Cárcel sin rejas

JORGE BOTELLA

 
I

Laberinto de opacos escapes
transparentes al vuelo del sueño,
a la imagen del dulce recuerdo
memorando la savia vital.

Corredor de confuso destino,
invisible sendero de hacer
agotada la audacia pretérita
que incitaba pasiones de ser.

El consuelo exterior a la piel
que en la noche las luces remarcan
intención de tomarlo cautiva
escapando del cuerpo claustral.

Del allá del sentido extraviado
aplicarse a tejer de repente
una red de ilusorias imágenes
paraíso de tropos festivos.

Espejismo del mundo real
imposible de ser sostenido
por el hilo de vida que yace
entregado al proceso letal.
 

II

Resiliencia del alma animando
la sanción que el cuerpo se impone:
desertar de sentir en futuro
improvistos impulsos de actor.

Calendario de fechas tachadas,
rutinarias jornadas vencidas
en la inercia del culto cumplido
a la vida obligada de hacer.

Servidumbre de ser material,
reductible, deleznable, mortal,
aflojados los nudos que ligan
los enlaces del don y la acción.

Desencanto de haber consumado
el espacio propicio de obrar,
accedido el decurso del tiempo
a traición, inaudible, en sombra.

Artificios que inculpan al arte
de morir a intervalos, semana
a semana, segmento a segmento,
laminando el derecho a vivir.
 

III

Nebulosa visión en los ojos,
reverbero acuciante al oído,
penetrante dolor de los huesos,
anhelándose fuera de sí.

De la piel escapó la tersura,
la agudeza voló del ingenio,
sosegada la voz que imponía,
arrugado el carácter que ardía.

Apegados al suelo los pasos
que transitan quejosos el círculo
residual de la sala interior
ahorrando el esfuerzo a emplear.

El jadeo del aire a exhalar,
travesando los bronquios quejosos,
en la ruina avenida presiente
el despojo del hito vital.

Evasión reiterada en el lecho
apacible que doma el dolor
importuno de un cuerpo incapaz
de portar su osamenta de pie.
 

IV

Imposibles pretéritos sueños
reconstruyen un rastro que fue
ilusión incompleta de afán,
escondite de fugas discretas.

Estandarte prendido del pecho
permanece en la insignia de plata
que en su hoy negrecida apariencia
acredita que el mito existió.

Que en los juegos un día se fue
atrevida en las trampas ingenuas,
en el reto imperfecto de dar
pertinente esperanza de amor.

Revivir el pasado en la mente
que inconsciente el pálpito aloja
como alivio de ensueño al vacío
envolvente que tiende la noche.

Se quisiera volver a escribir
tarjetones de gratas noticias
mensajeros de falsa verdad
trabucando la impar soledad.
 

V

Aposento escrutado en sus caras
por la misma monótona visión
que provoca la estancia constante
en las horas, los días, los meses...

Olvidada la cuenta de fechas
onomásticas, cunde el parón
del transcurso del tiempo que impone
el tictac del reloj ignorado.

Admitir el sustento de vida
doblegando la ausencia de gusto,
paladar revulsivo a la ingesta,
apetencia torcida de estar.

Impulsivo rechazo a la voz
que consuelo irreal preconiza
ignorado el estado doliente
que deplora el efluvio del ánimo.

Restricción progresiva al dominio
cervical que los músculos doma
para asir los objetos preciados
y el lugar anhelado alcanzar.
 

VI

Desolado contempla el espíritu
naufragar el navío en que va
transitando el océano azul
de la humana sin par existencia.

Carecer de substancia pasible
al rigor de la ley natural
que envejece y doblega el objeto
temporal, perpetúa su favor.

Diligente factor escondido
del proceso mental creativo
de la cuna a la extrema existencia
que culmina el curso social.

Relator de las vanas pasiones
pretenciosas que embaucan volubles
atracciones del gozo inmanente
al sentir de los seres sensibles.

Absoluto sujeto del acto
reflexivo que orienta la clave
racional en que está la moral
responsable del próbido obrar.
 

VII

Imposible de hacer los trayectos
habituales del diario ambular
cuando el cuerpo tiraba del alma
a destinos amables de estar.

Se resisten ahora las fuerzas
flaqueadas a todo trajín
que la mente atrevida propone
reduciendo a prisión al espíritu.

Libertad limitada en el ir
y venir al antojo intuitivo
tras lo mucho que queda por ver
y aprender del compás de la vida.

Reprimidas mociones del ánimo
por la fuerza extraviada a emplear
desbaratan genuinas venturas
de la agenda ideal por cumplir

Oportunas vivencias perdidas
que el carácter hubiera querido
añadir al historial de destrezas
envejecen la estima de sí.
 

VIII

Confusión del concepto a pensar
adolece quebranto del juicio
racional aviejando el cerebro
la escasa provisión celular.

El caduco derecho a medrar,
por la ley natural implantado,
establece en los órganos vivos
el lesivo aquejar fisiológico.

Al intuir el espíritu atónito
el quebranto de acción corporal
compadece la ruta indicial
de un futuro de parca existencia.

Emociones mermadas de gloria,
perspectivas de nula ventura,
regresiva afición al servicio,
vanidad compasiva de sí.

Compostura aparente de ser
trascendente procura arropar
la razón figurando el valor
amasado en periodo anterior.
 

IX

Melancólica advierte la esencia
inmortal el desgaste del ser
material, compañero de acción,
en el rumbo a través de la vida.

Insegura atención del sentido
observando lo nuevo por ver,
perezoso el oído a escuchar
confidencias de amor anheladas.

Deficientes respuestas al ánimo
que impulsó la ventura a lograr
en el tiempo pasado a la par
por el fin a alcanzar en concordia.

Como sombra, el alma impulsó
la constante actuación de los miembros,
permanentes empeños del juicio,
objetivos de inmenso valor.

El transcurso del tiempo forjó
la experiencia del hábito a obrar,
conformó el saber indeleble,
y en olvido lo efímero dio.
 

X

Percibido sufría la mente
el declive que abraza el final
de la senda biológica que ha
de mudar a los seres compuestos.

Ignoraba no obstante el proceso
de ruptura total de la unión
sustancial que sostiene la psique
del inicio a la muerte del ser.

Misteriosos designios esconden
la pasión conceptual de saberse
soberana en el destino afín
y vasalla del rito del tiempo.

El momento y lo eterno conjugan
el embrujo esencial del urdir
concedido a la humana existencia
con presente caduco y perpetuo.

Habilísima el alma no ignora
el legado  prestado de un cuerpo
esforzado en cumplir como medio
la intuición de progreso vital.
 

XI

Del ayer la nostalgia domina
la razón si el presente no aporta
sugerencias de obrar complacientes
para el ánimo falto de paz.

El castillo abatido del yo
personal se enaltece dorando
el baluarte eficiente del éxito
obtenido en la pugna leal.

Resucitan recuerdos perdidos
del vigor de la lucha anterior
como prenda en presente del ser
competente en amar y ayudar.

Como en juego, atrae la mente
lo pretérito al rol de lo actual
concediendo al espectro fantasma
oportuna vivencia irreal.

Ilusorias secuencias supliendo
imposibles anhelos actuales
con vendettas de haber generado
regocijos de envidias mezquinas.
 

XII

Inmortal, el espíritu advierte
la derrota letal de los cuerpos,
armadura esencial de la estancia
trascendente del propio existir.

Compadece la fuga de fuerzas
que otro tiempo impelieron los éxitos
en la pugna del mérito que honra
la silente actitud de servir.

La conciencia del útil dominio
intuitivo del genio encubierto
generando la libre elección
desentraña su faz creativa.

Reflexión imposible de hacer
decaído el arrojo mental
decaídas las ganas de ser
de quien vive acuciado a partir.

Entelequia entre dos existencias
dominantes del fin, pretensiosas
cada cual de la causa eficiente
y el efecto tangible y real.
 

XIII

Tras la muerte que el cuerpo devora,
anulado el sostén material,
el espíritu el orbe abandona
con el rédito fiel sustanciado.

Las páginas del libro arbitrado
contendrán la verdad del afán
caprichoso y del peso del mérito
atribuible a la libre intención.

Ruborizan borrones y tachas
la impecable memoria que el alma
deseara portar al allá
del confín del espacio, del tiempo.

El recuerdo en el mundo refleja
el carácter, la imagen, la huella
transferida del ser material,
el acervo de haber existido.

Un legado imperdible subyace
conformando en continuo presente
el valor en conciencia del alma
amansando el encaje del duplo.
 
 

F I N