Nocturno

JORGE BOTELLA

 
I

A mi puerta arribado ha el susurro
de la voz apacible,
oportuna,
que reclama la paz de medianoche
que concede el oscuro derredor
para el alma aprestar a
meditar entre sueños
liberados anhelos de alcanzar;
mientras el cuerpo hundido en el sopor
desentiéndese inerte de saber
el confín del afán.

Retenida en la noche la visión,
el oído al silencio sometido,
sin encanto que el tacto entretuviera,
con oler anodino,
el sentido del habla a muda voz
escudriña
del rincón primitivo del lenguaje
resortes subconscientes
que interpreten
un mensaje a la mente
tan sutil insinuado
como el roce del beso avergonzado.

La conciencia se inquieta
al dudar si la inspira un pensamiento
adecuado,
o un antojo inconsciente
ambiciona alcanzar de la razón
el disfraz
que en lo oscuro embarulla lo ficticio
emulando ademanes de verdad.

La lacónica paz
que el desvelo no quiebra
significa aplicar
a la vida
los retales nocturnos rescatados
de la fuga del tiempo,
del espacio inconcreto,
para urdir composturas ideales
hilvanando el futuro devenir.
 

II

En el turno de giros siderales
el oscuro de la sombra solar
invariable retorna
cada noche
descorriendo
a los ojos curiosos
firmamentos de enigmas
en el cielo estrellado.

Telescopios durmientes a la luz
y observantes en la noche
del espacio exterior
contemplan el volar de los planetas
persiguiendo sus órbitas
invariables,
pertinentes,
acatando sumisos el arcano
que equilibra las fuerzas de atracción
y repudio
con que el cosmos
predecible se muestra de continuo.

Ansiedad en los ojos avizores
por variar la rutina
del retablo celeste
descubriendo
emerger una estrella,
avanzar un cometa,
divisar la galaxia inaccesible
que dilata los lindes del espacio
formalmente admitidos.

Habitante de cimas sobre nubes
desde donde admirar
los destellos de luz con que su ser
evidencian los astros
cada noche.

Ermitaño científico, astrónomo.
 

III

El cobijo nocturno desinhibe
la conciencia
de operar las labores cotidianas
que acaparan las horas
del deber
consentido
de atender el hogar,
laborales empeños,
compromisos morales,
creación...
Lo que tanto demanda de la luz
el favor
y el oscuro entorpece
constituye la diaria ocupación
que la agenda al sujeto determina.

El relajo habitual de la rutina
que el descanso procura
con frecuencia se burla por sacar
a la noche su rédito
excitando
el sentido apocado por la nítida
transparencia del acto
emprendido a la luz del mediodía.
Entreluces nocturnas enmarcan
atrevidos descaros
de ceder al recreo de la mente,
a la copa, al juego, a la broma,
a expandirse entre amigos
para ahogar la presión acumulada
trabajando jornada
tras jornada,
mejorándose
en trajines de amable desenfado.

Es la noche refugio de encendidas
confidencias
revelando la auténtica figura
de los modos de ser,
de la entraña,
del profundo pensar que justifica
el amor,
la amistad.
 

IV

En penumbras nocturnas
asistiendo atenciones ciudadanas
su labor desarrollan
los que eligen vivir atravesados
a la norma habitual
descansando en las horas animadas
por la luz,
por el mutuo contacto entre los más,
por los vivos servicios y el comercio
empeñado en vender,
por estar diligente el oficio
de enseñar.

Animada de luz
la ciudad
menesteres atiende resolver
con el tráfico fluido de permutas
de intereses mutuos
en sus plazas,
en sus torres,
en mercados abiertos,
en mercados recónditos
de negocios impropios de asomar
al examen moral;
lo escondido y lo público rebosan
de apretadas tareas que consumen
cotidianas jornadas del quehacer
en la horquilla de tiempo en que el planeta
sobre sí volteando
su mitad la contempla el astro Sol.

La ciudad en la noche asume estar
del revés de la esfera acariciada,
sumergida en negrura,
abatida en silencio,
impasible,
en que sólo la vela de cuidados
requeridos
coexiste en vigilia
con quien gasta consuelos en el juego,
en beber o en placeres encubiertos.
 

V

Figuradas en sueños
fantasías ingrávidas conceden
el poder de volar a quien anhela
sustentado del aire el libre obrar
desligadas acciones
de la propia ventaja.
Esa extraña manera de pensar
que renuncia a loar
las potencias exclusivas
se sorprende del don adjudicado
del azar
que perturba la ley gravitatoria.

La modesta conciencia recrimina
exhibirse asombroso
a los ojos ajenos
por poderes impropios al humano
individuo,
pero exige activar capacidades
inusuales
del albur requeridas para obrar
en auxilio,
en socorro,
en favor
del apuro del otro.

El altruismo que el sueño favorece
no desdeña gozar
las caricias sensibles
concedidas al cuerpo que flechado
el espacio incorpóreo transita:
percibir el cabello lacio al viento,
la fricción en la piel de la frescura,
sin extremos alados planear
sobre bosques,
sobre lagos,
sobre nubes,
oteando horizontes sorprendentes
que contienen el nudo a deshacer.

El misterio en la noche está en soñar.
 

VI

Duermevela en que atento
el oído vigila
y los párpados bajos
del dormir justifican
para consuelo
de una mente inquietada por el cuerpo
en demanda de sueño
y el deber de prestar observación
al bebé,
al enfermo,
al anciano,
que precisa del celo concedido
entre humanos.

Cuando el tiempo se mide a intervalos
inquietantes
de la queja,
del susurro,
del reclamo
que reduce a minutos
el correr de las horas necesarias
al descanso,
el oscuro
y el silencio rasgados dificultan
el yacer merecido.

El empeño gastado en el cuidado
de las penas ajenas
soledades hermana en el rumor
de palabras cortadas por respeto
al retorno del sueño
evadido;
no pudiendo los párpados obviar
apretarse
apurando hasta el próximo irrumpir
de la aurora.
 

VII

El no ser de la noche,
de la noche cerrada
con candados de plata.

Melancólica calma
del silencio mental
recogiéndose en paz.

Apretados abrazos
del manido placer
aplazados en vano.

Esfumada la pena
la conciencia respira
en el tiempo de queda.

Aventuras corridas
en atrevidos sueños
despojados de fin.

Se quisieran asir
pormenores habidos
ignorados al alba.

Subconsciente activando
sensaciones complejas
del gastado vivir.

Desdeñar despertar
por temor a afrontar
angustiosos ultrajes.

En que el rayo de luna
sentimiento despierta
de clemente perdón.
 

VIII

Sucesivas las fases de sosiego
que la mente mermada
administra a su antojo
permitiendo a los miembros relajarse
o valer sus querencias naturales
liberadas del juicio
racional;
otro modo de ser provocador
en el hombre y mujer
se insinúa
liberado
para obrar complaciendo
sus reflejos primarios.

En el lecho que acoge la desnuda
travesía nocturna
las potencias del cuerpo
enardecen sutiles movimientos
anhelantes del premio
que el contacto procura
sin testigo de cargo en la memoria
por la luz
por la voz
que jalean la imagen del sentido.

Infalibles suspiros
prosperan invariables
de la dádiva
recibida en la oscura compañía
de la noche que auspicia
recompensa mayor que el merecido
desalojo
de la loca tensión existencial.
 

IX

Centinela en la noche compacta
protegiendo el dormir del campamento
de la astucia enemiga.

Soledad
con la mente partida
del temor,
del tesón por el sueño dominar
el tranquilo desfile de las horas
inmutables
a la activa agresión
consumada al entorno natural
que la guerra rodea.

Irritante silencio que reporta
mal augurio
evidencia el vacío por respuesta
al reflejo buscar al compañero
que tener se quisiera junto a sí
en la vela de guardia.

Sobresaltos de acoso
manifiestan la frágil convicción
de defensa que el arma personal
garantiza
frente al reto
de la noche que envuelve en su negrura
la celada enemiga.

El sosiego
que la luz de la luna al vigilante
proporciona
es colirio
para el ojo que atisba en la tiniebla
el peligro a llegar.
 

X

Tan continua se extiende la labor,
tan igual el entorno se define,
con la misma exigencia de atención
se suceden el día, el crepúsculo
y la noche
que confunden la luz de las pantallas
del recinto interior
ignorado del sol.

En los bajos del centro hospitalario,
con sus puertas abiertas,
las urgencias abrazan
serviciales
la demanda de cura a la afección
repentina
del veneno que al cuerpo contamina,
la infección que se agrava por minutos,
el agudo quebranto de dolor.

Permanencia,
atención sostenida,
eficiencia sanitaria ofrecida
en las horas que duerme  la ciudad
al compás del socorro demandado
en serenas veladas
o acuciante servicio
si accidente
sinfonía nocturna
de ambulancias concierta
inquietando el silencio ciudadano
y la paz de la mente
del que sabe sanar.

Resignada la espera
entre sueños
que el calmante concede.

Relajado el reloj en su andadura
para quien retornar a su morada
con el alba
ambiciona.
 

XI

Embarcarse a viajar en el espacio
dominado por la ausencia de luz
elimina
consumir el embrujo
del paisaje
que vislumbra el resquicio transparente
de la nave
navegante.

Derredor de tinieblas
envolviendo el surcar
del avión solitario
sobre un mar de negrura,
de misterio,
de ausencia,
suspendido en la atmósfera invisible
que permite la bóveda celeste
que recorta el cristal
observar
sin saciar,
sin cansar.

Mezcolanza de imágenes mentales
sobre miles de pies a tierra firme
animadas del zumbar de los motores
que recuerdan
ejercer de sostén del aparato
en la opaca noche
por el rumbo preciso
sin referencias otras
que los datos de guía
por las ondas
transferidos.

Recelar de la propia fantasía,
instrumento gemelo
del temor y el aplomo en la aventura,
infundida de dosis de poder,
infundida del débil proceder
que enmaraña
la conciencia que a tientas
escudriña en la sombra sobre el ser.
 

XII

Sanjuanera la noche iluminada
por la hoguera
que consume el quebranto padecido
en el curso del año,
que preludia del mal purificar
sus raíces,
que incinera superfluas bagatelas
aliviando el ajado desconsuelo
en los días
remozados.

Encendido
discurrir
del ocaso a la aurora;
excitante optimismo
acarrea la fiesta colectiva
en la escasa vigencia de una noche
escapándose presta
de las manos,
de los besos,
de los cuerpos,
en deseo anhelante del fugaz
renacer transformado
por las llamas y sombras del deleite
fraternal.

Prometidos deberes por cumplir
recriminan
formular compromisos
imprecisos,
como de humo huidizo a la espesura
de la atmósfera en vuelo
diluyendo el calor de las pasiones
y posando cenizas en la arena,
testimonio
de la débil
voluntad.

Volverán los solsticios
y a su auspicio dichoso sutilezas
encantadas
surgirán.
 

XIII

El oasis,
que al cesar su dominio
habilita la prieta posesión
de la mente y el cuerpo al albedrío
subconsciente del sueño en fase REM,
redescubre en la plena oscuridad,
que escabulle el enser innecesario,
el espíritu que arma la conciencia
personal,
despojado de espacio,
despojado de tiempo,
intuyendo la esencia de lo eterno
en la noche desnuda,
denunciando
el inútil soporte de los éxitos
extinguidos.

La verdad abstraída que la mente
acaricia en los nichos neuronales
imposible
de trucar
se conjura a volcar de la memoria
imborrable
inquietantes figuras
del deber quebrantado,
del haber contrariado,
del saber falseado,
pululando el avieso proceder
a manera
del zumbido invisible del insecto
volador
que eterniza el estado de ansiedad.
 

XIV

Parpadea lejana,
cuestionando la opaca oscuridad
que se extiende escondiendo la ladera
del volcán,
una luz que acompaña la liturgia
monacal
que a maitines
invariable se eleva
fraccionando el dominio
de la noche.

Monasterio de recias tradiciones
que se asocia a orar
compensando la ausencia
de los ritos a Dios en el desmayo
general de un planeta concebido
como plano
que se apaga y despierta
a la par.

Entre tanto,
la ciudad entregada
a yacer en el lecho
se entretiene
soñando fantasías complacientes
a merced
del fantasma mental que retribuye
merecida concordia;
se entretiene
padeciendo tremendas pesadillas
a merced
del inquieto tanteo de los límites
soportables
del pesar.
 

XV

Hay quien busca y encuentra
en la noche
soledad creativa
relegando la imagen que violenta
las selladas rendijas
del retiro,
apagando el sonido que lacera
el silencio,
distanciando presencias importunas
al pensar;
soledad intuitiva que se apresta
a captar en la nada
aparente
la semilla sutil de inspiración
habitante en la idea contemplada
con genuino respeto,
otorgada la pausa que reclama
la ocasión
por la marcha apacible de las horas
del reloj relegado
al cajón.

Ilumina la mente ver con ojos
recogidos
inspiradas imágenes
engarzadas por hilos delicados
que eludirse amenazan
con la luz,
con la voz,
con el roce sutil a la atención
concentrada que exige
hilvanar abstracciones que definen
la real conjunción de la materia,
el legado social que usufructúa
devaneos históricos,
el biológico puzzle,
los ribetes de la ética.

Acompaña la musa
en la noche presente
sugiriendo atreverse a transgredir
el respeto al confín establecido
por las leyes del tráfico del día,
cuya luz las ideas
discrimina
a plegarse a la boga
en vigor.
 

XVI

Con la diurna tarea consumada,
evadiéndose el sol,
apetecen
exquisitos caprichos a la mente
como premio,
como alivio,
como libre aventura a fascinarse
del embrujo nocturno
que compense el desgaste
soportado del día.

Borracheras de estúpida ansiedad
que el consumo enardece
pretensioso de hartar a cada impás
que la noche genera
de delirio, desmán o frustración;
realzando entre vasos,
realzando entre drogas,
realzando del eros
imposibles vacíos de colmar
permeables de piel
que al instante traspasa y abandona
el hechizo ficticio que se ofrecía
talismán del placer.
 

XVII

En tiniebla perpetua
lo profundo del mar,
la recóndita gruta,
de la mina el filón en galería,
la materia insensible a percibir
radiación luminosa,
de la opaca cáscara el corazón,
la ceguera que ignora de la luz
la existencia.

Sorteando el dominio tenebroso
la manera de ser
de la noche
su espacio y su tiempo
lo trajina con el sol
ofreciendo alicientes escondites
temporales,
recogidos,
personales,
atenuados en luz a la ocasión.

Pero el luto nocturno
no condena a sentir desesperanza;
que las horas,
que los días,
que los árticos meses sin lucir
el fulgor celestial
desembocan lucidos en un alba
desbordante de brillo
y color.
 

XVIII

El candor que la música dimana
bajo la luz de la luna
en nocturna
audición
se origina en el lazo de empatía
que encadena
instrumentos, intérpretes,
asistentes y entorno
implicados
en el mismo sentir,
en igual deleitarse,
en segura unidad de convergencia
en el éxito.

Despojados de lo áspero de sí
que limita integrarse
al etéreo numen musical
que alborota los ánimo al vuelo
colectivo,
el embrujo entre sombras de la noche
favorece el abrazo fraternal;
placidez;
el encaje común de la cadencia
que acompasa
multitud de gargantas;
su retablo,
la infinita pasión de libertad.

Paraliza el correr de los relojes
la armonía
invasora del ritmo
penetrando la piel hipersensible
de unos cuerpos
entregados a ser sensualidad
infiltrante
de la nube de afecto que corona
el audaz espectáculo.
 

XIX

El lenguaje del gesto de silencio
que suplica callar
atesora el respeto merecido
al reposo
que los ciclos de luz y oscuridad
ordenaron
en el modo de ser del ente vivo
habitante de un cosmos
dominado del cambio,
dominado del tiempo,
dominado del ansia de crecer
que fatiga los cuerpos susceptibles
de dolor,
de penar,
de sufrir desencuentros psicológicos
prisioneros de estrés
que desean
el arribo de la noche,
el retiro en el lecho,
el consuelo del sueño
que depare ilusión al despertar.
 

XX

Desigual acontece el desarrollo
de la noche
para quien el dormir
desconecta del ámbito vital
y su entraña repone el desgaste
fisiológico
avenido en el día,
del apuro que sufre quien aguarda
con temor
en las horas en vela
el tedioso conflicto irresoluble
a enfrentar
despuntando el siguiente amanecer.

Agitado en vigilia mal querida
acaece atañer
al vecino en el lecho
de quien goza de sueño placentero
ignorante
de la pena interior
que las horas horadan en la mente
desvelada
descontando impasibles la defensa
que el oscuro cubículo
proporciona
a lidiar con la aurora
los haberes quebrados.
 

XXI

Los rigores del clima condicionan
el empleo
susceptible de dar
a las horas sin luz
que abandonan perdidas
las agendas,
los propósitos,
las conciencias.

El calor que enardece las hechuras
expansivas del cuerpo
le resiste a perder
su querencia a copar
los minutos de noche en la pasión
por el juego;
desdeñando los sueños
que complica la angustia del sofoco.

El frescor del invierno
encogiendo los cuerpos
les depara reposo
recogidos
en el lecho
bajo mantas de amor
que acarician los íntimos afectos
de afición a la vida.

Cuando arrecia del viento su potencia
acrecienta el temor
a gigantes batiendo los tejados,
reclinando las ramas de los árboles,
infiltrándose dentro de la alcoba
como soplo que el rostro desempolva,
como trueno que reclama
sumisión al robusto temporal.

Acaricia una lluvia melodiosa
los cristales
en la noche cerrada
recreando el olor de la fructífera
humedad
que engrandece el vergel
natural
que consuela la vida.
 

XXII

En la cena que abraza los recuerdos
se consume nostalgia,
alegría de verse,
añoranza de antiguas aventuras,
sorprendentes noticias...
Intrigantes miradas a figuras
maduradas
por el paso benigno de los años,
custodiando los rasgos esenciales
del ayer,
enmascara la noche...
Opiniones que ignoran controversias
superadas
polemizan matices socarrones
del azar a cada uno acaecido
en la ruta del juego compartido...
En la voz y el matiz
las maneras de ser del otro tiempo
permanecen
asistiendo a la mesa que se estira
en las horas
a los postres lozanos del feliz
departir.
 

XXIII

Protección para huir la noche ofrece
arropando
con su atmósfera opaca
la partida del bote
en la playa recóndita.

Repeliendo la agónica miseria,
perseguidos del odio,
vulnerables de guerra,
a la mar se confían de arribar
donde hallar acogida.

Apostando la vida
al milagro divino se aventuran
en silencio
acoplándose en balsa
traicionera.

Ennegrece la fe
con el solo color desdibujando
el paisaje imposible
de observar
en la noche apagada.

En el trémulo mar de oscuridad
como nada las horas eterniza
la carencia,
la penuria,
la absoluta inacción.

Impulsaron los sueños
a la espalda dejar
el convulso pasado,
y el monótono viaje entre tinieblas
a lo impreciso muerde las entrañas.

La esperanza en el alba
ilumina sin luz
la ilusión
que mitiga la angustia
retenida.

Soledad compartida
de miradas perdidas,
de palabras inútiles,
esculpiéndose
en la mente indeleble.
 

XXIV

Reflejando del Sol su natural
resplandor
ilumina la Luna los rincones
de la noche
con descaro
o con frío matiz
evitando recelos malqueridos
de quien ama el oscuro
para obrar
a traición,
por sorpresa,
en conjura nocturna tras la presa
que disfruta
adecuado retiro.

Plateada y bastante intensidad
luminosa se filtra
entre brunas y nubes
para el ojo avizor de aves rapaces,
aguerridos felinos,
sigilosas serpientes...
acechando en la noche su alimento
al desliz atrevido
del incauto animal.

El aullido de auxilio de la víctima,
que el silencio desgarra
en la noche,
acurruca a las crías
en el nido,
en la angosta oquedad,
en la lúgubre y honda madriguera.

Y la Luna
de reojo asistiendo
enrojece
de alumbrar
en el bosque el yantar depredador.
 
 

F  I N