Sombra sin luz

JORGE BOTELLA

 
I

Jirones del pasado,
mixtura de experiencias,
larvados desencantos
del juego del saber,
inquina de una mente
acróbata insumisa
al llano proceder.

Tiránica memoria
del dolo juvenil,
envés de la virtud,
anzuelo de nostalgias,
baraja de recuerdos
rifando sutilezas,
alhajas del ayer.

Ausente de razón
la imagen delirante
exhibe su figura
de antigua percepción,
retal de lo vivido,
espejo impertinente
del genio existencial.

Real y fantasioso,
sublime e imperfecto,
conciso e imaginario,
alegre y turbador
en lapsos evidencia
su ser inmaterial
de forma emancipada.

Su acervo intensifica
lamiendo información
al rol intelectual
del ser que parasita,
oculto, inadvertido,
se lucra sin vestir
potencia racional

Desnudo de materia
actúa invulnerable,
carente de sentido
acosa imperturbable,
inhábil de conciencia
acucia especulando
en lo íntimo del ser.

Enigma y evidencia
dimana del enredo
que trama su presencia,
urdido con ausencia
estando sin estar
como halo trasmundano
del estro emocional.
 

II

La caja de los sueños
desvela con la noche
su esencia como sino
fantástico del modo
de ser alternativo
que gira las calzadas
regladas de la mente.

La imagen insurgente
entrega su figura
como útil de una acción
dramática, quien antes,
sujeto intelectual,
regía a su albedrío
los hitos del destino.

Se sueña del propio
espacio existencial
prendido de los hilos
que rigen movimientos
obrados como enseña
rebelde que el azar
estima componer.

Ensarta de siluetas
en tiempo e irregular
espacio concebidas,
quimera de imposibles,
trajín incoherente
que burla pululante
el sesgo de la lógica.

Dormir en mar en calma,
sufrida tempestad
de noche toledana
o plácidos ensueños
escapa a la potencia
con que la voluntad
impone su rigor.

Lacónicos paisajes
los sueños ironizan
trucando al alma en duda
del límite irreal
o cierto de la luz
nocturna, de la imagen
soñada par del yo.

Memoria de inconscientes
visiones establecen
legados de sabor
amargo, excitante,
foráneo aditivo
al hábito patrón
esfera del creer.
 

III

A impulsos perceptivos
aprenden los sentidos
el orbe material
con que se relaciona
el ser que nada sabe
por sí sin el influjo
del crédito exterior.

Acción y reacción
del todo y de la parte
impele a la substancia
vital que capacita
obrar al ser humano
de modo irresponsable
de modo inteligente.

Arbitra la conciencia
opciones de respuesta
con causa racional;
actúan los reflejos
en forma y condición
precisa y necesaria
al bien a proteger.

Ni gota de las nubes
procede sin vapor
del mar emancipado;
ninguna fantasía
se forma con imágenes
ajenas a la expresa
función de los sentidos.

Dirime la abstracción
mental de los impulsos
captados del sentir
grabar en la memoria
lo práctico al obrar,
sumiendo en la inconsciencia
lo fútil  y banal.

La niebla en las ideas
ofusca discernir
los lindes que al pasivo
consciente le provocan
los actos espontáneos
que el nervio inconsciente
se apremia a responder.

Achaca sensaciones
el cuerpo interpelado
del pulso padecido
reflejas en el ánimo,
pasivas en la mente,
ajenas al consciente
juzgar del intelecto.
 

IV

Carácter significa
arraigo natural,
señal indefectible,
manera de llevar,
genética heredada,
talante personal,
especificación.

Sestea la consciencia
al tiempo de nacer
con ojo entreabierto
sensible al rededor
que actúa sobre sí
de modo incomprensible
con tiento y agasajo.

Sin bien saber por qué
un día la conciencia
despierta distinguiendo
el gusto y la razón,
la dicha y el dolor,
ser dueña o prisionera
de lo determinado.

El don del cuerpo alcanza
el fin satisfaciendo
su instinto diminutos
corpúsculos que le hacen
capaz de un movimiento
somático y autónomo
armónico y mediato.

Las fobias son el rastro
que deja la substancia
del odio al adverso
sentir de las ocultas
partículas vivientes
que pueblan los rincones
oscuros al consciente.

La pugna del instinto
subyace en el carácter
tratando por cadencia
fijar su autoridad
en la ira que connota
las merma reflexiva
del vano veredicto.

Pasión de causa ignota
que arrastra quebrantando
el lógico saber
que sigue al intelecto,
espectro de verdad,
revés del recto juicio,
tirana desventura.
 

V

Robar la consciencia,
la psique personal,
dejando desalmado,
autómata, el ínclito
poder de otro sujeto
anhelo es desde siempre,
factible en el ahora.

Hipnóticos poderes
relajan la atadura
del cuerpo y el espíritu
para hacer servidumbre
del acto material
durmiendo el intelecto
dominando el sentir.

Consciente de observar
los vínculos magnéticos
del haz de la cerviz
admite la conciencia
actuar la sugestión
capaz de generar
reflejos inconscientes.

Visado del sujeto
salir de los enredos
que apresan los afectos
sométese audaz
al rito del hipnólogo,
a la autosugestión,
al trance de inconsciencia.

Hay almas con dos mentes
que alternan voluntades,
disocian pensamientos,
cegando la real
conciencia una inconsciencia
fugaz, hueca, distópica,
de afán superlativo.

Sonámbulo en la noche
se viven aventuras
ficticias desancladas
la mente y la conciencia,
librado lo instintivo
de toda turbación
de toda frustración.

El mal que al ser acecha
quebrando su salud
obtiene radical
victoria en la parálisis
nerviosa cataléptica
que abate sensaciones
y sume en la inconsciencia.
 

VI

Atajos al pesar
procura la conciencia
herida que contempla
el roto entre el pensar
el rumbo del destino
posible y el amarre
al lastre de la vida.

El rastro percibido
del sueño alentador
quisiera atesorar
la mente en rebeldía
tejiendo fantasías
que al ánimo engatusen
en merma del dolor.

La droga modifica
enlaces neuronales
y así sentir placer
placebo, irreales
figuras, sensaciones
que animan y fenecen
cesando sus efectos.

Impávido inconsciente
señuelo de intangibles
deleites, accesos
de humor incontrolado,
canasta de enrevesadas
figuras liberadas
de estilo de conducta.

Efecto alucinógeno
que incierto despertar
depara retornando
la mente a la consciencia
del rito existencial
origen de la angustia
que induce a la evasión.

La red con que retiene
la droga es invisible
al ojo adormecido,
al tiento pusilánime,
al juicio amodorrado,
la aprecia la conciencia
ajena a la imprudencia.

Pasión de las potencias
que inducen a la fuga
del orbe establecido,
vagando en la ilusión
de un mundo inconsistente,
etéreo, de ensueños
vacíos de verdad.
 

VII

Activa razonar
el rayo que acomoda
la forma a la verdad
real que representa
la idea concebida
del pálpito de vida
acervo del pensar.

La luz de la consciencia
innata configura
memoria de la imagen
fugaz acontecida
soporte de un mensaje
que arrima conmociones
de gozo o aflicción.

La sombra subjetiva,
fantástica, ficticia,
que aporta la inconsciencia
perdura lo que el sueño,
la psique enajenada
o el fármaco narcótico
dominan la sustancia.

A veces repentinos
vahídos origina
la mente procurando
instantes de tiniebla
en que restablecerse
de un duro acontecer
caído en la razón.

La estela que perdura
de todo subconsciente
trajina desazones
de duda existencial,
posando en el espíritu
umbría al razonar,
ambiguas certidumbres.

La cara del consciente,
la cruz del inconsciente
conviven oponiendo
querencias para el alma
distantes en el ser
que hermana imaginando
de la única memoria.

Sustenta la consciencia
la vida responsable
posible de ofrecer
a buena voluntad
respuestas adecuadas,
propuestas creativas
de realización.
 
 

F I N