesional puede verse afectado. Una opinión que se va imponiendo entre estos estudiantes es que se necesita trabajar en una filosofía más práctica, más cercana a la dinámica del mundo moderno, menos abstracta y que dé respuesta a las inquietudes intelectuales de la humanidad actual. Muchos abogan por potenciar la corriente existencialista de algunos filósofos occidentales, otros por la regeneración del la espiritualidad oriental, coincidiendo bastante unos y otros en el pacifismo y en el respeto a los derechos humanos frente a la temida guerra fría entre las grandes potencias armamentísticas.

La aportación que hace Linh al grupo no pasa desapercibida, pues su testimonio directo de haber presenciado una guerra entre las dos tendencias ideológicas que dividen al mundo no es baladí. El hecho de que ella abogue por una vía intermedia entre en socialismo y el capitalismo, entre la rebelión anticolonialista y el tránsito pacífico al nacionalismo, entre la tradición y la modernidad, ofrece referencias a los estudiantes que han crecido sin turbaciones en la tranquila sociedad oceana.

Dentro de la ansiedad por hacer cosas que remarquen la transcendencia a la vida social de su apuesta por la cultura del pensamiento y el humanismo, ha tomado cuerpo la idea entre un grupo de alumnos de juntarse con otros compañeros de la facultad de Ciencias de la Información para instalar en la sede de la universidad  una emisora de radio con fin específico de emitir programas de divulgación y debate sobre pensamiento social como forma de animación cultural de la vida universitaria. Personalmente a Linh la propuesta le parece muy atractiva, pero reconoce que sus circunstancias no le permiten aportar al proyecto más que su opinión cuando sea requerida; si ya para llevar el curso medianamente bien tiene que esforzase y exprimir el tiempo al máximo, para esas actividades suplementarias, en las que le apetecería intervenir activamente, necesitaría días de veintiocho horas. No obstante, se pone a disposición de sus amigos para lo que la necesiten, siempre que sea compatible con sus obligaciones.

El itinerario para conseguir su propósito no se presenta fácil, pues, aunque de los profesores a los que han solicitado colaboración han recibido buenas palabras, conforme precisan el compromiso de órganos más altos de gestión dentro de la universidad emanan los inconvenientes, pues el espacio radiofónico se encuentra sujeto a muchas trabas, impuestas precisamente para el control que el Gobierno de la nación ejerce sobre la política de comunicación. No obstante, ganándose la voluntad del rectorado de la Universidad de Abierta podría obtenerse, aunque fuera de modo provisional, una autorización para comenzar a emitir de modo restringido en el ámbito territorial que ocupa la sede universitaria. Evidentemente el objetivo del grupo promotor, para conseguir trascendencia social, que es lo buscado, se centra en que la emisora tenga potencia suficiente para cubrir todo el territorio urbano de la localidad, para que universitarios y no universitarios puedan sintonizar desde sus domicilios; pero a modo de prueba de la viabilidad del proyecto, se disponen a iniciar con el equipo mínimo y sea la que sea la cobertura permitida.

Gracias a la intervención del decano de la facultad de Ciencias de la Información, quien ve con muy buenos ojos la proyección práctica para sus alumnos de contar con una emisora de radio, autoriza la compra de los equipos y facilita un local insonorizado en la planta alta de la facultad; si bien impone, más que acuerda con los estudiantes, que los contenidos a emitir deben ser preceptuados por el profesorado del departamento de periodismo radiofónico. Con estas condiciones, comienzan las emisiones tres días por semana en horario de dieciocho a veinte horas.

Aunque la iniciativa de crear un espacio radiofónico para difundir contenidos de pensamiento social fue de los alumnos de la Facultad de Filosofía, el hecho de que la realización de la idea se creara en la facultad de Ciencias de la Información ha dado a los alumnos de esta licenciatura el control de la programación de la emisora. Convocándose mutuamente unos y otros interesados en el proyecto para llevarlo conjuntamente a buen puerto, acuerdan repartir el espacio de programación, asignando la primera hora a temas propios de comunicación universitaria, a cargo de los alumnos de periodismo, y la segunda a contenidos especulativos propios del ámbito de la filosofía. También coinciden unos y otros en, si se reconocen capaces de llenar de contenidos la programación, solicitar del rectorado emitirla de lunes a viernes, pues el hecho de no hacerlo a diario ha desconcertado a algunos de los primeros oyentes.

Habiendo tomado Linh una participación secundaria, más sugerente que ejecutiva, no por ello deja de estar plenamente interesada en el seguimiento de la iniciativa, procurando influir en sus compañeros para dar prioridad a los contenidos de sesgo social sobre los generalistas. El consejo de redacción de la sección de filosofía lo forman cinco alumnos, tres de cuarto y dos de tercero, se definen receptivos a la participación de todos los alumnos de la facultad, al menos en lo que se refiere a ideas, pues concretarlas en un guión radiofónico no está al alcance de la mayoría, debiendo ellos pedir consejo con frecuencia a sus compañeros aspirantes al periodismo sobre como enfocar una presentación o una entrevista. Esa posición reservada de Linh no la impide corresponder a la demanda se ser entrevistada para exponer sus experiencias sobre la convulsión política sufrida en su país natal, prolongada durante tantos años. Es la primera vez en su vida que acude a un programa en directo por la radio, lo que la inquieta al decidir como expresarse respecto al contenido de las cuestiones que el entrevistador le va haciendo; porque hablar para un micrófono no es igual que hablar con otra persona, quien viéndote posee además de tus respuestas toda la connotación que ofrecen tus gestos; además, quería manifestar una visión constructiva de su país fundada, sobre todo, en el derecho a la independencia nacional, pero reflejando una crítica férrea a que para ello haya sido necesario el recurso a la violencia, imponiéndose los intereses de dominio sobre las intenciones de servicio. Esa doble perspectiva de anticolonialismo y pacifismo tuvieron gran receptividad en los oyentes, casi todos universitarios, ya que representaba una justificación perfecta de las causas de una guerra no bien entendida lejos del ámbito de los pueblos de la región indochina.
 

Capítulo 10

Desde mediados de los años setenta en las facultades de humanidades de la Universidad de Abierta ha proliferado el alumnado femenino; no así en las escuelas de ingeniería, donde aún las mujeres apenas representan un muy bajo porcentaje. En el curso en que está Linh son número parecido de varones y mujeres, por lo que para todas las actividades coinciden chicos y chicas cuyo trato continuo favorece crear lazos de confianza, amistad y sentimientos más profundos entre parejas, que unas veces cuajan y otras se deshacen cuando concluyen los estudios.

Tanto la consideración de Linh como mujer casada, como que ella no destaca especialmente por su físico entre las demás, la preserva del interés para un número significativo de compañeros, lo que no obsta para que algún otro la valore especialmente por su carácter participativo, ingenio y dominio de sí. Comparada con muchas otras alumnas, ella las supera en edad, pero, sobre todo, en experiencias vividas. Su interés por lo social trasciende al común objetivo de conseguir un título universitario por el prestigio que da y las posibilidades laborales que puede ofrecer, pues aunque Linh también reconoce su vocación a la enseñanza, se siente cada vez más urgida para practicarla a fin de difundir entre el alumnado los valores propios de una socialización intelectual que favorezca la concordia y la paz. Personalidad la suya que facilita compenetrarse con quienes en su aula tienen parecida afinidad intelectual para trabajar en equipo.

De camino entre las facultades de Filosofía y de Ciencias de la Información, para una reunión relativa a la emisora de radio, Philips aprovecha para indagar sobre la vida de Linh, ahora que la ocasión le brinda una oportunidad de conversar a solas, pues para él hay aspectos de la vida de ella que le tienen despistado. Philips ha cumplido recientemente veinte años y varias compañeras han despertado interés en él, entre las cuales sale informalmente con una, lo que no impide que se sienta atraído por la personalidad de Linh.

-- Lo que tienes que explicarme --aduce Philips-- es por qué te has casado con un hombre que te saca tanta edad.

-- Por lo mismo que se casa todo el mundo. Conoces a una persona, congenias con ella, la introduces en tu realidad, si te falta la echas de menos y cuanto más la echas de menos más próxima estás en juntarte a ella.

-- ¿No lo hiciste por conveniencia para conseguir la nacionalidad? Como otros muchos inmigrantes.

-- Mi idea cuando vine a Ocean era regresar a Vietnam en cuanto acabara la guerra. Lo que pasa es que las cosas han rodado de manera distinta.

-- O sea, que conociste a tu marido y... ¡flechazo!

-- Yo trabajaba esperando el momento de volver a Hué; reunía dinero para poder estudiar aquí, viendo que la guerra se prolongaba; conocí a Orga, que se brindó a enseñarme la ciudad... y un día a los pocos meses de conocernos me pidió matrimonio. Ya ves, como casi todas las parejas. Lo que te aseguro es que en mis planes no estaba el enlace, ni asentarme aquí.

-- ¿Qué ves en Orga que tanto te haya atraído irresistiblemente? --se atrevió importunamente a preguntar Philips.

-- Su personalidad.

-- ¿Porque te gustan las personas maduras?

-- Te enamora una persona, por cómo es.

-- Me fijé un día que te vino a buscar en el coche y pensé que podía ser tu padre. Me habían comentado que era una persona que te sacaba mucha edad, pero no pensé que fuera tanto: Igual tiene más de cincuenta --se aventuró a decir Philips.

-- Cincuenta cuando nos casamos. De eso han pasado nueve años.

-- Sinceramente: sigues enamorada de él.

-- Eso es algo que no puede comprender quien no ha pasado por ello.

-- Vaya respuesta.

-- Es que el amor, cuando se forma familia, adquiere un matiz distinto del rosa.

-- ¿No te estará molestando que te pregunte? --comentó Philips.

-- No --contestó Linh con una sonrisa--. Con estas y otras palabras, estoy acostumbrada a que los demás se interesen por mí.

-- Siempre tan positiva. ¿Tenéis dos hijos?

-- Dos niñas: Loam, de ocho, y Cam, de seis. Las adoptamos a raíz de un viaje en el que fuimos a visitar a mi madre en 1976. Habían perdido a sus padres y demás familia.

-- ¡Ah! Eso sí que no me lo esperaba. ¿Si te digo lo que me habían comentado?

-- Dime, dime. Creo que sé a que te refieres.

-- En clase había oído comentar a..., no te digo quien, que al ser tú tan joven y tu hija mayorcita os habíais casado por las prisas.

-- Ya ves que no. La iniciativa de la adopción fue de Orga. Entonces estábamos en lograr quedarme yo embarazada; pero hasta ahora no ha podido ser.

-- Todavía eres muy joven --apuntó Philips.

-- Después de tantos años lo más probable es que no seamos compatibles para la fertilidad.

-- Perdona mi curiosidad --se atrevió a preguntar Philips--. ¿Un hombre tan mayor te ofrece sexualmente lo que puede desear una chica tan joven como tú?

-- Tengo que ser muy contundente: no tengo la mínima razón de queja. A su edad está en plenas facultades, es un esposo cumplidor y un padre excepcional.

-- ¿Y dentro de algunos años, cuando él ronde los setenta y tú estés aún en los cuarenta?

-- No creas que no lo pensé antes de decidirme; entonces me dije: Vete a saber lo que el futuro depara, por ello no dejes de vivir el presente. Hasta hoy, creo que acerté, mañana: el Cielo nos guiará.

No quedó muy convencido Philips del aplomo que mostraba Linh, quizá porque, como le había comentado ella, no había pasado por las experiencias necesarias para juzgar una realidad tan distinta a la suya. El que Linh le sacara unos siete u ocho años no justificaba esa diferencia en la forma de concebir las relaciones sentimentales; para él, si fuera mujer, es posible que los compañeros de universidad le pudieran parecer poco maduros, pero había profesores en edad de merecer, bien posicionados, que eran mejor partido que un hombre que te doblara la edad con creces. Se veía que Linh era distinta; recapacitando sobre qué era lo que encontraba en ella de innovador, qué había motivado que se fijara en ella, qué le atraía de ella, se dio cuenta que precisamente la forma de ser de ella es lo que marcaba un abismo entre los dos.
 

Capítulo 11

Aunque en un primer momento Linh se resistió a contratar a alguna persona que los ayudara con las obligaciones de la casa, pronto reconoció que, como en otras muchas cosas, Orga tenía razón al esgrimir que una empleada doméstica les iba a descargar de estrés, de modo que no sólo Linh iba a conseguir más rendimiento en sus estudios, sino que más calma iba a facilitar la convivencia de los cuatro. Ahora, cuando han contratado los servicios de Fátima de lunes a jueves, desde la hora en que Linh se va a la escuela infantil hasta que regresa por la tarde Orga, supone un gran alivio, pues si una de las niñas padece alguna dolencia que la obliga a quedarse en cama, tienen cubierto que entre ellos dos y Fátima alguien la acompañe de continuo, ya que, incluso si eso ocurre en viernes, Fátima no tiene reparo en ir a trabajar; de mutuo acuerdo con los señores ella prefirió librar también el viernes, día festivo por excelencia para quien practica la religión musulmana, pues, aunque en Ocean, desde la colonización del Reino Unido, se mantiene el domingo como día oficial de descanso social, existe amplia tolerancia para que los creyentes de otra religión puedan librar otro día en la semana.

Desde que está empleada Fátima en casa de la familia Saná, trasciende una mayor relajación en las relaciones familiares, pues las horas que Fátima ha liberado a los padres de ocuparse de las tareas domésticas supone poder dedicar más tiempo a jugar con las hijas, acompañarlas al parque, salir de paseo, etc. Linh le ha transmitido a Fátima algunas costumbres de la cocina vietnamita, pues no quiere que las niñas pierdan algunas referencias de gustos y caprichos adquiridos en su primera infancia.

El momento dulce de las relaciones familiares se refleja con frecuencia en las conversaciones entre Linh y Orga.

-- Da gusto ver crecer a las niñas a nuestro lado. Nunca te podré agradecer suficiente que tuvieras el decisión de adoptarlas --le reitera Linh a su marido en cuanto se tercia.

-- Todo surgió porque se aclararon las dificultades que nos impedían ir a casa de tu madre. Si ella no hubiera asumido la responsabilidad de favorecer a las niñas, ni las habríamos conocido.

-- Pero, entre todo el mundo, pocos habrían manifestado la disponibilidad tuya para con ellas.

-- Como la tuya, fue un acuerdo mutuo, como no podía ser de otra manera --alegó Orga.

-- Ya sé que no te gusta que te reconozca méritos, pero los tienes.

-- Y los tuyos me llevaron a pedirte matrimonio.

-- Lo que a veces me paro a considerar es lo bien que nos han rodado las cosas --añadió Linh--. Tengo que reconocer que me asustó la idea de recibir a las niñas en casa. Me abrumaba la responsabilidad de no saber cómo quererlas. Luego el trato me fue indicando la forma tan sencilla de encariñarse. En un principio desconocía que hubiera hombres con  tanto compromiso en la crianza de los hijos, como me has enseñado tú; de joven en Vietnam comprobé que todo el peso del hogar recaía en la mujer, el hombre se limitaba aportar recursos materiales, operativos, económicos, legales... Te tengo que confesar que no recuerdo que mi padre nos hubiera bañado, ni una sola vez, a mi hermano o a mí.

-- De cuando eras muy pequeña no te puedes acordar.

-- Estoy segura que nunca lo hizo, y con ello no le quiero criticar, simplemente te traslado mi opinión sobre cómo estaba estructurada la familia allá.

-- También fue mi madre quien llevó todo el peso de mi crianza y la de mi hermana. Ahora estamos cambiando criterios y costumbres centenarios. Si apostamos por la igualdad de género, sólo podemos progresar en ello cambiando cada uno nuestra arcaica mentalidad.

-- ¿Y tú crees que todos mis compañeros de universidad piensan así? --repuso Linh.

-- El cambio se producirá si quien apuesta por ello comienza a practicarlo en su ámbito de relación. Creo que es una de las determinaciones de la democracia, igualdad entre todos no impuesta, sino construida conscientemente por cada uno desde su responsabilidad. Tú tienes tanto derecho como cada uno de los demás alumnos varones de tu facultad a estudiar; si te has esforzado es para ejercer esa profesión y es de justicia que la maternidad no te coarte hacerlo por la irresponsabilidad del padre de tus hijos.

-- En Vietnam se decía que los hijos son de la madre y que a ella le corresponde cuidarles, al menos hasta su adolescencia.

-- Forma parte del progreso hacerlo en criterios de igualdad. Lo otro es algo así como considerar que el padre no está dotado para querer al hijo tanto como la madre.

-- Lo mejor es repartirse las tareas y apoyarse mutuamente a sobrellevarlas.

-- Porque si te quiero y te veo contrariada, se me pega tu pesar --añade Orga--. Entre dos personas que se quieren, una no puede ser feliz sin hacer feliz a la pareja. Aunque parezca una simpleza, es como si fueran vasos comunicantes. El problema está en que muchas parejas confunden follar, con hacer el amor.

-- Nuestra tradición espiritual nos enseña a venerar el modelo de quien logró encarnar la virtud de humanidad de modo perfecto. Tanto Kung-Fu-Tsé como Buda sirven de ejemplo de una filosofía de vida en la que el reflejo del bien que alumbra el espíritu debe iluminar todo nuestra trayectoria. Si no lo alcanzamos, nuestro espíritu vagará hasta que lo logre. Vive en paz con su alma quien no tiene quien pueda acusarle de comportamiento injusto.

-- Pues en nuestros tiempos esa justicia de respeto a todo otro, para que no alegue queja contra uno mismo, se puede ejercer a través practicar, más que reivindicar, la solidaridad y la igualdad.

-- Cuando me hablas así de justicia, democracia, libertad, solidaridad... pareces uno más del grupo universitario. Uno de ellos me comentaba hace días que se había fijado un día que pasaste a recogerme y me dijo que pensó: "podría ser su padre". Sin embargo creo que nos superas a todos en modernidad, porque muchos hablan y hablan, como los políticos de cualquier país, pero tú les aventajas porque ejerces tu compromiso personal en obrar como piensas, no de proclamar ideales por los que aún no han movido un dedo.

-- El hecho de que tus compañeros estén estudiando humanidades supone que han tomado partido por algo importante, igual que tú, luego algo de compromiso ya han invertido --dijo Orga en defensa de los estudiantes.

-- De acuerdo. Pero de joven no acabas de ser consciente de lo mucho que cuesta variar el rumbo de la sociedad; de que para ello es fundamental que uno mismo capitanee su propio compromiso.

-- Ya tener ganas de influir no es poco. Como con vuestro programa de radio. Solamente con lo que os puedan remover por dentro las ideas que tratáis, el primer objetivo está cumplido.

-- Es lo que más me atrae de ti. Transformas lo dificultoso con una solución sencilla. Contempla tantas cosas en que somos muy distintos: posición social, raza, nacionalidad, religión, edad... todo ello debería suponer inconvenientes de comprensión y, sin embargo, con tu buen hacer y el respeto mutuo has conseguido que nos entendamos extraordinariamente bien, algo que para los demás puede que sea un misterio. Muchos pensarán que me someto a una vida de pareja paternalista, pero lo curioso es que es todo lo contrario, nuestra conexión es de colegas, de amistad, de complicidad... O, ¿no es así?

-- Es así, y a ello ha contribuido mucho la responsabilidad común de cuidar y educar a nuestras niñas --respondió Orga.

-- Otro se sentiría frustrado por no haberte dado hijos.

-- ¿Quién cuando se casa puede estar seguro de ello? Para mí lo principal es tenerte a mi lado, lo demás puede incrementar mi felicidad, pero no dármela, porque con tenerte a ti ya la tengo.

-- Ciertamente el destino nos ha tratado de forma benévola-- concluyó Linh..
 

Capítulo 12

Al final de la primavera de 1979 Linh supera con éxito los exámenes de fin de curso y consigue el título académico de Licenciada en Filosofía. Esto le ofrece nuevas posibilidades profesionales, pues puede acceder a profesorado de secundaria, para lo que tiene que competir con trabajos y méritos para optar a una plaza, cuando quede libre, en un centro oficial u ofrecer sus servicios en un colegio privado. De momento sigue dando sus clases de francés en infantil, habiendo renovado contrato para el curso siguiente. El tiempo que antes dedicaba a estudiar e ir a clase ahora lo emplea en escribir una tesina sobre la idea que continuamente le ha rondado en la cabeza durante los últimos años: Cómo estructurar la enseñanza de los contenidos de la Filosofía Social incorporándolos como asignatura troncal de sociales.

Orga la apoya en la idea de preparar la tesina con fin de tener documentación para sustentar la opción, si surge, de competir por una plaza de profesora en un centro oficial. El criterio de él es que a Linh la interesa la solvencia de trabajar para el Estado, no sólo por la seguridad laboral de cara al futuro de la familia, sino porque considera que desde ese puesto puede influir más en su ideal de promocionar el papel de la filosofía en la educación. Ambos son conscientes de la competitividad que existe para acceder a un puesto de profesor en la ciudad de Abierta, pero él confía en el tesón de Linh por alcanzar las metas que se propone. Además de los trabajos que pueda presentar, de los méritos que le reconocen por los años dando clase de infantil, debe preparar un temario que versa sobre la legislación educativa y la estructura del sistema social y político de Ocean.

Linh lleva relativamente bien el esfuerzo que le supone encontrar y escrutar textos en que apoyar su tesina, pero el estudio de los temas legislativos no los tolera de muy buena gana. Tiene relativamente reciente toda la enseñanza de pedagogía estudiada en los años anteriores, que no ha dejado de repasar y ampliar en su aplicación al trato de sus alumnos de francés. Ella calcula que al menos un año va a tardar en redactar su tesina, pero teniendo en cuenta que sólo quiere concursar a una plaza de secundaria que esté en una escuela dentro del término municipal de Abierta, para no interferir en la dinámica de la vida familiar, lo más probable es que tarde varios años en conseguirlo. Entre tanto tiene la alternativa de continuar las clases en infantil, donde se siente a gusto, y aceptar sustituciones como interina en primaria o secundaria, que además le proporciona experiencia de trato con alumnos más mayores. Estas sustituciones por enfermedad del profesor titular o por maternidad de una docente a veces las consigue en la misma Escuela Nacional Soyaron, por la disponibilidad que ofrece y la titulación suficiente para dar clase generalista en primaria y en las asignaturas de sociales de secundaria.

Una consecuencia  muy positiva para ella de las sustituciones que imparte, haciéndolas compatibles con sus clases de francés, es el tratar más de cerca a los directores del centro escolar, a otros profesores y a alumnos de edades muy distintas. Otra experiencia nueva que está fortaleciendo es la del trato con los padres de alumnos, quienes unas veces acuden al centro buscando colaboración para mejorar el rendimiento académico de sus hijos y otras para culpar al profesorado y a la institución de que no se les atiende adecuadamente, exigiendo de los profesores milagros para transformar la personalidad de unos jóvenes cuyos padres no han conseguido encauzar por la senda deseada.

A Linh afrontar estas nuevas experiencias educativas le están reportando mucho conocimiento práctico de pedagogía, el que confirma, refuerza y también contradice a veces la teoría aprendida en los libros. La síntesis que en su mente está fraguando es la de que la enseñanza, si aspira también a ser educación, debe reforzar la pragmática de los contenidos de saber que cada materia enseña con alguna otra asignatura cuyo contenido se dirija a enseñar a pensar, a juzgar, a criticar constructivamente las innovaciones que, mientras crecen, afectan tanto a los cuerpos como a las almas de niños y jóvenes.

En la escuela evidencia que esa preocupación por formar a los alumnos más allá de la materia reglada en el programa se intenta lograr con charlas o talleres, pero Linh considera que su efectividad es escasa porque no supone la organización de la mente para aprender a diferenciar lo importante de lo intrascendente de acuerdo a la referencia que a la verdad se haga. Ella está convencida que esa disciplina de la razón la encarna la filosofía, ausente en la enseñanza hasta los últimos cursos de secundaria, donde se enseña más de la filosofía su historia que las reglas para el  buen pensar.

En cada sustitución, sea la signatura que sea, Linh intenta en sus explicaciones añadir a la materia correspondiente algún procedimiento que le permita ganarse la atención de los alumnos a través de interrogarles sobre los porqués de que aquello sea así. Donde otro profesor se conforma con indicar el recorrido de los ríos desde el interior de los continente al mar, ella les cuestiona para que razonen sobre la lógica de que eso sea así; o porqué para una obra literaria el autor escoge un género en lugar de otro. Ella cree que hacer pensar a los alumnos sobre las condiciones de verdad de lo que aprenden no sólo favorece el hábito de razonar, sino que además permite mejorar la atención de los alumnos durante la clase. Esos porqués no constituyen materia de examen, pero sirven para examinar la realidad de los contenidos a aprender, que a Linh le parece lo más trascendente de la enseñanza.

Claro es que entre los profesores, alumnos y padres Linh encuentra partidarios de sus medios más intuitivos, mientras que de otros recibe la crítica de minusvalorar la transcendencia del desarrollo de la memoria y del hábito de retener los conceptos como son, no por qué son, pues ello podría desarrollar un escepticismo fatal respecto a la legitimidad de toda enseñanza. Linh se defiende alegando que ambos objetivos pueden ir paralelos, de modo que indagar sobre las causas de verdad de una proposición nunca ignora el contenido de la misma sino que lo refuerza porque la atención por analizarla ayuda a fijarla en la memoria.

El hecho de que unos profesores la critiquen y otros la estimen influye bastante en sus posibilidades de ser contratada para una sustitución, pues sus métodos favorecen animar la dinámica de la enseñanza en un centro dominado mayormente por la rutina. Coincidente con la primera sustitución de Linh en secundaria se produce la elección de un nuevo director, al jubilarse el catedrático de matemáticas que llevaba ejerciendo ese cargo desde hace veintitrés años. De entre la terna de candidatos que presenta el claustro de profesores a la Dirección Regional del Ministerio de Enseñanza, esta ha elegido al catedrático de Ciencias Naturales, Oidin Narpol, un hombre de mediana edad, gran capacidad de trabajo y más partidario de la innovación que el anterior. Da la casualidad de que un hijo de Oidin estuvo yendo a clases de francés con Linh, por lo que el nuevo director conoce personalmente desde hace unos años a Linh, a quien tiene aprecio porque, según su hijo, hacía las clases muy llevaderas.

Un día se encuentran en el vestíbulo de la escuela y aprovechan para saludarse.

-- Profesora Linh, mi hijo me ha encarecido que le dé un cordial saludo de su parte.

-- Muchas gracias. ¿Sigue estudiando francés?

-- Durante cinco años ha venido a casa un profesor, pero esta año el muy gandul dice que precisa ese tiempo para dedicarlo a entrenar fútbol.

-- Con los dos cursos que hizo en infantil más esos cinco años se creerá que domina el idioma.

-- No lo crea usted, lo que él piensa es que el fútbol es más interesante que saber lenguas. No considera que los idiomas pueden abrirle cauces de trabajo en el futuro.

-- Quizá se ha dado cuenta que sabiendo inglés le basta. Es la lengua que se está imponiendo en todo el mundo. Sufro esa carencia, pues en la escuela de mi país no se enseñaba, sino francés; ahora para aprender algo de inglés me apunto al repaso que mi marido hace con nuestras hijas en casa.

-- ¿Qué tal le va en la clase que imparte de Geografía? -- la pregunta Oidin.

-- Bien. Son buenos chicos mis alumnos.

-- Me han llegado noticias de que practica una pedagogía muy participativa.

-- Es que recuerdo que a mí me enseñaron la geografía a base a aprenderme de memoria nombres y nombres de ríos, mares, países, montañas, etc. --responde Linh--. Prefiero que no sólo se sepan los nombres, sino comentar sobre las condiciones de vida que favorecen cada uno de los accidentes geográficos. A veces una pequeña historieta sobre un río o un golfo les ayuda a situarlo en el mapa y recordar algunas características del beneficio que produce.

-- Para el curso que viene espero que consigamos incorporar material audiovisual para mejorar la actividad de la enseñanza. He presentado en la Dirección Regional del Ministerio una solicitud de fondos destinados a adquirir proyectores de diapositivas y magnetófonos para que sirvan de apoyo a los profesores en la enseñanza. Va siendo hora de que tengamos más medios que mapas y fotos --concluye el director.

-- Personalmente me parece muy interesante todos los medios de ayuda, pero no hay que olvidar usarlos de forma interactiva para mantener la atención de los alumnos, no vayan a creer que vienen al cine en vez de a estudiar --se atreve a replicar Linh.

-- A veces me desconcierta usted. No me lo tome como reproche, sino como halago.

-- Para mí enseñar es conseguir que tus alumnos amen la asignatura que les impartes; que sepas despertar en ellos la curiosidad por saber y darles medios para que indaguen dónde pueden aprender más.

Miró Oidin su reloj y se disculpó ante Linh de tener que cortar la conversación.

-- Me tiene que perdonar, profesora, pero tengo una cita con unos padres dentro de dos minutos en mi despacho. Seguiremos hablando.

-- Encantada de hacerlo. Un saludo para su señora y su hijo.
 

Capítulo 13

La vida para Loam y Cam ha sido muy satisfactoria pero nada tranquila en los pocos años que llevan en Ocean. La primera prueba que han superado con sobresaliente ha sido la de adaptarse a los caracteres de sus nuevos padres; la segunda, que les ha sido más costosa, sigue siendo aprender la lengua oceana y el inglés que estudian desde la escuela infantil; la tercera, la que más esfuerzo les supone, es ponerse al día en el nivel de conocimientos que les corresponde por su edad.

El trato con sus nuevos padres principalmente ha estado condicionado por la comunicación. Aunque con Linh se entienden desde el primer día en vietnamita, con Orga el proceso ha sido más dificultoso, pues en los primeros meses era menester la intermediación de Linh como traductora, pues por mucho que Orga intentaba expresarse con gestos, hasta estos parecían que tenían connotaciones diversas para mentes tan distintas en educación y edad como las de las niñas y él. Gracias a la rutina diaria la comunicación se hizo más ágil pasadas unas semanas, pues pronunciara lo que pronunciara Orga, si no estaba presente Linh, Loam y Cam intercambiaban entre ellas unas palabras y hacían lo que ellas interpretaban que correspondía hacer en ese momento, rectificando solamente si Orga decía "no", pues los monosílabos eran las primeras palabras que comprendieron de la lengua de su nuevo país. Orga no hace por aprender algo de vietnamita, manteniendo que a su edad la memoria no está programada para retener las formas gramaticales y léxicos de un nuevo idioma; realmente evita todo esfuerzo porque ha concluido en su fuero interno que el vietnamita no va a serle práctico para nada, así no sabiendo ni los rudimentos más elementales obliga a sus féminas a que en su presencia en el hogar hablen la lengua oceana. No obstante esa barrera expresiva con el padre, es con él con quien más directamente tratan para arreglarse y desayunar, ir y venir a la escuela, ver los programas de dibujos en televisión y acostarlas por la noche, aunque su madre se encarga de leerlas en vietnamita los cuentos que Orga consigue en un bazar oriental.

Loam y Cam se aplican desde el primer día en cumplir todo lo que se les encomienda. Su disciplina llama la atención de quienes las tratan, se nota que desde su más temprana infancia han sido educadas en el cumplimiento del deber, lo que es un fiel aliado para afrontar los retos intelectuales que han de superar a su temprana edad: Aprender dos nuevos idiomas a la edad de cuatro y seis años, cuando son fundamentales para relacionarse con los demás, añaden a la dificultad intrínseca del aprendizaje la presión mental de la necesidad de realizarlo para no quedar al margen del entorno social. Realmente para ellas el mayor interés está en la lengua oceana, con la cual entenderse para hablar y jugar con las niñas y compañeros de clase, pero también para seguir la trama de los dibujos animados, conversar con su padre y entender lo que dicen los cuadernos y libros de texto. Del inglés, tan usado en Ocean, sus padres lo limitan, para no saturarlas, a lo que puedan aprender en la escuela, pero ello no obsta para que, como tienen un nivel inferior a los demás alumnos, ellas se esfuercen para alcanzarlos. Precisamente es esa diferencia de conocimientos base lo que sus profesores han asumido como un reto para lograr la progresiva adaptación al nivel del curso en el que están. Es Loam la que más está notando haberse incorporado a los programas de primaria con el handicap no sólo de las diferencias de contenidos respecto a lo que había aprendido en el entorno familiar de Hué, sino que allí con las continuas interrupciones por la guerra incluso los conceptos más elementales se habían tratado superficialmente. A Cam, en cambio, salvo los primeros meses de despiste debido al cambio de lengua, le han bastado los dos cursos de aprendizaje en infantil para, al incorporarse a primaria, alcanzar igual nivel de comprensión que los restantes alumnos.

Ahora que el esfuerzo les corresponde personalmente a cada una es cuando están demostrando sus cualidades personales. Loam apunta interés por los temas sociales, por el compañerismo, es buena comunicadora y le gusta leer. Cam prefiere las cuentas, la inventiva, se está iniciando en el juego del ajedrez, le encantan los puzzles y resolver todo tipo de adivinanzas; se muestra menos sociable que su hermana mayor y en casa, contra lo habitual, es la hija mayor la que busca a la pequeña para jugar, pues esta se pasa las horas en su habitación entretenida consigo misma. Loam se interesa más por la actividad de la madre que la del padre, aprovechando a conversar en vietnamita siempre que no está presente Orga; a su madre le agrada hablar con ella en su lengua natal, por no perder la agilidad en hacerlo al tiempo que lo combina con el francés, el oceano y algo de inglés, además de que quiere que sus hijas no olviden esa lengua de su infancia, con la duda de que alguna de ellas en un futuro prefiera volver a Vietnam en vez de  vivir en Ocean.

Cam, al contrario que su hermana, prefiere que su padre la enseñe por adelantado a hacer cuentas antes de que lo lleguen a practicar en la escuela. Orga se muestra muy receptivo en darle gusto, ya que la agilidad mental para el cálculo que la niña evidencia la recompensa con creces del tiempo empleado en cada avance; de modo que es el padre el que tiene que poner límite a lo que para su hija se ha convertido en casi un juego, para que no se quede atrás en otras tareas, como el leer y escribir, habilidades que a Cam le cuesta progresar porque no pone demasiado interés en las mismas. Para su aniversario Cam le ha pedido a su padre que le regale una calculadora electrónica como la que él usa, aunque este se resiste a hacerlo por temor a que pierda con ella el hábito desarrollado para el cálculo mental.

Linh y Orga son muy conscientes de que sus hijas guardan memoria de sus padres biológicos, por ello, para que en ningún momento puedan plantearse conflictos, les han inculcado que ellas tienen dos padres y dos madres: los padres que las trajeron al mundo y las cuidaron en la primera infancia, hasta la guerra, y Linh y Orga que son sus padres actuales. Los nombres de Loam y Cam les recuerdan su vínculo con los padres que las trajeron a la vida y el apellido Saná el que las une a la actual familia. Como establece la tradición oriental, la referencia a los padres como los más directos antepasados de las niñas está presente en el imaginario espiritual que Linh las alecciona respecto a las realidades inmateriales del más allá; por ello, una vez a la semana, hacen las  niñas con Linh una ofrenda de incienso mientras las lee unas estrofas del libro de los versos relacionado con la protección que el Cielo ofrece a los vivos a través de la memoria de los difuntos. Aunque Linh ha intentado a través de su madre conseguir una foto de los padres naturales de sus hijas, no lo ha conseguido, pues por mucho que Mai se ha esforzado preguntando a quienes considera que tuvieron más relación con los padres de Lean y Cam, ninguno de ellos ha encontrado fotografías que los represente; por lo que Linh no ha conseguido ese regalo con el que pretendía sorprenderlas en la fiesta de cumpleaños de Cam.
 

Capítulo 14

En el mes de marzo de 1980 Linh, tras pasar dos exámenes, presentar una planificación didáctica y defender el trabajo ante el tribunal, va a comprobar las listas resultantes del concurso y constata que ha sido calificada con tan buena nota que puede dar por seguro que conseguirá una de las plazas ofertadas para la asignatura que ella pretende impartir: Formación Cívica. No le ha sido fácil conseguirla, pues ha tenido que aprender las leyes fundamentales del país que constituyen una parte esencial del programa de la asignatura. Ella había dudado si optar a la asignatura de Historia de la Filosofía o ésta, pero se decidió por Educación Cívica pues se ajusta más a su idea de introducir en sus clases conceptos esenciales de conciencia ciudadana. Es evidente que todas las naciones en su legislación troncal introducen la vigencia de valores sociales, por lo que Linh considera que le servirá la generalidad de esas leyes para desarrollar su teoría sobre las condiciones de verdad que las sustentan.

La plaza adjudicada no corresponde a la escuela donde ella lleva trabajando desde años, sino en un centro escolar de nueva creación situado en uno de los barrios del ensanche de la ciudad. El hecho de ser un centro recientemente erigido la anima a que pueda ser mejor entendida que si se hubiera incorporado a otro en el que el grupo de profesores ya estuviera acostumbrado a una serie de hábitos mutuos difíciles de remover por quien aspira a una enseñanza más eficiente y dinámica. A Linh le resulta evidente que los avances en pedagogía, que ella lleva estudiando durante los últimos seis o siete años chocan con las costumbres educativas de aquellos profesores que llevan dando clases desde treinta o cuarenta años; porque no sólo la ciencia de la educación ha hecho muchos  progresos, sino que la misma sociedad ha cambiado a pasos agigantados durante ese periodo de años. Su esperanza al elegir esa escuela del extrarradio, aunque por nota podría haber optado  a alguna de las plazas en el centro de la ciudad, es que la mayoría de los docentes sean jóvenes y puedan compartir con ellos sus ideales de renovación.

Cuando a últimos del verano se constituye el claustro escolar, comprueba con satisfacción a bastantes compañeros docentes de su rango de edad. En total son treinta y dos profesores, algunas más mujeres que hombres, del total calcula ella que la  mitad ha obtenido la plaza por primera vez, aunque muchos, como ella, poseen cierta experiencia porque han dado clases con contratos interinos. Al ser un centro de nueva creación la Dirección Regional del Ministerio de Enseñanza es quien designa al director, jefe de estudios y coordinadores de cada departamento docente. En el caso de Linh su asignatura está integrada en el área de contenidos sociales, que además de la suya contiene las materias de historia general y de las religiones, geografía, filosofía, lengua y literatura.

La Escuela 22 de Abril, fecha del aniversario de la independencia de Ocean, se ha promovido para descongestionar otros centros próximos que se encontraban saturados de alumnos; de modo que, aunque abre por primera vez, se ofertan clases en todos los cursos de educación primaria y secundaria, lo cual produce el efecto de que muchos alumnos se conozcan entre ellos, en función de los centros de que provienen, mientras que para casi todos los profesores alumnos son desconocidos, ello presagia una tarea docente muy intensa hasta tratar a cada cual para aplicarle la novedosa corriente de enseñanza personalizada que desde hace unos años se había convertido en la divisa del Ministerio de Educación. No obstante esta circunstancia, el profesorado, en esos días de planificación hasta la llegada de los alumnos, respira optimismo y ganas de trabajar. Cada profesor tiene que facilitar al Jefe de Estudios  la planificación de su asignatura para todo el curso, cosa que Linh puede redactar con mucha facilidad porque la tenía bien estudiada debido a que la tuvo que presentar ante el tribunal del concurso público para obtener la plaza de profesora.

Como cada profesor, tiene Linh una sesión de trabajo conjunta con el Director, Jefe de Estudios y Coordinadora de Área respecto a los contenidos de la planificación.

-- En primer lugar, Tao Thi Linh, como su identificación vietnamita antepone el apellido al nombre, lo contrario de nuestra costumbre, entendemos que debemos tratarla como profesora Tao. ¿Correcto? --pregunta Tom Rescall, Jefe de Estudios.

-- Perfecto, pues al casarme he conservado mi apellido original, aunque no sea una costumbre muy extendida aquí --respondió Linh.

-- He leído la planificación que nos ha presentado y la encuentro muy trabajada. No obstante quería objetarle que se separa algo del programa oficial, que es el objeto principal de la enseñanza a los alumnos y sobre el que se han de examinar.

-- Cierto en parte. Lo único que añado son los recursos de fundamentación lógica para que los alumnos puedan entender mejor los contenidos de la asignatura. No enmiendo el programa, ni lo amplío, sino que introduzco, ya que he impartido durante una sustitución en el centro de estudios Soyaron gran parte de la asignatura, mi experiencia para que los alumnos comprendan más fácilmente lo que dictan las leyes y los porqués de la realidad política de la nación. Explicando los valores y contravalores sociales se alumbra la inteligencia de los alumnos para que entiendan que todo el contenido del sistema social y político no se corresponde con una mera acumulación de preceptos, sino que es la razón la que conduce a regular esas exigencias de comportamiento comunitario.

-- El problema es que las horas lectivas anuales son las que son, no dejando mucho margen para florituras. Comprende que te lo comente, porque además en los dos cursos en que impartes tu asignatura, segundo y tercero de secundaria, los alumnos están muy saturados de trabajos --dijo Tom.

-- Precisamente el explicarles un poco de la lógica de Filosofía Social es para que en su cabeza entiendan la razón de los contenidos políticos, y no que memoricen contenidos sin saber realmente su causa y su fin --añade Linh como defensa.

-- Tu esfuerzo es encomiable --añade Lina Talmen, la coordinadora--, pero entraña el peligro de que en vez de aclararles los conceptos se les complique más el estudio.

-- Lo que debería haber, en vez de una asignatura que enseñe  a los alumnos el sistema político del país, es una enseñanza desde primaria de los contenidos esenciales de Filosofía Social, y en ellos incluir poco a poco lo referente a cómo el sistema del país lo concreta --insistió Linh.

-- Profesora Tao --interviene el director, Dilan Fromis-- tenemos el programa de estudios que tenemos, no otro, que quizá en su país funcione mejor. Con la Formación Cívica se pretende que los alumnos posean un conocimiento adecuado de la realidad política de su país, del mismo modo que estudian su arte, su geografía y su historia. Tener apreciación filosófica se le encomienda a la asignatura de Historia de la Filosofía; evidentemente esta asignatura facilita la abstracción, la lógica y la racionalización de la política, pero también es necesario que los chicos memoricen, aunque no lo entiendan del todo, cuáles son las instituciones principales del sistema social que los oceanos nos hemos dado. Para ello se estudia la precolonización, la influencia social que trascendió del dominio colonial, la revolución y la independencia. No intente añadir que entiendan la gestación de por qué esos procesos han sido así, porque a los trece y catorce años no entra en la realidad que les interesa.

-- Señor Director, le insisto que mi planificación no pretende sustituir unos contenidos por otros, sino fundamentar a los alumnos los criterios universales que de la ética trascienden al mandato de las leyes para obligar particularmente a cada ciudadano, a cada uno de nuestros alumnos, sobre su comportamiento. Que sientan ya las exigencias del bien común, de la solidaridad, de la justicia, etc.

-- No te estamos reprochando tus buenos ideales --añade el Jefe de Estudios--, sino avisándote que en los alumnos no vas a encontrar la predisposición del interés social que les supones, salvo alguna posible excepción. Lo necesario es que comprendan y aprendan los contenidos didácticos que marca el programa.

-- Les garantizo que lo conseguiré --afirmó Linh.

-- No lo pongo en duda --concluyó Tom.
 

Capítulo 15

No le está siendo fácil a Linh este primer año en la Escuela 22 de Abril. Contra del buen trato que siempre había recibido en la Escuela Nacional Soyaron, en su nuevo centro las facilidades que allí le dieron para trabajar aquí se han convertido en complicaciones. Comenzando por los horarios de clase que le han asignado, que la obligan a estar en el centro todas las horas lectivas, unas a primera hora de la mañana para impartir las de segundo curso y por la tarde para dar las de tercero. No es que ello sea un gran inconveniente, pero la obliga a salir de casa más temprano, de modo que ha tenido que ampliar el horario de trabajo de Fátima en la casa. Linh aprovecha el tiempo intermedio en le centro para preparar las clases y recibir a madres y padres de los alumnos sobre los cuales la dirección le ha encomendado seguir su rendimiento.

Pese a que las condiciones de trabajo no son las ideales, ella se ha comprometido a aprovechar la ocasión para transmitir a los alumnos sus propias emociones educativas. Así ha dividido en dos mitades la duración de las clases, dedicando la primera mitad a un diálogo entre los alumnos sobre las opiniones que estos poseen de la realidad social de su país referente al contenido de la lección a impartir; en la segunda mitad ya es ella quien explica los contenidos del programa, indicando a sus pupilos qué es lo que deben sintetizar y memorizar de cara a los exámenes. Para los alumnos ha supuesto una novedad que la profesora les haga intervenir, algo que a bastantes les costó abrirse en un principio, pero que con el paso de los días cada vez no sólo los chicos y chicas defienden sus ideas con más desparpajo, sino que llegan a clase con los conceptos más trabajados, lo que para Linh supone haber conseguido uno de sus objetivos: la atención participativa. También para ella supone su método una percepción expresa del nivel cultural que poseen sus alumnos sobre los contenidos sociales, así como la concordancia y disparidad de criterios que ofrecen, haciendo ella la función de moderadora resaltando de cada opinión las condiciones de verdad que quedan justificadas.

La buena acogida entre los estudiantes al método de Linh no se corresponde con parecida opinión por parte de algunos profesores y un grupo de padres muy susceptibles a todo lo que se aparta en la enseñanza de la rígida disciplina. Inicialmente son opiniones particulares, pero con el paso de las semanas los comentarios críticos contra Linh crecen mezclando la justificada diferencia de criterio educativo con aspectos más personales sobre la profesora. El hecho de que Linh sea de origen vietnamita, aunque tenga nacionalidad oceana, por tanto plenos derechos de ciudadanía, la incluye automáticamente como objeto de crítica para esa parte del país que se opone a que los extranjeros puedan ocupar cargos públicos. Muy posiblemente si procediera del Reino Unido no lo considerarían inapropiado, pues también oceanos has emigrado allá, pero, dado que en los últimos años de la guerra en Vietnam aumentaron los refugiados provenientes de ese país, ha crecido un prejuicio racial contra los nativos de allí. Quienes sostienen ese enfrentamiento a la profesora aducen el cargo contra ella de que no es justo que una extranjera ocupe una plaza de responsabilidad en la educación de los jóvenes, algo que podrían hacer mejor decenas de ciudadanos del país. El hecho de los métodos participativos que propugna sirven de arma arrojadiza contra ella ante la dirección del centro por quienes los consideran propios de una filosofía comunista capaz de deformar la conciencia de los alumnos.

Es cierto que ella utiliza la experiencia sufrida en su país para mostrarse muy crítica con la intolerancia de las ideas para formar consensos democráticos. Al comentar sobre la violencia, ella la vincula a la injusticia: "toda violencia crece en un substrato de injusticia", ha comentado a sus alumnos, malinterpretándose por aquellos partidarios del autoritarismo en la que ven una descalificación de la represión necesaria para sostener el orden público. El hecho de que Ocean sea una república con libertad para formar partidos políticos no impide que haya grupos de presión alineados ideológicamente con los bloques militares de la guerra fría que, desde los años sesenta, se extiende por todo el planeta. Linh  se cuida mucho de no tomar partido ni siquiera por los bandos que confrontaron en la guerra de su país, ya que hace bandera de una tercera vía ideal entre el capitalismo y el comunismo que colme las expectativas de paz y libertad del pueblo, tantas veces utilizado con un falso patriotismo para con ello gobernar para el interés de sólo una parte reducida de su conjunto. Ella en su enseñanza insiste a los alumnos que los valores sociales de la solidaridad, la justicia, la igualdad de oportunidades, la transparencia, la libertad... sólo trascenderán al Estado si los ciudadanos asumen responsablemente hacerlos realidad en su afán diario.

La onda de estas críticas a la profesora Tao trata de afectar al grupo de dirección de la escuela, pero estos, en contraste a la acervada actitud de algunos padres y profesores, constatan cómo los alumnos están contentos de la forma en que Linh lleva sus clases, de modo que la asignatura de Formación Cívica, como la de Historia de las Religiones, que habitualmente posee poca receptividad para los jóvenes, en esta ocasión para los alumnos ha incrementado su atractivo, debido a que, como Linh les indica por adelantado los temas a exponer cada día, se preparan para quedar bien ante los compañeros. Como parece cierto que sus métodos funcionan, aunque no sean del agrado de todos, tanto el Jefe de Estudios como el Director aguardan a pronunciarse al resultado que ofrezcan los exámenes respecto al dominio por parte de los alumnos de los objetivos concretos marcados por el Ministerio; quizá, como sostiene la coordinadora Talmen, haya dado la profesora Tao con la tecla de motivación que necesitan los jóvenes para interesarse por los contenidos sociales.

Linh se encuentra afectada por las diatribas personales en razón de su país de origen, quizá también por su juventud, quizá además a causa de que no participa en la división de buenos y malos con que los grupos ideológicos catalogan al resto de la sociedad en función de sus propias creencias, pues la pasión sectaria juzga con frecuencia más por afinidad que por lógica. El mayor ánimo lo encuentra en algunos profesores y sobre todo en Orga, cuyas conversaciones diarias constituyen un poderoso apoyo con el que enfrentar la siguiente jornada.

-- ¿Qué tal hoy por la escuela? --pregunta Orga a Linh cada noche después de cenar.

-- Ya sabes: buenos los chicos y maliciosos algunos profes y padres. Son siempre los mismos, que se consideran con derecho a vilipendiar a los demás que no siguen sus ideas. Me recuerdan a los fanáticos de mi país, de uno y otro bando, que condenaban la libertad de conciencia de quien simplemente se mantenía en la lógica de una sana moral. Lo que más me preocupa, aún no ha pasado, es que los padres induzcan a sus hijos a revelarse en clase.

-- Tus alumnos ya son mayores como para pensar por su cuenta.

-- Pero siguen muy influenciados por los padres. A mí no me importa que en clase opinen lo que sea, pero sosteniendo el respeto con las ideas de los demás, que es precisamente la didáctica que me esfuerzo en imbuirles. Si consigo que entiendan que la democracia está más en convencer que en vencer, sólo con ese concepto, como resumen de todo lo aprendido en el curso, me daré por satisfecha.

-- También tendrán que saber lo que sobre nuestra sociedad les impone el programa --añadió Orga.

-- Eso lo doy por supuesto, porque ahondando en las causas se comprenden mejor los efectos. Frente a los que reivindican la memorieta de los nombres y las fechas de los acontecimientos, cuando se aprende el contexto que da origen a los hechos relevantes la retentiva en la mente mejora.

-- ¿Eso sirve también para lo que dictan las leyes? --le interrumpió Orga.

-- Pues sí, considerar como evoluciona la sociedad, posicionándose a través del reconocimiento de los derechos que concretan el bien común, es una forma de que se asimile la realidad social en la que se vive; en la que importa en qué se puede reconocer la democracia, más que la proclamación que de ella puedan hacer los artículos de la Constitución.

-- ¿A ese nivel quieres que estén tus alumnos a los catorce años?

-- Al menos que se empapen de algunos principios elementales que deberían haber recibido en los cursos de primaria --afirmó Linh--. Creo que llegan a secundaria con falta de sensibilidad por lo social, para muchos la experiencia de colectividad se reduce a la familia, cuando desde años deberían estar experimentando las ventajas de los valores sociales en la convivencia escolar. Por ejemplo: que el trabajo en grupo no sólo favorece la dinámica de comunicación, sino que también es un método por el que cada alumno debe preocuparse de ayudar a quien advierte con dificultad de comprensión. Hay que considerar la escuela como un equipo de trabajo, no un lugar de lucimiento de las capacidades individuales, que es lo que pide el cuerpo a los niños desde la educación infantil.

Para Linh es un consuelo encontrar a Orga dispuesto a escucharla cada día, pues, aunque ha encajado con un buen grupo de profesores, en el trato con otros tiene que estar midiendo las palabras, ya que a ella le parece que están esperando a que cometa la mínima inconveniencia para atacarla en su sensibilidad. Saberse bien querida de unos compañeros de trabajo y desdeñada de otros es lo normal en cada comunidad laboral, pero si la que lo padece es a causa precisamente de querer dar a su profesionalidad  un paso adelante en innovación la repercute en la seguridad de que esté avanzando en la dirección correcta. Por ello Linh, que confía en la sensatez de Orga, le expone las contradicciones a que la someten para contar con la visión de una persona madura y originaria del país, sabiendo que él es sincero en sus opiniones, sin halagarla, sino procurando mostrar aquello en lo que podría ser que no se encontrara acertada por las condiciones específicas de la situación.
 

Capítulo 16

En los tres años de andadura, la emisora que los alumnos de la universidad crearon para reivindicar valores humanísticos en la enseñanza ha sufrido una gran transformación: Philips, aquel estudiante que pretendió a Linh, gran aficionado a la música juvenil, ha ido trabajando para redirigir la emisora desde su inicial objetivo divulgativo de contenidos de pensamiento social a que sea una emisora semiprofesional, aunque vinculada a la universidad, para la difusión de música moderna. Con el beneplácito del decanato de la facultad de Ciencias de la Información, dedicándose la emisora principalmente a la música ha conseguido emitir a diario durante dieciséis horas, constituyéndose en un buen recurso de prácticas para el alumnado. Obtenida de la autoridad gubernamental del departamento regional de Abierta la licencia de una banda FM, el empeño de Philips y sus amigos ha sido posible tras conseguir patrocinadores que sufraguen los gastos y concedan becas para remunerar a los alumnos que trabajan en la emisora.

Ha sido una pausada pero continua evolución, aumentando poco a poco los horarios, los programas y la audiencia. Evidentemente difundir contenidos musicales a gusto de la juventud supone un reclamo de atención no sólo para los alumnos de la Universidad de Abierta, sino también para los estudiantes de primaria y secundaria y los muchos trabajadores que se acompañan de la música en sus quehaceres, lo que ha permitido a los promotores acceder a una publicidad impensada cuando estaba enfocada exclusivamente a la información sobre la vida universitaria y el humanismo.

Siempre tutelada por el decanato de Ciencias de la Información, la nueva deriva de la emisora no ha olvidado la razón de sus orígenes, de modo que el reclamo de la música ampara la transmisión de noticas universitarias, en breves cuñas entre presentaciones y canciones, así como una reserva de espacio para seguir difundiendo criterio sobre los valores sociales, a través de entrevistas, tertulias o pequeñas clases magistrales estratégicamente situadas a lo largo del día para, a ser posible, despertar en los oyentes en interés por el tema. Si en un principio los humanistas recurrieron a la radio como medio de difusión de su mensaje, ahora es cuando reconocen haber logrado encajar a través de la pasión por la música la oferta de animación social.

Al proyecto sigue vinculada Linh, pues sin haber perdido el contacto con Philips, que ocupa un destacado papel en el comité de gestión de la emisora, este la ha convenido para sostener un pequeño programa de media hora dos veces por semana, dedicado a impulsar el papel del pensamiento social en la vida ciudadana, en especial a través de la educación. Como el programa es en diferido, a Linh le han ofrecido la posibilidad de grabarlo cuando sus obligaciones profesionales y familiares se lo permitan, de modo que muchas semanas incluso graba dos programas de seguido aprovechando una única visita a la sede de la emisora universitaria. En estas emisiones Linh explica modos de divulgar los principales contenidos de la Filosofía Social en la educación, aplicaciones posibles a la vida ciudadana y contenidos de ética, dirigiéndose muy especialmente a quienes realizan estudios universitarios con la perspectiva de dedicarse a la enseñanza en cualquiera de sus niveles.

Tanto en la Escuela 22 de Abril, donde trabaja actualmente, como en la Escuela Nacional Soyaron, donde hizo buenos amigos entre los profesores de allá, son varios quienes siguen sus programas radiofónicos. No faltan tampoco, en uno y otro centro quienes opinan desacertado el protagonismo que busca con esa dedicación. Muchos desconocen cómo ella influyó en la creación del proyecto radiofónico universitario, y que por tanto su colaboración está enraizada al primigenio fin de fundir la virtud de humanidad como aportación de la espiritualidad del pensamiento oriental a los influjos intelectuales de la civilización occidental. Linh reconoce que muchos de los dictados tradiciones del pensamiento confucianista están dirigidos para el buen gobierno de las comunidades remotas y de difícil directa aplicación en la modernidad democrática, pero no así los contenidos éticos que definen al hombre superior, sumamente rentables si se considera que la democracia deposita en cada persona la responsabilidad de la soberanía popular. Superar la estratificación social heredada de los imperios orientales, generando la igualdad de oportunidades para todo el pueblo, obliga a cada individuo a cultivar la altura moral e intelectual propia de quien se estima llamado a dirigir el gobierno de los pueblos, reasignando, como reconoce la Filosofía Social, que todas las relaciones humanas de poder se configuren como relaciones de servicio y no como instrumentos de dominio.

Como bien le han explicado a Linh durante sus años en la Facultad de Filosofía, la postergación del papel de esta disciplina dentro de la cultura contemporánea hace que su influjo sobre la sociedad sea cada vez menos relevante; en siglos anteriores el desarrollo del pensamiento metafísico corrió parejo al estudio de las ciencias, la economía, la moral y la religión, el contenido del saber se contemplaba desde todas sus perspectivas, lo que, aunque no impedía que unos criterios se impusieran sobre otros en medio de grandes contradicciones, al menos los hombres cultos se escuchaban con la humildad de aprender de las otras disciplinas en qué podría  cada uno aproximarse con más garantías a la verdad. Los progresos intelectuales se imponían de por sí, porque siempre la verdad ha vencido al error, pero en ese afán todos los eruditos admitían que los contenidos de verdad definidos lo eran en función de las condiciones materiales sobre las que se habían experimentado, admitiendo que en supuestos distintos, como a los que a veces se refiere la abstracción filosófica, se puedan admitir conclusiones distintas. Si el desarrollo tecnológico había en los dos últimos siglos desplazado al interés por lo concerniente al espíritu, sin ofrecer respuestas convincentes a realidades universales como los porqués de la vida, de la muerte, del bien, del mal, del origen de la existencia, de la excepcionalidad del ser humano, etc., tampoco las ciencias sociales habían logrado corregir las causas de la injusticia, de la guerra, de los exterminios masivos de personas o de la degradación de las condiciones futuras de habitabilidad del planeta, como las recientes corrientes ecologistas estaban denunciando. Precisamente esos reductos existenciales para los que el materialismo científico no alcanza a encontrar lógica justificación son los que animan a los pensadores actuales a buscar respuestas coherentes a partir del análisis de realización de la conciencia, tanto en el plano social como en el personal.
 

Capítulo 17

Por razones de trabajo Orga con cierta frecuencia tiene que viajar y permanecer fuera de casa durante unos días, en esas ocasiones Linh se tiene que hacer cargo de llevar y recoger las niñas a la escuela. Es en esas situaciones cuando ella advierte la inmensa labor que su marido hace en el hogar. Se han compenetrado de tal manera que concilian ambos la vida profesional y familiar, contando con la estimada ayuda de Fátima, siendo causa de orden y paz en el hogar; no obstante, cuando Orga viaja toda la función que él hace recae sobre Linh, siendo días un poco estresantes para ella, pues, como no conduce, tiene que estar pendiente de los transportes públicos para cumplir con los horarios de sus hijas y los propios de su trabajo en la Escuela 22 de Abril.

Por suerte para Linh, Loam y Cam son bastante ordenadas y comprensivas con las obligaciones de sus padres, no importándoles aguardar en la puerta de su escuela el tiempo que sea necesario. Por su edad, de diez y ocho años, no deben desplazarse por la ciudad solas y cuando su madre se retrasa aguardan jugando juntas sin mayor preocupación de no molestar a nadie que transite por la acera. A las niñas les encanta hacer compras al regreso a casa, pues, aunque Orga y Linh prevén los días anteriores a la ausencia de él aprovisionarse en el supermercado, siempre surge algo que adquirir en alguna de las tiendas próximas al itinerario de regreso a casa.

Tras cenar, cuando las niñas se acuestan, es cuando Linh más echa de menos la presencia de Orga, aunque a diario él la llama por teléfono a esa hora para saber sobre el transcurso del día de sus hijas. Tras la información que ella le da, comentan algo sobre el trabajo de cada uno y luego cortan la conversación ya que las conferencias se tarifan por minutos y supone un gasto extra. A veces Linh intenta leer un rato, pero, entre el cansancio del trabajo y la atención a las niñas, los más de los días pierde el hilo de la atención al libro y se encuentra meditando sobre la realidad que vive y cómo pudiera haber sido tan diferente su vida si no hubiera conocido al hombre en quien ha encontrado la protección perfecta. Reflexiona a veces sobre la soledad en que ha quedado su madre, en esos momento hace propósitos de escribirla con más frecuencia, compromiso mental que la mayoría de las veces no cumple. Su imaginación la conduce a pensar cómo podría haber evolucionado su vida en Vietnam si su madre no se hubiera empeñado en que saliera del país, causa principal de cuanto de favorable le ha ocurrido posteriormente; considera los hipotéticos padecimientos que le habría deparado los muchos años de guerra y cuán difícilmente habría concluido los estudios que ahora ha cursado; eso sí, habría compartido cuidados y cariños con su madre y hoy viviría en la República Socialista de Vietnam adaptada a la realidad que allí se había establecido. ¿Se habría casado? Se responde que sí, con un chico de su edad, aunque los jóvenes no proliferaban ya que muchos habían perdido la vida en los combates; el siguiente interrogante nunca faltaba en su consideración: ¿habría conseguido engendrar hijos?

Aunque nunca habían tenido ninguna alarma en la casa en que vivían, en esos días de ausencia de Orga cuando se acuesta Linh se siente insegura, lo que ella achaca al recuerdo del modo tan violento como la sorprendió aquel soldado americano que la violó. Antes de acostarse repasa que queden bien corridos los cerrojos de las dos puertas de la casa, comprueba una a una que cada ventanas está correctamente cerrada, observa desde el piso superior si alguien merodea por el pequeño jardín y asomándose al cuarto de cada una de sus hijas verificando que duermen plácidamente. Una vez acostada le cuesta conciliar el sueño, pendiente del menor ruido exterior para saltar de la cama a observar de donde procede. Tanto recelo no tiene a ella misma por objeto, sino sobre todo la angustia que pueda acaecerlas a sus hijas algún percance. Esa preocupación que procura no exteriorizar, por no mostrarse miedosa, aparece cuando Orga está unos días fuera de casa, afectándola con un estado de excitación nerviosa durante todo el día, que achaca a que no duerme con normalidad. Fátima, al percibir esa debilidad en Linh, se ha prestado a quedarse en la casa las noches que falte Orga, pero Linh, sin ocultarle su inquietud, se niega a aceptar su ofrecimiento confesando lo imprescindible que para ella es superar ese trauma, que, como cualquier fobia, no se sostiene en una razón objetiva al vivir en una entorno tranquilo y seguro, como ella misma reconoce que es la ciudad de Abierta. A pesar de que esos días deja el listín de teléfonos de urgencia abierto junto al aparato por si tuviera que recurrir a solicitar ayuda de modo inmediato, ello no calma su ansiedad, por lo que no se entrega al sueño sin repasar otro par de rutinas: subir a su habitación el atizador de acero de la chimenea, para tenerlo a mano, y probar el funcionamiento de una linterna que deja sobre la mesilla de noche, por si se produce un corte de luz.

Orga más de una vez la había aconsejado visitar a un sicólogo para que la ayudara a vencer el miedo, pero ella se niega en redondo aduciendo la poco frecuencia de los viajes de él. De alguna manera para ella constituye una defensa el que su marido sepa de sus temores, pues le supone una cortapisa para no frecuentar más sus desplazamientos que los muy necesarios; posiblemente el subconsciente de Linh le induce tales recelos también porque para ella la ausencia del marido la suponía un incremento de responsabilidad, que el cuerpo rechaza, acostumbrada como está a que desde casarse Orga supone para ella un apoyo inconmensurable, pues sin él ante cualquier nimia dificultad, fuera de las del ámbito de su propia actividad laboral, vacila como resolverla.

Orga está preocupado porque esos temores de Linh no los había detectado cuando la conoció. Para él era una mujer atrevida, como lo mostraba haber salido de su país sola, haber arribado a Ocean, haberse buscado trabajo y querer estudiar; en todas esas actividades no se traslucía un carácter asustadizo, sino, más bien, lo contrario; no fue hasta mucho después cuando pudo detectar detalles de desasosiego cuando él tenía que ausentarse unos días de casa, lo que no se justificaba considerando que ella había vivido muchos meses sola en Abierta antes de su matrimonio. En sus conversaciones Linh vincula esos pavores a la agresión sufrida en la oscuridad de aquel fatídico día a las afueras de Hué, alegando que para ella desde entonces la noche se le hace eterna, especialmente si se encuentra sola, lo que se había convertido en obsesión desde que habían adoptado a las niñas por el temor que pudiera acontecerles una desgracia a ellas. La inquietud de Orga no es tanto por el presente, sino que considerando que, habiendo él cumplido ya los sesenta años, aunque se encontraban bien de salud, cada vez con el paso de los años sería sobre Linh en quien recayera la responsabilidad familiar si él sufriera un grave deterioro de salud. Esto, que no se lo comentaba a su esposa, había comenzado a rondarle en la mente los últimos meses, coincidiendo con la insistencia de ella en su debilidad, cosa que se opone al tesón que muestra para llevar adelante todas sus inquietudes profesionales. La preocupación de Orga no está en la duda de la capacidad mental de ella para superar esas pequeñas adversidades, como de hecho lo hace, sino si pudiera existir una patología en la gestión del subconsciente que pudiera complicarse con el tiempo, cuando ahora pudiera tener fácil tratamiento.
 

Capítulo 18

Linh entró en casa al regreso de la escuela, en el estar encontró a Loam siguiendo en la televisión un programa de parodias en inglés.

-- Buena tardes, preciosa, ¿cómo te ha ido el día?

-- Muy bien mamá --se levanta para darle un beso--. Déjame que pierdo el hilo de la conversación.

-- ¿Tu padre?

-- Arriba, con Cam, haciendo deberes.

-- Subo.

Entra en el cuarto donde están los dos calculando cuentas sobre la mesa.

-- Ya estoy en casa --les saluda Linh.

Cam se levanta a besar a su madre; a continuación ella se lo da a Orga, que la dice:

-- Sobre la cómoda te he dejado una carta que ha llegado de tu madre.

-- ¡De mi madre! ¡Qué alegría!

Entra en la alcoba y antes de cambiarse la ropa está abriendo el sobre que venía de Hué. Lee:

"Mi muy querida Linh, mi querido yerno, mis encantadoras nietas: repartiros un montón de besos.
En primer lugar comunicaros que me encuentro bien de salud y de ánimo. Por fin en esta tierra disfrutamos de paz y mucha seguridad, pues la nueva policía controla que no haya ningún tipo de desmán, ni la mínima agresión. Es como si el mundo se hubiera vuelto del revés: antes, todo incertidumbre y miedo; ahora, todo control, muchas veces excesivo y no falto de cierta represión con quienes se muestran disconformes con la forma en que se esta realizando la reunificación del país.
Quiero que sepáis que hace una semana me entregaron en mano una carta del Gobierno comunicándome que tu hermano Tao Van Dung falleció en septiembre de 1970 como consecuencia de la metralla recibida en combate. Sus restos, me dicen, yacen en una fosa común de la ciudad de Buon Me Thuot, en cuyo hospital no pudo superar una gangrena a pesar de que le amputaron una pierna. Después de tantos años nos confirman lo que suponíamos respecto a que descansa allá con su padre y todos nuestros antepasados. Quizá esta notificación, que no esperaba, es la respuesta a la infinidad de velas e incienso que he consumido para calmar mi ansiedad de saber de él.
Por ser caído en guerra por la liberación del país, y yo encontrarme viuda, me conceden una pequeña pensión vitalicia, cuyo primer pago de diez mil dông lo he podido cobrar esta semana en el Comité Regional de Protección Social.
Como ya os he ido contando, algunas estructuras sociales están cambiando, de modo que se ha consumado la creación de la cooperativa de derivados de la leche, por lo que me he integrado a hacer los quesos en una nave de Hué donde trabajamos en colaboración las catorce personas que en los alrededores hacíamos queso en casa. La leche la proporciona el Gobierno, que ha incautado toda la ganadería lechera de la zona y reparte los beneficios que genera la cooperativa entre los ganaderos y quienes elaboramos el queso. No he considerado dinero mejor invertido que el de la financiación de tu marcha el extranjero con la venta de las vacas y el establo. Con lo que nos reporta el trabajo en la cooperativa, la venta del maní y  la pequeña pensión que me han concedido tengo para vivir con suficiente dignidad.
La ciudad de Hué está siendo reconstruida. Grandes edificios y avenidas sustituyen a las casas tradicionales. Es una pena, pero todos comprendemos que en pleno siglo XX no tiene sentido reedificar una ciudad como si estuviéramos siglos atrás. Se habla de que el cinturón urbanístico puede llegar a incluir nuestro arrabal, en cuyo caso nuestra casa sería expropiada. El hermano de tu padre, Tao Van Chí, me ha visitado desplazándose con su hijo desde Hoi An, para insistirme en que su casa está abierta a recibirme si tengo alguna necesidad. Su hijo, que ocupa un cargo en el comité de reconstrucción local, me ha dicho que le sería posible conseguirme la asignación de un apartamento en la ciudad si expropiaran los terrenos de nuestra vivienda. Yo le he dicho que del mañana aún no sé, pero que hoy por hoy, si no cambian las circunstancias de vida prefiero quedarme a vivir aquí en Hué; aunque parezca que estoy sola no lo es, porque me desplazo en el nuevo autobús cada día hasta la cooperativa y allí he hecho amistades con quienes en los días libres quedamos para pasear, ir al cine o salir de compras. Mientras el cuerpo aguante es preferible no encerrarse en casa; la ocasión del trabajo en la cooperativa me ha permitido conocer más gente y hacer más vida en la ciudad, por lo que si más adelante tengo que trasladarme allí no va a importarme demasiado.
Me alegré que hayas conseguido esa plaza en una escuela estatal, es una seguridad para el futuro y un índice de que vales más de lo que crees. No se equivocaban tus maestros cuando me decían que tú harías carrera. Lo que me da pena es que tu padre no esté aquí con nosotros para disfrutarlo.
No dejes entre tus muchas obligaciones de sacar tiempo de vez en cuando para escribirme; sabes que tus cartas son para mí el mejor tónico, porque me llenan de ganas de vivir, pues aunque físicamente estemos muy alejadas, como pienso en ti y tu familia de continuo, es como si estuvierais a la vuelta de la esquina. Haz feliz a Orga y que él te devuelva la misma felicidad multiplicada por dos. Para Loam y Cam que sigan tus pasos y estudien mucho, que las jóvenes deben saber tanto como los hombres; que no olviden nuestro idioma, practicarlo en casa, y que lo escriban y lean, pues no sabemos si algún día querrán volver a sus raíces.
Mucho besos para todos de vuestra madre y abuela: Trân Thi Mai."
Linh vuelve a doblar la carta e introducirla en el sobre. Sale del dormitorio y se dirige a las niñas:

-- Ha habido carta de la abuela. Si alguna queréis leerla, está en la alcoba.

-- Yo primera --exclamó Cam corriendo hacia la habitación.

-- ¿Y la lección? --le increpó Orga.

-- Papá, en cuanto acabe seguimos.

Mientras Cam lee despacio la carta porque la letra de la abuela no es muy clara, Orga le pregunta a Linh:

-- Alguna nueva importante.

-- El Gobierno le ha confirmado que mi hermano murió en combate. Realmente en el frente de batalla no, pero fue herido grave en una pierna, se gangrenó, tuvieron que amputársela, pero paree ser que era demasiado tarde y falleció.

-- ¿Cuándo ocurrió?

-- Mi madre dice que la notificación da la fecha de 1970.

-- Han tardado diez años para comunicarlo.

-- Realmente cuatro desde la reunificación. Pienso en los miles y  miles de misivas que habrán llegado a las familias con mensajes como este. De alguna manera, te da cierta tranquilidad saber como ha terminado la vida de un ser querido; por mucho que lo supongas es como si no pudiera descansar con nuestros antepasados sin que haya sido reconocida su muerte fehacientemente. Para mi madre creo que habrá sido de gran consuelo. Además, le han reconocido una pequeña pensión.

-- Le vendrá bien.
 

Capítulo 19

En el verano de 1981, La familia Saná decide desplazarse desde la costa a la ciudad de Pistos en el centro del país, capital del Estado, de donde procede Orga y reside una hermana a cuya familia no había, en los años transcurridos, devuelto la visita que les hicieron con motivo de su enlace matrimonial. Aunque por carta se comunican con relativa frecuencia, la relación entre ellos no es fluida sino bastante formal, lo que justificaba que hubiera pasado tanto tiempo sin que se hubieran reunido.

Cuando Orga decidió hacer estudios universitarios, escogió la universidad de Abierta para tener una vida independiente de los padres; una vez que se licenció buscó trabajo en esa cuidad, que era realmente la capital económica de Ocean. Hasta primeros de los años sesenta, en que muy seguidos fallecieron primero su padre y a los pocos meses su madre, Orga los visitaba un par de veces al año; luego, como a la casa de los padres se trasladó a vivir su hermana con su familia, empezó a sentirse un poco incómodo, aunque sus sobrinos le recibían con bastante alborozo. Los últimos años, en que los sobrinos ya estaban crecidos, estos por distintos motivos frecuentaron visitar al tío en Abierta, por lo que él fue distanciando sus viajes a Pistos, de modo que llevaba fácilmente una quincena de años sin ir allí.

Cuando acudieron a su boda su hermana y su cuñado, a Orga no le pasó desapercibido que se mostrasen recelosos de que, tras tanto años de soltería, se casase con una chica extranjera a la que sacaba treinta años de edad. Reconocía que había motivos para ello, pero no recibió con agrado que se mostraran distantes de Linh, como si no consideraran muy conveniente su inclusión en la familia, no tanto por su edad sino por su etnia. Estos prejuicios aumentaron cuando siete años más tarde recibieron la noticia de la adopción de Loam y Cam, pues no les cuadraba ese proceder sino porque fueran hijas de una relación anterior de Linh en su país, concebidas de muy joven, a los catorce años calculaban para la mayor, de la que no habían sido advertidos los días de trato con motivo de la boda; proceder que consideraban impropio de la confianza debida entre hermanos, así como causa de que en tanto tiempo no los hubieran visitado en Pistos.

Orga y Linh han reservado dos habitaciones comunicadas en un hotel residencial a las afueras de la ciudad, con una buena piscina y canchas de tenis, pues Loam entrena ese deporte en la escuela y el hotel oferta clases de perfeccionamiento con un entrenador. Para ellos la visita a la familia de Orga reviste un claro objetivo de conciliación, pero el fin de esas vacaciones también es que sus hijas conozcan la capital del Estado, los edificios institucionales, los barrios más antiguos..., de modo que han concertado fechas en que sus cuñados están en la ciudad, aunque no han aceptado el ofrecimiento que les han hecho de que se alojen en su domicilio, que, como dijeron, también es la casa de Orga, pues nunca la habían dividido siendo siendo herencia común de los dos hermanos.

Orga había mencionado alguna vez a Linh antes de contraer matrimonio que los bienes de los padres no se habían repartido al morir, de modo que de acuerdo a la legislación de transmisiones patrimoniales del país le correspondía la mitad de la casa paterna, pues el capital mobiliario que sus padres poseían a su fallecimiento Orga y su hermana se lo habían repartido a partes iguales, dinero que él empleó para la compra de la casa de Abierta. La intención de Orga respecto a la casa paterna es que mientras vivieran en ella su hermana o su cuñado dispusieran del uso, y sólo en el caso de enajenarla repartieran su valor. No obstante, ni siquiera eso lo habían comentado entre los hermanos, por lo que es uno de los asuntos pendientes que Orga desea consensuar y dejar legalmente resuelto, a fin de que si él faltara las familias no entraran en litigios. Así que en una visita a la casa paterna, mientras las niñas se bañan en la piscina con uno de sus primos, los dos matrimonios abordar la cuestión.

-- Lo que no entiendo es que, siendo esta vuestra casa, os hayáis ido a un hotel, para una vez que venís --dice Natia, la hermana de Orga.

-- Estamos más independientes para seguir las rutinas de los horarios de las niñas --responde Linh.

-- Aquí gozaríais de la misma libertad --añade Berna, el cuñado.

-- Pero una quincena son demasiados días de visita y pueden incomodar --dijo Orga.

-- ¿Incomodar? Es que estáis en vuestro derecho de usar la casa --comentó Berna.

-- Antes, cuando venía yo solo era distinto.

-- Si no me falla la memoria, desde que falleció mamá, si has vuelto ha sido de pasada. Como te comunicamos cuando nos trasladamos aquí, ello no suponía que perturbáramos tu derecho. Te corresponde la mitad de la casa y nunca hemos puesto en duda tu derecho a usarla --aduce Natia.

-- De eso me gustaría hablar. Mi voluntad es que mientras utilicéis la casa vosotros la disfrutéis con pleno derecho, como lo habéis hecho desde tantos años y a nuestros padres les hubiera gustado que fuera así; otra cosa es que si un día se vende, repartamos entre las dos familias su valor. Me gustaría que aprovechemos estos día que estamos aquí para regularizar ante notario ese derecho de uso, si no tenéis nada en contra.

-- Posiblemente es lo mejor --interviene Berna--. Así ajustamos también, para que no pueda haber malentendidos, que nos encargamos nosotros de todos los gastos del mantenimiento de la casa, como venimos haciendo.

-- Tú ¿que opinas? --dice Natia dirigiéndose a Linh.

-- Sobre los bienes patrimoniales de Orga, lo que él decida me parecerá siempre bien. Es él quien tiene la potestad de ejercer o no los derechos que puedan heredar nuestras hijas. De todos modos, como vosotros sois quienes habéis acompañado a los abuelos hasta su muerte, me parece lógica vuestra nostalgia por habitar la casa paterna; en nuestra cultura eso reviste mucho valor. Si algún día se vende, yo no intervendré para presionar a Orga que haga esto o aquello con el dinero, o que disponga en testamento una cosa u otra.

-- Parece que estamos bastante de acuerdo --apunta Berna.

-- Pues hablo con el notario y lo disponemos como os parece --concluye Natia.
 

Capítulo 20

La perspicacia mutua para convenir los asuntos relativos a la educación de las hijas entre dos personas de origen cultural tan distinto, como son Linh y Orga, se refleja en que es uno de los asuntos que más tratan en sus conversaciones. Ambos comparten la opinión del respeto a la libertad de las niñas para que desarrollen su personalidad según sus preferencias, pero al transmitirlas información para que la puedan incorporar a sus propias ideas, tanto el padre como la madre tiende a enseñar lo positivo de su experiencia personal, que en mucho refleja los valores humanos en función de principios y criterios acrisolados en la cultura tradicional en que se han educado cada uno. Linh se formó en la rama budista del confucianismo; los antepasados de Orga en tiempos de la colonización se convirtieron al cristianismo, en la confesión anglicana; así la religión constituye uno de los dilemas que puede atentar a la unidad familiar si, como es bastante común, cada creencia se proclama única verdadera y condena como error a todas las demás. Ese imaginario creado durante siglos es difícil de cambiar, aunque los últimos decenios de modernidad, con un mayor desarrollo de los medios de comunicación, tienden a difundir la tolerancia religiosa mutua como uno de los aspectos que más puede favorecer la concordia entre civilizaciones.

La república de Ocean se definió desde su independencia como aconfesional, permitiendo a todos los ciudadanos la práctica de cualquier creencia religiosa. El programa educativo de la nación incluye desde los 12 años a los 16 una asignatura troncal que trata de modo genérico la realidad histórica de la religión, cuyo contenido consiste en divulgar de las principales religiones que se practican en el mundo sus orígenes, su espiritualidad y sus preceptos. Existen en el país colegios regidos por practicantes budistas, musulmanes y cristianos, en las cuales se admite que, además de los contenidos didácticos de la asignatura reglada de Historia de las Religiones, se ofrezca a los alumnos como complemento, de forma voluntaria y fuera de currículum, una profundización en la doctrina y práctica de la religión de los promotores del centro educativo.

Al escolarizar a sus hijas, Linh y Orga han acordado que para ellas lo mejor era instruirlas en ambas religiones de sus padres y que de mayor decidan qué de cada una de ellas, o de otras que puedan cautivarlas, se incorpore a su vida como influjo de su propia sensibilidad. En cualquier caso, ambos están de acuerdo en que deben orientarlas hacia la libertad religiosa, pues los dos consideran que no son religiosos los Estados ni los países, y ni siquiera las confesiones, sino las personas. De hecho desde hace años Linh y Orga se acompañan mutuamente a oficios religiosos de una y otra religión, llevando a una o las dos hijas en función que consideren inteligible para ellas el desarrollo de las ceremonias. No obstante esa complicidad, contrastan con frecuencia sobre cómo perciben cada uno la incipiente personalidad de Loam y Cam.

-- El año que viene Loam cursa Historia de las Religiones y le será más fácil comprender que la diversidad de creencias no tienen por que mermar su fe. Me temo que vamos a tener mucho que aclarar, porque la pasión que pone por todo lo relacionado con la tradición confucianista la lleva a menospreciar cualquier valor en otra creencia.

-- Tienes que tener en cuenta --responde Linh-- que ella ya estaba en el uso de a razón cuando la adoptamos; allí, en el arrabal, todos practicábamos alguna de las ramas del budismo, por lo que para ella ha sido nuevo encontrarse con gente que piensa de modo distinto.

-- Lleva más de cinco años aquí, en su escuela hay practicantes de varias religiones y en casa tiene un padre cristiano. No me preocupa que se incline por el budismo, sino que crezca sin madurar que debe anteponer su libertad de espíritu a sentirse coaccionada a creer lo que alguien moralmente la obligue, por mucho que pueda ser la doctrina de sus antepasados. Cada persona cree lo que cree, ni siquiera lo que le gustaría creer. Ahí se encuentra el fundamento de la liberad religiosa.

-- Sabes que Loam, que es muy buena hija y nos quiere con locura, no por ello deja de tener una gran carencia hacia la familia y el país en que vivió hasta los seis años. Ya ves como insiste en hablar conmigo en vietnamita y me demanda que le cuente cosas de allá.

-- En eso tengo parte para bien o para mal, porque me esforcé en conseguir cuentos en esa lengua para que se los leyeras antes de dormir --añade Orga.

-- Las tres te lo hemos agradecido siempre. Igual que Cam pronto perdió el interés por el vietnamita y me cuesta que lo lea y escriba, a Loam todo lo oriental la apasiona. No soy yo quien la induce, sino que le sale de dentro.

-- Lo sé.

-- Conforme crezca y se relacione con más diversa gente es muy posible que modere esa actitud. Aquí, en Ocean, lo más probable es que se deje ganar por la tolerancia social que predomina. A mí no me parece negativo que reivindique su origen vietnamita, pues no puede desfigurar sus rasgos, pero entre tantos chinos en Ocean pasa casi desapercibida. En lo que creo que llevas razón es que tenemos que estar vigilantes en que no haga pandilla sólo con continentales --dice Linh.

-- Ella tiene que tener presente que posee la nacionalidad de aquí, aunque haya nacido fuera. No es una inmigrante, es ciudadana de Ocean, y me gusta que lo tome en consideración --afirma con vehemencia Orga.

-- Pero si le tiran nuestras tradiciones ¿qué le vamos a hacer? ¿Decirla que no es apropiado?

-- No coges mi preocupación. Te lo pongo más claro: ella es una chica ordenada, responsable, laboriosa y preocupada por los demás, me inquieta que esa forma de ser pueda constituir una atracción para captarla en una secta, de las variadas que hay aquí, en Ocean. De momento como las llevo y las recojo en el colegio, veo lejos ese peligro, pero en un par de años empezará a salir sola con las compañeras y para entonces tiene que estar preparada para valorar su independencia, no de nosotros, sino de cualquier grupo que pudiera constreñirla.

-- Que posea sensibilidad por lo espiritual no significa que no tenga los pies en el suelo. A su edad yo era un poco como ella, me dolía el sufrimiento ajeno, el que otras niñas no tuvieran algo que yo sí, las contingencias familiares de mis compañeras eran motivo de que rezara para que se resolvieran como si fueran mías. No sé si era así porque la inquietud de la guerra nos hacía ser más sensibles al dolor ajeno, pero esa intención no me inclinó nunca a integrarme en una comuna para poder llevarla a cabo. Me consta que Loam nunca me ha hecho una referencia hacia ello, ni que ella considere prioritario juntarse con gente de su etnia.

-- Puede que tengas razón. Pero me gustaría que fuera más abierta, menos introvertida, más sociable.

-- Sociable es, pues tiene tantas amigas como Cam --aduce Linh--. Lo que quizá le ocurre es que está más a gusto con quienes se entiende mejor, niñas poco frívolas.

-- Hablar de frivolidad respecto a niñas de doce años me parece inadecuado --la corrige Orga.

-- Me he expresado mal. Digamos niñas superficiales, que se miran demasiado al espejo, ven demasiada televisión y dan poca importancia a la cultura. A esa edad ya se empieza a manifestar la personalidad, no siendo extraño que se elijan entre ellas para formar grupo en función de sus tendencias.

-- Pues mi opinión va en la línea de que, entre esas preferencias, Loam valorare más la uniformidad que la variedad.

-- Ella creo que hace suyos tanto los problemas de los inmigrantes como los de los autóctonos. Lo que posee es una sensibilidad especial para quienes están fuera de su país de origen, porque de alguna manera, aunque sea nacional, sus recuerdos la vinculan con los de afuera --dice Linh.

-- No deja de ser curioso lo distintas que son las dos hermanas. Tan perfeccionista Loam y tan intuitiva Cam; para la mayor el orden es el fundamento del bien; la pequeña siempre anhelando el cambio y conocer de lo nuevo. Como dices: Loam va para filósofa; Cam, para científica.

-- El Cielo dirá. Lo que nos tiene que importar es que sean buenas y se sientan felices, tal como está el mundo de cambiante será necesaria la ayuda de los de arriba para no despistarse de esos objetivos --concluye Linh.

-- Permíteme que te incordie con estas cosas, pero como el futuro de ellas me cogerá bastante mayor, no puedo evitar plantearme de continuo cómo influir para prepararlas a que gestionen adecuadamente su porvenir.
 

Capítulo 21

La sección de secundaria de la escuela donde imparte clases Linh está asistida por un pedagogo al que ella tiene gran consideración: Liter, con una experiencia de más de 30 años de enseñanza a sus espaldas, tiene el convencimiento de que el fin esencial de la enseñanza es la formación intelectual de los alumnos, pero el medio para conseguirlo de forma eficiente es entender y atender a los profesores para que con su trabajo hagan posible conseguir el objetivo.

Linh, cuando comenzó a impartir clases de sustitución en diversas asignatura, allá en la Escuela Nacional Soyaron, se percató de la deuda de respeto a los profesores y a los mayores en general que los jóvenes de Ocean practican en comparación a la experiencia que ella trae aprendida de su juventud en Vietnam; allá, la autoridad del profesor formaba parte de la consideración que por idiosincracia se prestaba a los mayores, de modo que tanto chicos como alumnas los veneraban quizá más que a los propios padres. En Ocean la juventud presenta un carácter mucho más independiente, por lo que conseguir el respeto cada profesor tiene que ganárselo. Si en Vietnam la disciplina era la norma acostumbrada, Linh está descubriendo que en Ocean la disciplina no es asunto de conciencia, sino que se sostiene en base a un equilibrio entre la esperanza de una recompensa y el temor al castigo. Para ella eso se debe a un déficit de educación social, lo que ya había detectado en los años que dio clase en la escuela infantil.

Liter, el asistente pedagógico a servicio del profesorado, es un pionero en las escuelas del país en proponerse aplicar el concepto de atender a los alumnos, más allá de la mera instrucción, a través de tutorías personalizadas. Esa novedad pedagógica importada supone mucha complicidad del profesorado y una comunicación fluida con los padres de alumnos para concertar los criterios educativos que adolescentes y jóvenes deben recibir en la escuela y el hogar. En Linh, Liter encuentra una buena partidaria de sus métodos, integrándose ella en el grupo de profesores que, aceptando preceptuar a alumnos, voluntariamente secundan los planes que el pedagogo ha presentado al consejo de dirección .

La preceptuación consiste en que el tutor del alumno escucha de él, en una conversación personal, las dificultades que encuentra para un buen aprovechamiento de los estudios. Las circunstancias favorables y perniciosas para el rendimiento escolar comentadas con franqueza precisa de la sinceridad del alumno, lo que supone, de alguna manera, aceptar al tutor más como un amigo experimentado que una autoridad institucional. Por ello Liter ha propuesto que las tutorías sean experimentalmente como optativas, facilitando esa relación alumno-tutor mediante la concesión al alumno de la elección del tutor preferido entra los profesores dedicados a ello.

El tercer protagonista del sistema tutorial lo constituye la familia del alumno, que se entrevista con el tutor con la frecuencia convenida. Aunque Linh insiste a Liter en que debería ser preceptivo que ambos progenitores asistan a hablar con el tutor, tiene que admitir que la realidad que se impone es que acuden a la escuela más las madres que los padres, y sólo en una pequeña proporción lo hacen en común, como recoge el esquema ideal. Tutores, alumnos y padres tienen claro que hay temas que exigen confidencialidad, de modo que los alumnos y los padres pueden revelar al tutor contenidos sujetos al silencio de oficio pedagógico que el tutor no puede comentar con ninguna otra persona, ni siquiera las de los alumnos a los padres, ni las de los padres al tutelado.

Desde la Dirección Regional de Educación animan la implantación voluntaria del tutorado escolar, pero sólo la tercera parte de profesores se suman a ejercer esa responsabilidad de trabajo, unos porque consideran que ello les quita tiempo para la preparación de las clases y otros porque no se sienten preparados para esa aplicación novedosa; para subsanar la inexperiencia en esa relación personal con el alumno y su familia Liter se ha ofrecido a realizar durante el primer cuatrimestre del curso un taller para los profesores que deseen apuntarse, con vistas a que en el segundo cuatrimestre sea una realidad efectiva el servicio de tutorías para los alumnos que lo demanden. Dilan Fromis, como director de la escuela, dispone que esas charlas entre profesor y alumno, si no se realizan en zona exterior pública, se tengan en salas cuyas puertas se sustituyan por otras con vidriera transparente, de modo que se relativice la privacidad de esas confidencias a los contenidos orales de las comunicaciones, dejando a la vista los gestos y ademanes para que el alumno se sienta menos coaccionado.

Entre los padres y profesores más jóvenes es donde encuentra mejor acogida la personalización de la educación que pretende el sistema tutorial, siendo en el ciclo de primaria donde más alumnos se han prestado a ello, más por interés de los padres que de los estudiantes; en secundaria la propuesta ha sido recibida con más prevención, muy condicionada a que el profesor que ejerce la tutoría sea de los reconocidos con positiva empatía por los alumnos. Linh, que ha sido una de las profesoras más aceptadas por los alumnos como tutora personal, siente que una gran responsabilidad contrae con esa nueva actividad educativa y que posiblemente no se encuentra suficientemente preparada para ello. Realmente casi todos los tutores han tenido que recibir ánimo de Liter, quien les indica que como profesores están sobrados de capacidad para ejercer esa ayuda a la educación de los colegiales, consiguiendo o no el progreso buscado, pero que de ello lo peor que puede seguirse es que la atención prestada a algunas familias sea tiempo perdido, compensado con el mejor rendimiento escolar conseguido por quienes aprovechan la oportunidad.

Como Linh da clases en secundaria, sus tutelados corresponden a edades entre doce y dieciséis años, pues la jefatura de estudios ha considerado apropiado que los profesores tutores estén familiarizados con el nivel académico de los alumnos que apoyan. De las observaciones que extrae en sus primeras entrevistas conversa con Liter, quien se ha prestado a "tutelar a los tutores" en sus primera andadura.

-- Me ha sorprendido --manifiesta Linh-- que la mayoría de los chicos y chicas apenas tienen conexión con sus padres respecto a sus estudios, salvo en el juicio sobre el resultado de las evaluaciones.

-- Es que a partir de los doce años la independencia que reclama el adolescente incluye la gestión de su ámbito educativo. Mi interés porque arraigue la educación personalizada no es por tanto por la ayuda que pueda repercutir sobre los alumnos, sino por conseguir desde primaria que los padres se impliquen más en el rendimiento escolar y en la educación de sus hijos. Engrasar la transmisión entre profesores, tutores, padres e hijos no puede ser sino de gran beneficio para el resultado de la educación, pero fomentar la aptitud para ese hábito comunicativo sólo se consigue practicándolo --responde el pedagogo.

-- Aclárame: ¿son los chicos quienes desconfían de sus padres o los padres quienes se desentienden de los hijos?, ya que la falta de comunicación tiene que tener algún responsable, ¿o lo son por igual?.

-- Cada caso es cada caso. Por eso la labor del tutor está más en escuchar que en hablar. No se trata de intentar cambiar la personalidad de los alumnos, ni la de los padres; eso no es el fin de la pedagogía, sino darles herramientas para que recapaciten sobre su propia forma de ser y la perfeccionen. La causa de la falta de confianza entre padres e hijos muchas veces no procede sino de las circunstancias; de las ocupaciones y preocupaciones que conciernen a cada persona. Para que haya diálogo es necesaria la voluntad de las partes, si una de ellas a veces no está receptiva y otras es la contraria la que no está comunicativa, se va normalizando ese distanciamiento que tanto afecta a la pareja como a padres e hijos.

-- A mí no me parece apropiado que sea el tutor el que tenga que trasladar el descontento de unos con otros dentro de la familia, es como una intromisión inaceptable, aunque a veces parece necesaria para reordenar ciertos comportamientos --añade Linh.

-- El método indica la conveniencia de insistir a cada parte en la responsabilidad de escuchar. Se trata de motivar a los padres en lo que quizá desean, pero no saben bien cómo realizar. También hay casos de familias desestructuradas en las que lo que impera es el odio, aunque sea difícil de reconocer y admitir; en esos casos lo que se debe es asistir al alumno para que pueda encontrar fuera lo que no le dan sus progenitores.

-- ¿Eso cómo se logra? --pregunta Linh.

-- Fortaleciendo la voluntad del colegial. Lo importante en esos casos es que no trascienda a su relación con los compañeros el desencanto moral. Un buen grupo de amigos a veces es el mejor soporte cuando falla la confianza familiar. Los casos más difíciles, casi imposibles de reconducir, son cuando aflora una soledad melancólica que neutraliza la positividad racional; quien la padece es fácil presa de la abulia, el alcohol o las drogas y cuando se llega ahí se tiene perdida casi toda esperanza --Liter advierte que se frunce de preocupación el rostro de Linh, por lo que trata de reconducir el cariz de la conversación--. Esos casos no son lo habitual, y el protocolo escolar indica que sea el pedagogo, o un profesor especializado, quien auxilie a esos alumnos con necesidades especiales. Tú no te los vas a encontrar.

-- Menos mal. Empezaba a estar preocupada.
 

Capítulo 22

Las retribuciones que perciben Orga y Linh por su trabajo les permite llevar una economía doméstica moderadamente holgada, sobre todo porque Orga había amortizado hace años la hipoteca que solicitó para comprarse la casa en que viven. Ciertamente el incremento del costo de vida en Ocean se ha incrementado bastante desde la crisis del petróleo de 1973, ya que ni en la isla ni en los lechos marítimos de su plataforma costera existen hidrocarburos con los que producir la energía que consume el país, pero la inflación está contenida y los sueldos mantienen más o menos su poder adquisitivo, de modo que con el salario de Linh les sobra para soportar sin apuros el jornal que abonan a Fátima. Por ello a lo largo del curso 1981-1982, cada mes han ahorrado para sorprender a sus  hijas, coincidiendo con que Loam concluye el ciclo de estudios de primaria, con un viaje a Hong Kong, Pekín y Singapur.

Loam había manifestado con reiteración su interés por conocer la Gran Muralla China, y como sus padres saben de su pasión por la cultura oriental eligen ese destino como premio a las buenas notas obtenidas los años anteriores, que esperan se repitan en el curso actual. La sorpresa también incluye un regalo para Cam, que igualmente responde de modo notable en sus estudios, consistente en hacer realidad su ilusión por viajar en avión, pues apenas guarda recuerdo de cuando lo hizo a los cuatro años cuando viajó de Vietnam a Ocean.

El viaje también ofrece la oportunidad de compartir muchas horas los cuatro juntos, algo que las obligaciones profesionales de él y ella no les ha permitido en los últimos años. Tanto a Orga como a Linh la educación de sus hijas adoptivas supone una ocupación de primer orden, incluso más que para otros muchos padres, pues el hecho de haberlas adoptado ya crecidas implica un mayor reto, pues no cuentan con el bagaje del contacto personal a lo largo de la primera infancia. Para Linh esa tarea le ofrece un gran campo de experimentación de la realidad que entraña la educación, donde cuanto más profundizas en la sicología de un menor más reconoces como cada personalidad es tan rica que supera los modelos teóricos con los que parecía que se podía comprender a la totalidad de las personas. Orga insiste a Linh que la pedagogía choca con frecuencia con los muros del recinto propio de la ciencia de la sicología, la que sí era una disciplina absolutamente personalizada. Ellos como padres están experimentando cómo aquel carácter más homogéneo de sus hijas en los primeros años tras la adopción ahora deja paso a unas marcadas diferencias en la personalidad de Loam y Cam. Aunque ambos se han esforzado durante años en dar a las dos niñas la misma atención y el mismo cariño, la mayor conecta más con la forma de ser de la madre y la pequeña con la del padre.

Con doce y diez años, entre las dos hermanas frecuentan las controversias sobre la importancia de Ocean y Vietnam en el mundo; sobre las formas de vestir o la música preferida; sobre si es más importante Buda, Jesús o Confucio, pues Loam defiende la mayor antigüedad de los santos orientales y Cam la cercanía de Jesús, disputa que sus padres, cuando las oyen, resuelven diciendo que hay que aprender de las enseñanzas de los tres. Durante el viaje compiten por la ventanilla más ventajosa con la que observar las novedades que ofrecen los parajes que desde el avión observan, las peculiaridades de las ciudades que visitan y las especies animales que de vez en cuando las sorprenden por sus características novedosas. Sin duda para ellas, que nunca han salido de Ocean, un viaje así representa una impresión de la diversidad que reina en el mundo, aunque Ocean sea un país en el que conviven gentes de muy diversas culturas, lo que Loam y Cam conocen bien pues tienen compañeros en el colegio de etnias muy distintas, como ellas mismas lo son para los demás por su origen vietnamita.

En Hong Kong, primer destino en la ruta a Pekín, los cuatro admiran la dimensión de las recientes construcciones, con edificios que superan los doscientos metros de altura, cuando en Abierta y Pistos, salvo torres o minaretes de los templos, las edificaciones no sobrepasan los treinta metros; toman el tren suburbano, abarrotado de gente, para desplazarse por la ciudad, donde visitan calles y plazas rebosantes de comercios que exteriorizan la riqueza de una colonia estratégicamente situada con estructura de vida occidental. Al revés de Ocean, que consiguió su independencia del Reino Unido a mitad del siglo XIX, Hong Kong a partir de esa época es cuando ha ido incrementando paulatinamente su importancia como centro neurálgico de los intereses de occidente en el sudeste asiático; de ello la idiosincracia cosmopolita que la caracteriza respecto al resto del continente. Aprovechan la familia Saná para realizar algunas compras, como la máquina de fotografiar Nikon que anhelaba Orga, muchos carretes de fotografía para gastar durante el viaje, gafas de sol, deportivas y demás caprichos a los que ni los padres ni a las hijas acostumbran a gastar en Abierta.

El destino principal del viaje es la ciudad de Pekin, con su legado histórico, en el que destaca la excursión a la Gran Muralla. La ciudad se encuentra en periodo de transformación, alternando barrios donde convive una miseria, erradicada hace años en Ocean, con la urbanización de modernos edificios en altura dedicados a apartamentos y oficinas. Todo indica el cambio en que se encuentra sumida esta nación tras la revolución cultural, pues los transportes, las carreteras, los centros comerciales muestran un diseño de novedad propio de haber emergido en las últimas dos décadas. Cinco días tienen para visitar la ciudad y sus entornos, moviéndose en metro, combinado con autobús cuando tienen claro el recorrido y recurriendo al taxi cuando se sienten perdidos. El día siguiente a su arribo se desplazan a la Gran Muralla para que satisfacer el deseo de Loam, aunque también Cam queda admirada de la grandiosidad de la construcción defensiva, más por su ingeniería que por su estética, mientras que su hermana mayor comenta de qué manera estimaban su cultura los chinos como para haber invertido pacientemente durante años y años trabajo y riqueza para preservarse de los ataques enemigos. Al día siguiente visitaron el Museo de Palacio en el interior del recinto de la Ciudad Prohibida, residencia de los emperadores durante casi quinientos años; pudiendo solamente contemplar, además del museo, una pequeña parte del recinto imperial por encontrarse muchas edificaciones en restauración. Atravesando a la salida la plaza de Tiananmen, almuerzan la típica comida china que tan bien conocen los cuatro porque en Abierta existen muchos restaurantes especializados en esa cocina. Al día siguiente patean algunos barrios típicos y al atardecer acuden a cenar al mercado nocturno de Wagfujing. Los dos últimos días los dedican específicamente a visitar templos antiguos budistas, en los que Linh en alguno hace una ofrenda pidiendo por al bienestar y la unidad de toda la familia.

En Singapur sólo paran un día y medio, empleando la mayor parte del tiempo en visitar un parque recreativo con atracciones mucho más espectaculares que las que frecuentan en Abierta.

En el viaje de regreso Orga y Linh hacen balance de lo positivo que ha resultado esa huida de la rutina, por las satisfacción que sus hijas han mostrado de conocer más mundo. Escasos diez días han bastado para llenarse de impresiones, destacando, también las niñas, las que han recibido de contemplar una pobreza callejera que no existe en su país. Ese contraste les ha servido para comentar los padres a sus hijas que la miseria no sólo existe en las esporádicas noticias que la televisión ofrece de regiones deprimidas, sino que en importantes países conviven formas de vida tan aparentemente injustas.
 

Capítulo 23

Linh se valora suficientemente experimentada para la tarea de enseñanza, pero según avanza en la práctica de las tutorías empieza a considerar que le falta rodaje para la tarea de educación personalizada que pretenden las autoridades ministeriales. Lo primero que llama su atención es la diversidad de implicación de los alumnos respecto a su rol de aprendizaje, pues a pesar de progresivamente comprender mejor la forma de ser de los estudiantes oceanos, no puede evitar comparar su comportamiento con la memoria de cómo era la disposición de los jóvenes vietnamitas en la escuela cuando ella estudiaba allí. Se encuentra que mientras allá en Vietnam ningún alumno dejaba de llevar de casa las tareas encomendadas el día anterior, aunque para completarlas hubiera que haber trasnochado, en su clase hay quienes ni siquiera se han tomado el interés de leer los contenidos indicados; pero no porque prestaran poca atención a la trascendencia de su materia que ella enseña, sino que lo mismo hacían en lengua o matemáticas. Cuando se interesa en las tutorías por averiguar las causas de esa dejadez de bastantes alumnos, detecta que son muy diversas las razones que aducen unos y otros, lo que induce a que la respuesta del profesorado no sea simplemente la calificación negativa en las notas, sino que deben esforzarse en favorecer cómo esos chicos y chicas superan las contrariedades que les impiden valorar la importancia de sus estudios. Linh reconoce ahora el inmenso esfuerzo que supone ese objetivo de educación personalizada, pero también la efectividad que puede lograr.

La principal conclusión que saca Linh de su primeros meses como profesora titular y tutora en secundaria es la diferente mentalidad que existe en esa horquilla de edad entre los trece y dieciséis años, cuando unos aún siguen inmersos en la puerilidad de la adolescencia y otros se sienten agobiados por la inminente responsabilidad de la madurez. Hay quienes estudian por la inercia adquirida en los años anteriores y quienes ya juzgan la rentabilidad de unas asignaturas sobre otras respecto a su perspectiva de futuro; los primeros encuentran la dificultad en el creciente nivel de los conocimientos a adquirir y los segundos en su disposición de interés respecto de unas materias sobre otras. Otra gran diferenciación entre alumnos se genera por factores externos a ellos mismos, como son: el ambiente familiar proclive al orden o al desbarajuste, disponer o no en el hogar de un rincón personal para el estudio, el nivel de complicidad de los padres en la valoración del conocimiento, la asunción subjetiva de cada hijo de los conflictos del hogar o el poder de persuasión de la pandilla de amigos.

Para Linh enfrentarse a ofrecer soluciones a los problemas que detecta en cada tutelado respecto al aprovechamiento de los dotes intelectuales personales es algo que ha estudiado en pedagogía, acudiendo a repasar los libros de estudio cuando tiene duda sobre la orientación a ofrecer al alumno, incluso consultando a Liter e intercambiando impresiones con otros profesores cuando considera que no tiene una respuesta convincente para dar a un problema planteado. Cuando las incertidumbres provienen de la consideración del influjo familiar sobre la personalidad del estudiante las dudas la acucian, porque ella querría que muchos de esos problemas se hubieran tratado en los cursos precedentes facilitando desde edad más temprana comprensión sicológica a las dificultades que pueden perturbar el aprovechamiento escolar. Quizá, concluye Linh, una buena instrucción desde primaria en los fundamentos de la conciencia social facilitaría comprender a los niños que las contradicciones familiares no son más que expresión de la complejidad de la convivencia. Por ello en las conversaciones con sus tutelados Linh con frecuencia indaga sobre el nivel de conciencia social de su interlocutora, como cuando conversa con Jana, alumna de catorce años.

-- Aparte del propósito de estudiar en casa un tiempo fijo cada día --pregunta Linh--, me gustaría que saber ¿por qué odias las matemáticas, la química, las ciencias naturales y la  literatura?

-- Es que no me aportan nada para mi futuro. Quiero ser artista y modelo, para ello de nada me sirve saber trigonometría, la tabla periódica, ni distinguir los mamíferos de los ovíparos o leer las obras de Homero.

-- O sea, aspiras a ser una artista o una modelo inculta.

-- No, porque si lees revistas, ves la televisión y charlas con tus amigos aprendes lo suficiente para desenvolverte en la vida --responde Jana.

-- Entonces ¿sobran las escuelas?

-- Para los que quieran ir a la universidad no, pero lo que yo necesito saber son otras cosas.

-- ¿Como cuáles?

-- Idiomas: he sacado notable en inglés; lengua: notable, para expresarme y escribir con corrección; cívica, para controlar quien es quién en la jet, he logrado el suficiente; en geografía, para saber situar cada país en el mundo, la profesora en la última evaluación me ha calificado con un bien. Las ciencias y la historia es que no se me dan.

-- Quizá no se te dan porque las minusvaloras. Posiblemente más adelante reconozcas su valor, porque mucha gente piensa ser artista o deportista, pero luego la vida le conduce por otros derroteros. Por eso todo cuanto se enseña en secundaria se considera básico para el futuro, es el nivel elemental para desarrollarse en sociedad --afirma Linh.

-- Pero yo no veo que todo sea práctico.

-- Hoy lo ves así, mañana quizá eches en falta la base que necesitas para otros estudios, porque no todas las que quieren ser modelo llegan a conseguirlo, y en algo tendrás que trabajar.

-- ¡Es que yo sí voy a llegar a  serlo! --responde Jana.

-- Como es una profesión muy competitiva tendrás que poseer un gran hábito de superación, eso también se aprende estudiando lo que gusta menos, no sólo lo que complace.

-- Si otras llegan, también puedo hacerlo yo.

-- No te digo que no, sino te animo a ello; pero me siento obligada a advertirte que sólo con esfuerzo y responsabilidad se alcanzan las metas deseadas. Eso también se aprende en la escuela, a ser capaz de sacar los cursos con buenas notas, incluyendo las materias que más cuestan. ¿En qué trabajan tus padres? --la preguntó Linh intentando variar el curso de la conversación.

-- Mi madre atiende la casa y mi padre conduce un autobús.

-- ¿Y tu crees que ellos no se cansan y tienen días en los cuales lo que les pide el cuerpo es no trabajar?

-- Me figuro que les pasará.

-- ¿Y que todas las tareas que cumplen puede que no sean de su agrado?

-- También.

-- Pues eso es la responsabilidad. Realizan un servicio laboral de igual modo que otras personas les facilitan a ellos poder comprar en una tienda o ir al cine. Es la ventaja de vivir en sociedad, que cada ciudadano se especializa en una tarea para que todos tengan acceso a infinidad de beneficios. Por eso no es tan definitorio hacer determinado oficio como cumplir bien los cometidos sociales que a cada uno le corresponden, gusten o no. Los niños pequeños cuando no consiguen lo que quieren lloran y patalean, cuando se es mayor sólo cabe cumplir el deber con la mejor cara posible. ¿Nunca te has planteado eso respecto al trabajo?

-- ¿Entonces una no puede elegir en lo que va a trabajar toda la vida? --pregunta contrariada Jana.

-- Claro que cada una elige, pero no siempre consigue que se haga realidad su propósito, sobre todo si no se es una persona esforzada. Incluso consiguiendo esa meta habrá muchos días que la tarea se vuelva anodina, monótona, aburrida; pero no puede dejar de hacerse porque es la correspondencia que cada cual mantiene con la sociedad. Por eso, en los años en que la tarea principal es estudiar y aprender, hay que esforzarse para que ni la televisión, ni los juegos, ni la bobería de perder el tiempo en contemplar ilusiones resten el empeño necesario para hacer los deberes y repasar todo lo que nos ha explicado el profesor en clase.

Jana se queda pensativa, un poco ruborizada porque ella en conciencia reconoce que si no saca mejores notas es porque no se esfuerza. Su caso no es el de otras amigas a quienes les cuesta concentrarse, entender los significados, sintetizar las lecturas, el cálculo, los idiomas... Ella sabe que en cuanto la aprietan sus padres castigándola sin salir al cine, sin ver la televisión y sin juntarse con las amigas su mente responde a las horas empleadas sobre los libros recuperando las evaluaciones suspendidas. ¿Por qué entonces no se anticipa y lleva el curso al día?

-- Profesora Tao, quizá este año estoy un poco despistada. Hasta ahora no he perdido ningún curso, siempre he recuperado las evaluaciones pendientes.

-- Me costa, porque he visto tu expediente escolar. ¿Por qué entonces has de esperar a resolver todo a prisa y corriendo a última hora? Para eso estamos conversando: me gustaría que asimilaras la importancia de habituarse a llevar la tarea escolar al día, como una obligación, pues se puede aprobar con un atracón de estudio los días anteriores al examen, pero el rendimiento intelectual no es el mismo, ya que familiarizarse continuamente con los conceptos a  aprender facilitan la estructuración del saber.

-- Va usted a ver lo que cambio de aquí a fin de curso.

-- Si quieres, puedes.
 

Capítulo 24

La convicción de Linh a favor de que se estudie en las escuelas las nociones fundamentales de la Filosofía Social y la dificultad que para ello entraña una sociedad que ignora la transcendencia de las humanidades hacen que busque formas prácticas de divulgación de la ética y la urbanidad que debería regir la vida social; de la ética, porque considera que el ejercicio del bien es la mayor perfección de la conciencia humana; de la urbanidad, ya que atribuye al respeto mutuo la base de toda relación positiva. Igual que sus antepasados cultivaron esos valores, la sociedad moderna, basada en la cultura, está necesitada de revalidar un humanismo que equilibre la pasión por el beneficio tecnológico y el desdén por las prestaciones interpersonales.

El ejercicio de la tutoría le ha revelado la importancia de la función de los padres en la educación. No es que ella ignorara cómo está influyendo como madre sobre la educación de sus hijas, sino que se percata de la relevancia que la actitud de unos padres motivados puede suponer para el sistema de enseñanza. Si la educación personalizada busca la compenetración entre profesores y padres para activar a los alumnos, la coordinación entre las asociaciones de padres de alumnos y el estamento oficial de la enseñanza estatal podría actuar facilitando la actualización de los programas de educación nacional.

Contrastadas estas ideas con Liter y otros compañeros comprometidos con la renovación escolar, a comienzo del otoño de 1983 llegan a la conclusión de que podría ser útil crear en su centro escolar, a modo experimental, un seminario de Filosofía Social dirigido hacia los padres, como modo de revalorizar la disciplina filosófica interesando a los mayores en hacerse cago del valor que puede aportar a sus vidas una mayor conciencia humanística.

Como los profesores comprometidos con la idea tienen su jornada de clases completo y el horario disponible para la asistencia de los padres es mayormente a partir de la segunda hora de la tarde, acuerdan proponer a la dirección de la Escuela 22 de Abril realizar el seminario en ocho tardes durante semanas alternas a lo largo del segundo cuatrimestre. Delegan en Linh, por su condición de licenciada en filosofía, la redacción de un borrador de programa con los temas a tratar en cada sesión, si bien ella reconoce la necesaria participación de Liter y otros profesores más experimentados para que los conceptos se ajusten al interés de la aplicación de la teoría social al ejercicio de la enseñanza. No se trata, concreta Liter, de que a los padres se les ofrezca los contenidos como se expondrían a los respectivos alumnos, sino demostrarles que el interés social que les puede ofrecer la profundización en la disciplina filosófica es el mismo que paulatinamente puede ilustrar a sus hijos. Acordados estos primeros criterios, tratan sobre los ponentes posibles para la exposición de cada sesión, para lo cual proponen que cada uno de los cuatro presentes en la reunión se aplique en conseguir la colaboración de algún otro profesor especialista en la materia ajeno al centro y una vez concretado con quienes se cuenta proceder a consensuar la distribución del temario.

Linh acude a dos destacados profesores que tuvo en la universidad, uno especialista en Ética y otro en Filosofía Social, para plantearles su proyecto, escuchar su consejo y, si es positivo, solicitarles su colaboración dirigiendo la presentación de una sesión. Es evidente que para estos profesores participar en una actividad en una escuela nacional no supone ningún incentivo profesional, por lo que uno de ellos, tras animar a Linh a llevar adelante el seminario, le comunica la imposibilidad de participar presencialmente, si bien se compromete a ayudarla si lo desea en la supervisión del tema que ella vaya a desarrollar; al profesor especializado en Filosofía Social le atrae la propuesta, pues siendo una disciplina bastante novedosa está interesado en cualquier aplicación que se haga de la misma, tanto en el orden cultural como en el educativo, de modo que asegura su participación no sólo para dirigir una ponencia, sino que posiblemente acuda a alguna otra sesión para comprobar la acogida que los participantes dan a la materia. Además de esos profesores universitarios Linh invita a participar a la profesora de Educación Cívica y al profesor de Historia de la Filosofía que dan clase en la Escuela Nacional Soyaron, a los que conoció y compartió con ellos ideales en el tiempo en que estuvo haciendo una sustitución en secundaria.

Como la convocatoria de un seminario para padres de alumnos supone una novedad en el sistema de enseñanza de Ocean, no les fue fácil a los promotores conseguir la autorización de Dilan Fromis, que como director de la escuela es el último responsable de cuanto atañe a la misma, quien se siente atraído por lo que supone de innovación y temeroso por la responsabilidad de que sea un fracaso, conocedor como es de que la profesora Tao tiene muy escindida la confianza entre padres y profesores. Antes de resolver, Dilan realiza una consulta informal con su superior en el Ministerio, quien se muestra sorprendido por la iniciativa, pero contento de que un centro de reciente creación se muestre tan dinámico. Tras intercambiar pros y contras, Dilan sale de la reunión convencido de que si el seminario sale bien va a prestigiar a la entidad educativa en el barrio, si sale mal no deja de ser una experiencia. Para evitar suspicacias entre los profesores del centro cuenta a su favor que desde el Ministerio han acordado supervisar el programa del seminario, cuya conformidad al mismo va a suponer una credencial para él de la idoneidad de la iniciativa.

* * *

Tras unas semanas en que los promotores del seminario evalúan la aceptación entre los padres de alumnos de la idea, estiman que, siendo esta más reducida de lo pretendido, debían intentar ampliar la oferta a padres de otras escuelas próximas para conseguir completar el cupo de las cuarenta plazas planificadas. En la Escuela 22 de Abril han formalizado su inscripción seis parejas de progenitores de alumnos, más nueve madres y tres padres que para asistir individualmente, por lo que quedan dieciséis plazas vacantes para ofrecer a las direcciones de otras escuelas por si hubiera personas interesadas en el tema.

El intento tiene éxito y quince días antes del primer martes previsto para el inicio de las sesiones cuentan con las cuarenta plazas comprometidas, quedando siete solicitantes en reserva por si se producía alguna baja entre las inscripciones formalizadas.
 

Capítulo 25

Sin que Fromis, Liter ni Tao hayan tenido conocimiento previo, en la primera sesión de actividades del seminario Dilan percibe que entre los asistentes hay un rostro que le resultaba conocido. Hace memoria una vez concluida la actividad y repasando los nombres inscritos llega a la conclusión que el asistente que figuraba con el nombre de Fank Gregains ocupa un cargo en la Delegación Regional del Ministerio de Enseñanza, lo que, puesto en conocimiento de los promotores, se sienten incómodos por no haberse presentado previamente como tal.

Pasados quince días, en la segunda jornada, cuando Dilan había tenido tiempo de asegurarse que no cabía duda sobre la identidad del directivo regional inscrito, encarga a Liter y a Linh que procuren alguno de ellos conversar con él al final de la exposición, que ese día dirige Linh sobre el tema de contravalores sociales.

Al comienzo Liter observa como Fank se ha colocado en un sitio discreto, en el extremo de una de las últimas filas de sillas del aula polivalente en que se desarrollan las sesiones. Liter, que se sitúa de pie junto a la puerta de acceso más próxima al lugar que ocupa el directivo de la Administración, no tiene dificultad para abordarlo cuando, terminada la sesión, se encamina hacia la puerta.

-- Permíteme comentar un momento contigo, porque me ha sorprendido tu actitud de tomar notas durante el acto. Soy el pedagogo del centro y creo que conocía a todos los padres de la escuela.

-- He tenido la suerte de conseguir una de las plazas que habéis ofrecido a otros centros. Tengo tres hijos en la Escuela del Pontón y me intereso por todo lo que pueda favorecer su educación --responde Fank.

-- Ahora entiendo por que no nos hemos tratado antes. ¿Qué te parece la iniciativa que hemos abordado?

-- Muy interesante; en caso contrario no estaría aquí. Me sedujo la propuesta humanista que reivindicáis para la educación, pues mi mujer y yo hemos comentado más de una vez el handicap con que crecen los chavales si no los formamos en casa; para mí es algo importante que no debe quedar al arbitrio de los padres, como algunas tendencias defienden, porque ni todos los padres tienen formación para distinguirlo, ni tiempo y modo para abordarlo. Utilizar la disciplina filosófica como referencia para conseguir ese interés de los alumnos parece un buen procedimiento.

-- De alguna manera se trata de reeditar y ampliar el contenido de la asignatura de Formación Cívica, ciñéndose más a valores universales y cursándolos desde los inicios del aprendizaje. Que ese humanismo acompañe curso a curso los descubrimientos intelectuales de los pequeños y jóvenes --afirma Liter.

-- Ciertamente. Más si como ha expuesto hoy la profesora... no recuerdo su nombre.

-- Tao --acude en su auxilio Liter--. La profesora Tao es nuestra docente de Formación Cívica, y una exponente de la transición de los contenidos de la asignatura hacia valores universales, para luego contemplar cómo se reflejan en nuestro sistema legislativo.

-- Más que a eso me quería referir a la forma que propone de mostrar el pensamiento social de un modo práctico. Quizá el fallo del sistema educativo está en que tradicionalmente la filosofía se ha enseñado como una asignatura absolutamente teórica, saber cómo se debe pensar, incluso con una nomenclatura inapropiada en favor de un rigorismo que choca con frecuencia en la justificación de los procesos que llevan a esas conclusiones.

-- Precisamente la pedagogía está en trance de renovación, desde el aprender al saber comprender. Que la enseñanza sea la ciencia de infundir el hábito de saber pensar, en vez del método del acervo de conocimientos; con lo que no estoy negando la necesidad del trabajo memorístico, pero incluyendo más complicidad de la racionalidad, porque desde que se alcanza el uso de la razón es la garantía del buen saber.

-- Favorecer la intuición, aunque nos pueda parecer a los padres que nuestros hijos todavía no están preparados para ello --añade Fank.

-- Si en la escuela canalizamos esa intuición hacia los valores sociales, en vez de dejarlos al arbitrio de la imaginación, tendremos mucho ganado --concluye Liter-- Veo que eres un padre muy comprometido en la educación de tus hijos.

-- Más mi esposa que yo.

-- ¿Ella no ha querido acompañarte al seminario?

-- Por las tardes da clase en la universidad, es filóloga. Realmente ella me ha empujado a apuntarme.

-- Salúdala de mi parte. Encantado de conocerte Fank.

-- Lo mismo digo. ¿Tu nombre?

-- Sim Liter.

-- Si estás por aquí, nos veremos a lo largo del seminario.

-- Hasta pronto.

* * *

Al día siguiente Linh buscó a Liter, a quien desde lejos había observado conversando con Fank Gregains, para conocer la impresión que había recibido del alto funcionario.

-- Buen día.

-- Y bueno que hace para ser febrero --responde Liter.

-- ¿Qué me cuentas de las intenciones del espía?

-- ¿Espía? Padre de familia y muy interesado en la educación de sus hijos.

-- Trabajando en el Ministerio es lógico ese interés.

-- Lo más relevante de la conversación que mantuvimos es que ni siquiera salió a relucir su actividad laboral.

-- ¿No se identificó como directivo de la Delegación?

-- En absoluto.

-- Ves como viene a espiarnos. ¡Como si no supiéramos quien es!

-- Creo que estás aplicando un prejuicio erróneo ¿Me puedes dar alguna razón para que, si hemos propuesto un actividad para padres de alumnos, no acuda quien tiene tres hijos estudiando en la Escuela del Pontón.?

-- Vale, pero seguro que su interés es más extenso que otro cualquiera a quien no pudiera concernir ninguna responsabilidad educativa --insiste Linh.

-- Tenías que hablar con él y te convencerías de lo contrario. No te puedo negar que su visión pueda tener alguna repercusión sobre la política de enseñanza del país, pero ten en cuenta que ni siquiera estamos en la capital. En cualquier caso lo que te aseguro es que si ello fuera así, encontraríamos en él un buen aliado para nuestra reivindicación de una enseñanza con mayor relevancia de la conducta social.

-- ¿Y yo que pensaba que había acudido para sentenciarnos?

-- Si te dijera que me confesó que se había apuntado presionado por su esposa, que parece es la más interesada en el tema --aclaró Liter.

-- Me quedo mucho más tranquila.

Dilan Fromis durante la semana siguiente hace averiguaciones sobre el destino que ocupaba Fank Gregains en la Delegación del Ministerio. Alcanza a saber que desempeña un cargo directivo sobre la gestión de infraestructuras, que posee una licenciatura universitaria en Ciencias Empresariales, ha realizado un doctorado en Estructura Económica en una universidad europea y que está muy bien considerado por los cargos políticos que gobiernan el país.
 

Capítulo 26

Dilan Fromis, que no tenía por seguro que el seminario llegara a buen fin, cuando este concluyó interesó a Tom Rescall, jefe de estudios, en que repetirlo supondría un prestigio para el centro y una forma paulatina de ganarse como directivos del centro el apoyo y confianza de los padres; de modo que, tras la ejecución de ese primer seminario en el segundo cuatrimestre del curso 1982-1983, la dirección de la Escuela 22 de Abril anuncia a poco del inicio del curso posterior una nueva edición del mismo, a celebrar igualmente en el segundo cuatrimestre. Ciertamente Liter y Linh son quienes vuelven a llevar el peso de su organización, pero esta vez con mayor apoyo del equipo directivo y, en general, de todo el claustro de profesores, lo que les permite corregir las deficiencias apreciadas en la edición anterior y alcanzar una mejor acogida entre los padres y madres de alumnos, que para este nueva ocasión completan antes de diciembre el cupo de inscripciones.

Fank Gregains, convencido tras el desarrollo del seminario de la importancia que para sus hijos puede suponer una mayor presencia del pensamiento social en el programa de estudios, se vale la su puesto oficial en la Delegación Regional del Ministerio de Educación del país para sugerir a otras personas influyentes la posibilidad de que los contenidos propios de la filosofía en su perspectiva social adquieran más rol en los planes de estudio, procedimiento que para implantarse precisa de la conformidad de la Junta de Directores y Pedagogos de Centros Oficiales de Educación, organismo administrativo consultor del Ministerio para la unificación de los programas de estudio en la enseñanza primaria y secundaria. Sim Liter, que pertenece a dicha Junta, es consciente de la gran dificultad de promover modificaciones en los programas establecidos, porque existe entre el profesorado una cierta aversión a las novedades que no procedan de la negativa experiencia del mal funcionamiento de las normas vigentes.

Fank conoce que determinados directores de centros poseen ascendencia sobre el conjunto para que, al menos paulatinamente, crezca una opinión favorable o desfavorable respecto a cualquier modificación a introducir en el plan de estudios nacional. Fank a lo largo de ese año aprovecha sus relaciones con responsables del Ministerio para plantearles informalmente la potenciación de los contenidos humanísticos más allá de la Formación Cívica que recoge el actual programa oficial. De esas indagaciones Fank obtiene una respuesta positiva de ocho funcionarios, a los que convoca, sumados a Liter y Linh, para ver cómo enfocar el proyecto que los atrae. En esa reunión, celebrada en marzo 1984, deciden crear una asociación civil que tenga por objeto difundir en la sociedad la importancia de la Filosofía Social, como paso previo para que, más adelante, en función de la penetración conseguida en la sociedad intelectual, se pueda iniciar el largo proceso de su inclusión en el programa nacional de enseñanza.

Fruto de los acuerdos en la asociación son: crear una revista de pensamiento social, ofrecer charlas y seminarios a padres de alumnos en centros educativos y buscar la complicidad de intelectuales que puedan escribir en medios de comunicación reivindicando la trascendencia del humanismo en la vida social. Linh se compromete a cooperar, pero no admite formar parte de ningún puesto directivo de la asociación, como proponen varios asociados. Ella, que ha padecido contradicciones en sus primeros años de enseñanza en la Escuela 22 de Abril, sabe que, aunque sus más allegados la estimen, una parte del profesorado e intelectuales del país aún mantienen reticencias a que extranjeros, especialmente mujeres, ocupen puestos de trascendencia social. Ocean, como muchas otras naciones insulares de pequeño tamaño, es muy celosa de su independencia y libertad; si el que una profesora vietnamita enseñara Formación Cívica fue objeto de crítica, estima que absorber los contenidos de esta materia dentro de una asignatura de más amplio espectro social puede ser considerado como un atentado a la identidad nacional, aunque la realidad sea que una mayor formación en Filosofía Social revierte en una comprensión mucho mayor de la democracia y el estado de derecho, fundamentos teóricos de la política oceana. Así, manteniéndose ella en una discreta segunda línea entre los asociados tiene acceso a sugerir las ideas fruto de su experiencia educativa a quienes las puedan asumir y defender con su mayor peso y prestigio dentro del Ministerio, quienes, en todo caso, serán los que tengan capacidad para llevar a buen puerto cualquier pretensión de reforma en el sistema de enseñanza.
 

E P Í L O G O

El año de inicio del siglo XXI trae una gran alegría para el matrimonio Saná. El Parlamento de Ocean aprueba la Reforma de la Ley de Educación Nacional (REN), cuyo contenido incluye una asignatura troncal en la que, siguiendo los criterios de la Filosofía Social, se enseñan los valores sociales desarrollándolos progresivamente mediante una asignatura denominada Urbanidad en el primer ciclo de primaria, Responsabilidad Ciudadana en el segundo y Cultura Social en la fase de secundaria.

Linh, cumplidos los cincuenta años, sigue trabajando en la Escuela 22 de Abril, ahora con el pleno reconocimiento de todos sus compañeros de enseñanza y la gran estima de la mayoría de los padres, lo que produjo hace cuatro años que, al jubilarse Tom Rescall, fuera la elegida para ocupar el cargo de la jefatura de estudios. El contenido de la reforma de la ley de educación, propiciado por los buenos resultados obtenidos por el partido Nueva República en las últimas elecciones, ha satisfecho las expectativas que había ido alimentando año tras año desde que decidió seguir la vocación al profesorado. Ahora --alega ella cuando alguno de los profesores menciona los esfuerzos empleados en reivindicar el humanismo-- toca poner por obra la teoría y mostrar a la sociedad que el progreso sin humanidad no es beneficio social.

Orga, cumplidos los ochenta años, ha podido ver --en el sentido más propio de la palabra-- el éxito del empeño de su esposa por la operación de cataratas que le ha devuelto la vista, facilitándole contemplar el semblante radiante de Linh en los últimos meses, cuando la tramitación parlamentaria de la reforma de la ley de educación se decantaba por incorporar los contenidos promocionados por los humanistas.

La pareja vive sola en la casa que Orga compró hace tantos años, ya que Loam terminó sus graduación como enfermera y trabaja en el corazón de África con la organización Médicos sin Frontera, mientras que Cam, licenciada en Matemática Aplicada, lo hace en Japón en la división de robótica de una filial de la compañía Mitsubishi, y Fátima, después de tanto tiempo en la casa, se ha jubilado. Linh hace años, cuando Orga empeoró de la visión de los ojos, tuvo que sacar el permiso de conducción, especialmente para poder desplazarse al campo con Orga los fines de semana. Quienes no les conocen, por la diferencia de edad y raza, piensan que se trata de una pareja de conveniencia, lo que a ellos no deja de causarles gracia y les da para hacerse los interesantes cuando descubren a los demás que son un consolidado matrimonio avenido y feliz.

F I N